sábado, 24 de febrero de 2018

Aferrada

Me gusta vivir intensamente, me encanta ver series todo un día en la cama aún sin bañarme, me encanta leer, me encanta ver qué mamá está de viaje y extrañarla, porque me gusta esa sensación de reencuentro, abrazarla, darle un beso y que me cuente cómo la pasó, y escucharla con atención, me gusta oír su voz cuando no la he escuchado por varios días, me gusta irme lejos y viajar con gente querida, disfrutarlos, pero también me gusta viajar sola y descubrirme nuevamente. Me gusta estar tiempos de intensidad con alguien que amo, hablar todo el tiempo, pasar tiempo de calidad disfrutar de las tonterías y de la compañía. Pero cuando estoy sola disfruto hacerlo, ya no me afano porque un plan se hace o se cancela, aún me da mal genio que me cancelen, pero ya no me afano.

He aprendido a disfrutar cada momento, los cercanos y los lejanos, los que están y los que se han ido, y miro al pasado no con nostalgia sino con agradecimiento, por eso creo que no hay una mejor etapa en la vida, todas son mejores, lo que pasa es que no las disfrutamos porque estamos pensando en el futuro que queremos y aún no tenemos o en lo que tenemos y podemos perder.

Me ha costado años aprender esta lección, porque si me dieran a elegir, elegiría los momentos de intensidad con la gente, de estar todo el tiempo y a toda hora, pero los múltiples cambios de la vida ha hecho que sepa que no debo aferrarme sino sacar el provecho máximo de cada situación, persona, cariño, me lo gozo con emociones profundas, para al final recordar en medio de las cosas que me dejan esos tiempos que fueron buenos tiempos, con o sin lágrimas que pude disfrutar y que ya se fueron y si no aproveché fui yo quien perdí.

Me aferraba mucho, a emociones, a personas, a ideales, a regalos, a todo me aferraba, al pelo corto al pelo largo, hasta que por fin comprendí que tenemos una corta vida para aferrarnos, la gente que me rodeaba ya no es tan cercana porque se casaron, viajaron o su dinámica de vida cambio, deje de lado mi título profesional porque no lo gozaba y no me daba para vivir, deje mi casa materna, deje de demandar cosas a las personas, y todo esto estuvo bien, para ir ligera en la vida, para entender que todo tiene su tiempo, y que todo es vanidad como este blog, deje de aferrarme a lo bueno o lo viejo para ir a lo nuevo y a lo mejor.

La última vez que me aferré fue a una promesa de amort no de un hombre hacia mi, sino de lo creo Dios me dijo pero ya no podía seguir aferrada a eso, solo me lastimaba, así que decidí soltarlo, no porque una promesa no pueda ser cumplida sino porque si me aferro a las promesas en lugar a Dios quien me la prometió me iba a perder y casi que lo hago, así que decidí no volver a aferrarme, sino disfrutar cada etapa de mi vida, disfruto el estar a solas porque ya sé que nunca estoy sola pero disfrutaré de la compañía porque quien me acompaña en esos momentos de estar a solas seguirá estando ahí.
No me aferro al pasado, a la gente, a las cosas sino me aferro a él Dios que me creo que qué tiene los mejores planes para mi, donde hará duradero lo que tenga que durar y donde los planes pasajeros se escaparan para lo que va más allá, lo que va hasta la eternidad.

Me aferro a amar, lo hagan o no, a servir, a soñar, pero a no más seguir llevando cargas que no puedo llevar, sino a descansar sabiendo que si hago todo conforme al plan, no es que se dé el plan pero sí que todo se dará bien.


martes, 23 de enero de 2018

Amar las cicatrices

Tengo cicatrices, y me gustan , me recuerdan las cirugías y esa etapa de mi vida, me recuerdan lo vivido y como lo viví. De vez en cuando me siento y miro mis rodillas lastimadas porque cuando pequeña solía caerme mucho y una, tras otra vez, se raspaban las rodillas y me dejaban buenas marcas, y ahora las veo y recuerdo esos momentos con una sonrisa en mis labios, me recuerdan lo feliz que era corriendo y esa deliciosa sensación de volar mientras lo hacia, así que las veo y me llenan de alegría.

No solía pasarme mucho eso con las cicatrices, físicas, y mucho menos con las emocionales, crecí con muchos faltantes , papá y mamá, no estaban en casa, no pretendo que piensen que eran malos padres, y los amo con todo mi corazón pero esa fue mi niñez, recuerdo una vez que estaba sola en casa y tenia mucha hambre, frite un par de salchichas y para que mamá al llegar a casa no encontrara la evidencia guarde el aceite caliente y me cayó en todo el antebrazo, la quemada fue dura y corrí a la casa de los vecinos y ellos pusieron papaya en mi brazo, eso alivio el dolor del momento pero no mi angustia de tener un brazo ahora maltratado, así que no quería tener cicatrices, bastante triste era con que en el colegio y en el barrio los niños me dijeran en mi cara que no era hermosa y más adelante que me parecía a Betty, la fea, así que odiaba cada cicatriz, y con el tiempo note que algunas cicatrices las del corazón seguían siendo heridas, que olían mal. Y esas las odiaba más.

Una herida era la soledad, llegaba a casa y al no encontrar a nadie, comer sola, hacer tareas sola, por un tiempo porque mamá se enfermo, inventaba ser una persona grande con responsabilidades, pero la solución nunca estuvo ahí en inventar un mundo paralelo, sino en una clase que escuche cuando pequeña, por primera vez, que vino a sanar esa herida y que ha sido base en mi vida, y fue "Aunque padre y madre te abandonaren con todo Dios te recogerá" eso fue clave para empezar a sanar la soledad, pensaba en que Dios no me iba a dejar cuando tuviera hambre, frió, o me sucediera cualquier cosa, es más no me iba a dejar aunque yo le fallara. Una vez, después de que la rodilla se me lastimara por jugar fútbol, estaba sola en casa, se fue la luz, y yo lloraba del dolor y por aquella situación donde no tenia consuelo, fue de las experiencias más impresionantes que he tenido con Dios, yo  no me sentía nada bien para que Dios se fijara en mi, pero ahí estaba y en mi interior sentí una voz que me decía que esa misma soledad él la había sentido, que no estaba sola y que así mismo podría hacerlo saber a otros, que la soledad puede ser una herida pero puede llegar a ser una cicatriz que solo estará ahí para recordar que aunque estemos solos o nos sintamos de esa manera, él mismo Dios sintió lo mismo y es una gran oportunidad para conocer ese corazón, aquel que se fija en el que nadie se fija y ama al que nadie ama.

Recientemente la soledad toco la puerta de mi vida, una vez más,  ahora que vivo sola eso sonara un poco hasta cómico, pero en realidad los vacíos o la ansiedad se habían ido, pero tocaron la puerta cuando una vez más estuve lastimada, mi corazón se quebró porque fui rechazada, y así tal cual como en la niñez, recordé que después de ciertos golpes uno no puede cumplir ciertos sueños, y recordé ese dolor profundo, pero fue la mejor y más grande oportunidad de volver a conocer el corazón de Dios, una vez más él seco mis lágrimas, cuando caían en la almohada de mi cama, o caminaba conmigo en las noches oscuras al llegar a casa, o literal sentía que al llegar a casa, no era una casa sino mi hogar porque ahí Dios estaba esperándome, pude conocer un amor dulce, como cuando uno come su golosina favorita, el amor fresco como cuando tiene uno sed y llega agua fría y baja por la garganta, pude ver a un Jesús que fue abandonado por sus amigos, uno a uno se fueron y le marcaron el corazón en su más duro momento, y ahí vi mis cicatrices que no son nada comparadas con las que hoy él tiene en sus manos que me recuerdan su amor por mi, al morir en la cruz para que ya nada nos separara, para que a pesar de mis propias cicatrices yo pudiera saber que él ya había recorrido el camino de la tristeza, la soledad, el rechazo y ahí ame mis cicatrices, porque en la sanidad de mis heridas he conocido la intimidad del corazón de Dios, cada herida que él no quería que yo tuviera, he podido usarla para conocerlo más y con eso amarlo más.

Y hoy escribo este texto porque no hay sensación más hermosa que ver las marcas de nuestro corazón sanadas, pero también porque sé que allá afuera en algún  lugar, en algún país, hay alguien que está realmente solo, que está pasando por situaciones que no se pueden controlar, donde nadie puede ayudar, pero donde hay esperanza y es porque en esas situaciones se puede conocer la intimidad del corazón de Dios, él puede sanar y aún cambiar cada situación, quizá no como esperamos pero sí de la mejor forma en la que pueden salir las cosas para nosotros, por eso permitir que Dios entre en cada herida es dejar cicatrices que nos recordaran que Dios está y sigue estando ahí para cada uno de nosotros, no importa cual, o cuan profundo sea el dolor.

viernes, 29 de diciembre de 2017

Máquina del tiempo

Todos tenemos nuestra máquina del tiempo, ya sea para ir al futuro y soñar cosas, o volver al pasado y sentir que se está ahí en ese momento que ya se vivió, sé que suena redundante pero es para hacer énfasis en esas sensaciones que nos trae algo. Mi máquina del tiempo en definitiva es la música, por eso vivo autocensuradome con la misma. Porque hay lugares, o personas a las que no quiero regresar. E infortunadamente dejo de oír canciones excelentes solo porque me traen a memoria gente y lugares.

Lo difícil es ir por ahí mirando las redes sociales y la gente publicando canciones que te recuerdan gente. Lo difícil es que los vecinos pongan esas canciones que no querías volver a oír y es que el cerebro juega a veces malas pasadas, escuchas solo una parte y ya todo el día andas con la canción, el recuerdo y la sensación en la cabeza.

En estos días estuve en una boda y no sé porque pusieron la canción “Macarena” mientras todo el mundo se sentía en el colegio o la universidad yo me transporte a un cumpleaños al que me invitaron en la universidad, mientras sonaba esa canción en aquella época yo veía desde una mesa como todo el mundo bailaba y se reían pero yo estaba vacía y sola y no entendía que hacía ahí, recuerdo que me despedí de la gente y salí a buscar transporte a mi casa, y me fui pensando en porque yo no lograba estar así con una sonrisa y hacer una coreografía sencilla. Me sentí diferente, vacía, sola, y al mirar la oscuridad propia de la noche Bogotana en pleno centro de la ciudad me dije que mi lugar no estaba ahí en una fiesta, sino en otro lugar, donde me pudiera sentir amada y sin temor a la soledad.

Y así fue hoy muchos años después encontré mi lugar, ya no me llena de ansiedad el futuro o la soledad que se va adquiriendo en la medida que la gente comienza a crecer, trabajar y diseñar su propia familia, ese día cuando escuche esa canción me fui a un lado del salón en que nos encontrábamos y recordé que hace no muchos años estaba triste y vacía pero ya no. Y hasta me mire en un espejo de un baño y sonreí por recordar ese momento donde me fui sola de un lugar pero que hoy ya no iba a sentirme igual.

Esa es mi máquina del tiempo que sin intensiones o quizás sí a veces viene y me recuerda cosas, pero en definitiva este blog y las fotos que tomo son mi máquina del tiempo obligatorias para no olvidarme de donde he venido, que he construido y hacia donde voy, venia de ser nadie, de tener vacíos profundos, de abusos que ocultaban los talentos que tenía y podría explotar, he construido el ser la mejor versión de mi misma y voy hacia más cosas de las que aún he soñado. Todo porque Dios ha estado en cada espacio de mi camino, él me vio en aquel cumpleaños de universidad al que me invitaron donde sonaba esa canción y me vio en esta boda donde recordé que nunca más estoy sola sino que Dios siempre ha estado y ha llenado cada espacio y cada necesidad de mi vida. Por eso me obligo a subir de vez en cuando en esas maquinas del tiempo para no desenfocarme para mirar no con nostalgia el pasado sino con aún mayor esperanza porque sí Dios me saco de una fría y oscura noche Bogotana en la que no me sentía amada sé que podrá llevarme a lugares como a donde viaje este año y pude ver que siempre él ha estado ahí y que tiene los mejores planes para mi.

miércoles, 20 de diciembre de 2017

Casi que me pierdo

Por distintos motivos soy arriesgada, la forma en la que viví la niñez ya que mis padres no estaban en casa, debía aprender a hacer ciertas cosas sola, desde muy pequeña aprendí a subirme en un bus, o colectivo, o simplemente caminar desde la casa al colegio y viceversa, así que salir a la calle no me daba miedo, y con el paso de los años vi el riesgo como una manera también de alcanzar los sueños. Pero soy también arriesgada por mi forma de ser, me gusta conocer, no me gusta quedarme quieta mucho tiempo, pero siempre racionalizo las cosas, logro ver el costo que puede tener algo y ahí tomo la decisión de arriesgarme. 



Por eso decidí conocer a alguien que no me correspondió y termine un poco en el lado oscuro, olvide lo que había pensado al principio pero casi que me pierdo porque al arriesgar se me olvidó que el riesgo no implica ganar sino que se puede hacerlo y también se puede perder. Es decir no es una victoria asegurada.

Y perdí, y eso hizo que el fracaso inundara mi corazón, que opacara , quien soy y en quien he llegado a ser hasta el día de hoy.
Casi que me pierdo no porque arriesgará sino porque en el proceso se me estaba olvidado como al pueblo de Israel, quien había estado ahí desde mi inicio, se me estaba olvidando las muchas cosas que he recibido, la preciosa gente que Dios me ha dejado conocer y con quien he podido compartir, casi que me pierdo porque esto me había hecho pensar como en antiguas experiencias de mi vida que no tenía valor, cuando el valor que cada persona tiene no tiene que ver con la aprobación que nos den en las relaciones, en la sociedad, sino tiene que ver con quien somos, como fuimos diseñados y como hemos sido amados por Dios. 

Casi que me pierdo dice una canción de reggae que me gusta mucho y me hizo pensar en eso en todo lo bueno que Dios ha hecho por mi, en que no tengo porque estar sin sentido en la vida o infeliz porque tome un riesgo y perdí sino que es una excelente oportunidad para seguir sacando lo mejor de mi, trabajando en mis errores y sobre todo volver a ver qué Dios siempre tiene nuevas y mejores oportunidades para mi vida, así que si mi querido lector o lectora si usted también perdió este año es una nueva oportunidad para acercase al padre bueno Dios y dejar que él le lleve a una mejor versión de usted. Así como hoy se que él lo está haciendo conmigo.


miércoles, 18 de octubre de 2017

30 años

Como bien saben, estoy por cumplir 30 años, y como saben bien los que han compartido conmigo soy intensa con los cumpleaños, no sólo los propios sino de la gente querida. 

La cosa es que para mí 30 años son una cosa extremadamente sorprendente, porque se supone es una edad donde se entra a ser adulto, donde se han logrado ciertas cosas y donde se eligen muchos caminos hacia el futuro. 
Yo estoy sorprendida porque nunca pensé llegar a esta edad, cuando me decían que como me veía en cinco o diez años la verdad es que no alcanzaba a dimensionar sino hasta los 25, imaginaba  una carrera profesional, un trabajo medianamente cómodo, y ni eso, la visión no daba, la verdad es que mis ánimos de vida eran pocos, luche muchos años con las ganas de no vivir, es decir según yo, viviría máximo hasta los 25. Así que llegar a esta edad es demasiado impresionante para mí, porque  todo cuánto tengo y he hecho, lo debo a Dios, muchos años la idea de muerte rondo mi vida, y vivir tanto tiempo de verdad que me asombra, hoy vi una película que decía que viviéramos cada día como si fuera el último de nuestra vida, pero en realidad eso no es posible, he escuchado esa frase desde muy pequeña, y como soy tan literal, me digo si fuera el último día de mi vida, estaría en una playa, tocando guitarra, comiendo y rodeada de los que más amo, y como lo que supongo que quiere decir la frase es que vivamos al máximo eso siempre he hecho, no me he negado a divertirme sanamente, trabajar duro, planear cosas y llevarlas a cabo, amar sin guardarme nada para el final, llorar como una Magdalena, y así sigue la lista. 
Pero lo que quiero decir es que a pesar de mis faltas, de mis faltantes, de lo mucho que me falta por mejorar, me siento feliz de donde estoy hoy, me he convertido en una mujer a quien admiro, soy honesta, fiel, leal, trabajadora, quizás muy soñadora y utópica, pero siempre con la frente en alto con temores pero con valentía hacia el futuro que desconozco, no porque sea una dura sino porque hace mucho encontré la clave para el sentido de mi vida y fue saber que Dios está, que me amo, que me rescato de una vida de muerte a mis espaldas, que tiene el control de cada cosa y quien me prometió no una vida sin dolor sino una vida donde ya nunca más estaría sola sino que estaría siempre con él. Eso me satisface completamente. 
A decir verdad, estando a punto de cumplir 30 años, he recordado mi vida como quien ve una película, recordé mi niñez, las veces que me frustre, la lesión de la rodilla, el concepto de amistad tan elevado que tengo, el milagro que creo que es el amort, porque como no ha de ser un milagro encontrar en el camino alguien que vaya para el mismo destino pero que además te admire y admires, y que compartas toda tu vida lo que fue y ha de venir, así que ¿cómo no va a ser un milagro?, recordé mis malas decisiones, las malas elecciones, las veces de soledad, la sanidad que Dios ha traído, recordé quienes han pasado por mi vida y los que ya no están, los que anhelo se quedaran por siempre, todo para darme cuenta que no sé que traigan los años pero al retomar este blog quiero recordar que cada año, cada día de mi vida ha sido un precioso regalo que no quiero desperdiciar sino disfrutar al máximo, sabiendo que mi destino no es pasar por esta tierra haciendo historia sino cambiando historias de vida tal cual como Dios lo ha hecho conmigo. Así que celebró con gratitud estos preciosos 30 años que he vivido porque espero seguir caminado y aunque parezca tambalear, con la firme convicción que Dios siempre estará para trazar los nuevos caminos. 

sábado, 23 de septiembre de 2017

Tiempo

Me encantan las series que tienen que ver con los viajes en el tiempo, ir al pasado, al futuro, regresar al presente y ver todo vuelto una nada, y ese tipo de tramas, me fascina, que me cuenten la historia desde otro loco punto de vista, me encanta imaginar que soy uno de esos personajes de esas series, me siento a ver un capitulo y quiero seguir para vivir una nueva aventura, me gusta imaginar que me visto con la ropa típica de la época, disfruto ver esos programas, soy una héroe en ellos, una damisela que se enamora de un gran tipo, y así, como quien dice mi imaginación  allá se desborda. 

Pero la razón real por la que me encantan, no es que me escape del mundo real, que salga de la "matrix", o de las vivencias diarias, sino porque me gusta creer que tal cual como en esas series, puedo tomar decisiones que cambiaran mi vida y la de otros, no puedo controlar lo que me paso, o lo que le paso a la historia, de mi país, o de mi familia, incluso a mi propia historia, pero si puedo tomar buenas decisiones día a día que me llevaran a un futuro distinto, no digo mejor, porque depende ese termino "mejor" de cada persona pero si distinto. 

Hace poco cruce por una de esas crisis por las que creo yo, todos solemos pasar y es preguntarnos, quien somos, hacia donde vamos, y que sigue en adelante, siempre afanados por lo que sera, o aquello que queremos lograr, o también medimos nuestros frutos, sí lo que hemos hecho vale la pena y  ese tipo de cosas, si usted es como yo en esto, puede que siga leyendo este texto, sino, no se lo recomienda ni el doctor, ni mami, y es que esas crisis son buenas porque nos hacen volver a reinventarnos, volver a ver quienes fuimos y hacia donde queremos ir, es como retomar la brújula y volver a tomar el timón después de un largo viaje en barco donde solo vemos, mar y más mar. 



Algunos le temen a pensar estas cosas, en tener tiempos a solas para conocerse, para reconocer quien se fue y quien sé es ahora, y por qué no evaluar si nos desviamos del camino que de niños empezamos a querer, pues bueno, yo me di la oportunidad de revisar el pasado, no para vivir de los recuerdos sino para evaluarme, y volver a tomar enfoque, no se imaginan pero ha sido interesante ver que muchas cosas no han cambiado, muchas oraciones no han sido contestadas, y me pregunte si algo en verdad ha cambiado y vi que yo lo he hecho, no sola, seria arrogante de mi parte pensar que he hecho esto sola, Dios en su amor abundante me ha cambiado, y ha usado personas maravillosas en ese proceso, cambie mi triste forma de ver la vida, el estilo de vida que solo me llevaría a una muerte segura y joven, es lo más posible, aunque les parezca increíble leerlo, he cambiado, he tenido muchas oraciones respondidas, y también Dios me ha permitido ayudar a otros en su propio camino, y es que es eso lo que le da sentido a mi vida, Dios y poder cambiar historias por pequeñas que se vean.

Y sin embargo me quede estancada por un tiempo en  las cosas que no cambian por más que yo cambie, pensé ¿y de eso qué? y me llene de ansiedad, esa que se siente en la panza de forma horrenda, hasta que al final volví a  alzar la mirada y recordé que Dios aún tiene eso en control y que puedo seguir adelante porque a Dios no se ha olvidado nada de eso, en donde yo no veo fruto, él ve más allá, por eso  no tengo de que afanarme, reconocí, que hay días donde quisiera entender los tiempos, el cuándo irán a pasar cosas, el cuándo cumpliré ciertos sueños, vi a otros y sus tiempos, me compare con todos y como diría a quien le debo el nombre del blog, todo eso fue fatiga, me di cuenta una vez más que los tiempos son de Dios no nuestros, que de nada sirve el afán, pero si dejar nuestras preocupaciones y nuestros tiempos en él, eso si vale toda la pena, independiente de los años que tengamos, muchos o pocos, pero no como de "Dios vera" o "Dios sabe como hace sus cosas"sino de confianza plena en él y de seguir haciendo lo que tenemos que hacer, en cada paso que tenemos que dar, por que al final uno vuelve a recordar que uno tiene importancia para Dios y él siempre cuidara de cada paso de nuestra vida. 


martes, 11 de julio de 2017

Días sin sentido (?)

Me despierto muchas veces sabiendo que hacer, y para dónde voy, otros me levanto y estoy en modo automático, preparo algo de comer, salgo corriendo a mi lugar de trabajo, saludo -buenos días- y me responden de igual manera, organizó los domicilios que hay que hacer y salgo al campo de batalla de manejar en esta loca ciudad, algunos días peleo sola, mientras muevo la cabeza de lado a lado porque algún conductor se me atravesó de mala manera, me salvó a diario de estrellarme.

Me quedo mirando a la gente en silencio desde la camioneta, mientras el semáforo me da vía libre de cruzar, veo estrelladas y motociclistas perder su vida, a veces hablo, me río y parece que lo hiciera sola, pero no me adelanto a eso, al tuétano de este texto.

Dos semanas atrás, veo una señora que presta servicios generales en una casa, la casa inmensa, una de ellas yo llevo ropa, unos trajes, supongo que para alguien que vive a diario en una oficina, pero esa señora me llama la atención, en su mirada, que es triste, me pregunta cuál es la salida más cercana a la avenida principal donde nos encontramos, le doy la indicación y ella me mira con resignación como quien está cansado de la vida y tiene que caminar unos metros más, sin pensarlo le digo rápidamente qué si desea que la acerque, me mira con alivio, se sube en la camioneta y cruzamos solo un par de palabras, yo la animó y pido que Dios la ayude en el resto del día, después me arrepiento por no hablarle de ese que me acompaña a diario en el puesto que ella acabo de ocupar, oro por ella y le digo a Dios que otro logre hacer otra cosa que yo por mi afán de hacer mi trabajo  diario no pude hacer.

Otro día estoy entregando un servicio y una señora la cual ya he visto hace tiempo me pide ayuda, para cargar cajas hasta una esquina, ella lleva mercado en esas cajas, quiero decirle que no, yo tengo otros compromisos y además mi cuerpo no me da más, pero sin pensarlo un minuto más la invito a subirse a la camioneta, empaco sus cajas en la parte de atrás y la llevó hasta su casa, quedó feliz, ella lee unos papeles que tengo en el carro que me autorecuerdan que no estoy sola, que Dios me ama y está conmigo, aprovecho esto para hablarle de Dios, y ella queda encantada no por mis palabras sino por lo que hice por ella, recién la operaron y no quería cargar con ese peso hasta su casa, al salir de allí a mi rutina, o más bien a continuar con ella tumbo una moto, no le pasó nada sin embargo el dueño me trata mal, me da algo de miedo, y algo de rabia porque hice algo bueno y luego termine siendo tratada mal, me alcanzó a imaginar que debí no ayudarle a la señora y así no terminar en un mal rato, pero luego me digo - esta es la vida que vale, la de servirle a otros- así otros estén tan interesados más en las cosas que por las personas.

Hoy fue un día intenso, madrugo a trabajar, medio saludo a mi mamá, cuando nos cruzamos, en un lugar,  por que yo estoy corriendo, hago un trámite que me roba 7 horas de mi tiempo, atrasa todo el trabajo y hace que todo se tarde, almuerzo a las 5:15 pm y en la mañana solo había tomado un tinto y una avena, me duele el cuerpo, tengo cólicos, no puedo usar un baño desde la mañana, tengo sed, pero sigo trabajando, y llegó y veo que la persona encargada de un lugar está ocupada, y decido ayudarla, aunque mis pies estén matándome, aunque mis emociones me estén diciendo que llevo días sin hablar y tomarme un café con alguien, o por lo menos tener un buen tiempo de calidad, guardo el carro y estoy tan cansada que tomó un taxi a casa, llego a casa y no tengo las llaves para entrar, me toca devolverme a pie, y ya los pies no aguantan, están maltratados porque los zapatos ya me incomodaron todo el día, pienso en la película, los niños del cielo, y recuerdo la parte final, los pies en el agua, y los pescados tocando los pies de los niños, entonces hago un pare y agradezco por mis pies y por mis zapatos, aunque este molida.

Pienso que esos días que parecen sin sentido, donde las fuerzas físicas no dan, donde no hay una charla con alguien que amas, donde todo pasa y sigue como si nada, donde llegas a casa y la casa no tiene gente, donde el silencio es abrumador, donde el ruido del tráfico y las muertes, y las peleas de la gente en la calle, y él no recibir una llamada, un saludo real, no se pueden vivir con sentido a menos que Dios este ahí, él es mi compañero, es quien da sonido a mis días, olores, me canta con los pájaros, me dice que me ama, me permite llorar en sus brazos, esta mañana fue así, mientras hablaba con él, me consintió y dijo que era su hermosa, sin eso no hubiese podido llegar al final del día, y por eso sé que esos días que parecen sin sentido, adquieren sentido en él y como lo diría esa canción de rescate, él me pasara a buscar, esta noche nos debemos una victoria más.

El susurro de Dios en la pausa

“Parar de hablar” es algo que viví recientemente. Podía hablar, sí, pero no debía hacerlo. Y fue interesante, porque el libro de Proverbios ...