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martes, 10 de septiembre de 2019

Odiaba la vida

Odiaba la vida, odiaba mi vida, no entendía porque tenía que levantarme cada mañana a vivir una vida que no había pedido, yo no había querido nacer ¿por qué me daban un regalo que no quería? y que desde mi punto de vista no era chevere, estaba obligada a vivir, despertarme, arreglarme, ir a un colegio donde era despreciada, donde tomaba sola las onces, cuando tenía, en una esquina del parque, no encajaba. Y menos cuando lo único que me parecía bello en el mundo no lo podía compartir, Dios, desde pequeña tuve experiencias con él y eso era lo que me mantenía viva, había tenido una niñez llena de dolor, no lo podía compartir con nadie, así que no quería vivir, odiaba mi vida y la familia en la que vivía, odiaba que papá se fuera y no supiéramos a donde y en la medida que crecía odiaba ser como era, no poderme mantener callada, hacer chistes y que todo el mundo me mandara callar. Odiaba tener sentimientos tan dañinos, envidia, celos, amargura, auto conmiseración, odio, rencor, soledad, por nombrar algunos.
Odiaba mi voz, porque como es tan fuerte todo mundo me escuchaba. Y por esto me regañaban, habla menos o no hables eran las palabras que solía escuchar.

Me odiaba por ser tan frágil, por no poder hablar de lo que me pasaba, por guardar secretos, ademas cuando alguna vez llegue a abrir mi corazón traicionaron mi confianza. Me lastimaron y decidí encerrarme en mi misma.

Yo no quería vivir, seguí creciendo, con tanto dolor en el corazón. Al llegar la universidad, Dios ya solo era un recuerdo de niña, alguien que no me dejó morir en medio de lo que había vivido, a nivel personal y familiar. Pero ya no había mucho de él en mi. Solo una oración pedía que si él existía me dejara morir.

Pasaba días a solas buscando una cerveza como yo no tomaba era fácil quedar en medio de una sensación relajante, y ahí salía a caminar por calles oscuras a ver si lograba quitar el sufrimiento, a ver si la muerte me encontraba. Buscaba un cigarrillo, lo cómico es que nunca aprendí a fumar.

Sin embargo una tarde ya astiada de levantarme sin propósito, estudiando una carrera que no me apasionaba, sabiendo que iba a salir de la universidad solo para seguir viviendo una falsa ilusión la que él título me daría de sentirme importante, y saber en lo profundo que ni eso me iba a dar identidad. Así que una tarde un miércoles, entre a una iglesia Cristiana, ya había entrado a muchas, y después de colgar una llamada, en la que sabía que mi corazón estaba muy destrozado porque al otro lado solo había palabras que me decían que yo era inmadura y que tenía que cambiar, yo dependía emocionalmente de cualquier persona que me mostrara algo de cariño y ahí estaba escuchando esa persona como me lastimaba.

Entonces entre a esa iglesia, sabiendo que tantas veces yo había intentado acercarme a Dios, al que creía conocer, cuando no lo conocía, solo era un buen recuerdo que ya estaba muy distante, en ese lugar solo le pedí una cosa, que como no me había dejado morir, y no me había quitado la vida, que por favor sí existía cambiara mi vida. Recuerdo las palabras fueron esas, tan cortas, y lloré mucho, no recuerdo las canciones, solo estar sentada llorando sin consuelo.

Lo que yo no sabía es que siempre había sido cuidada de la muerte porque pude haber muerto, o pude quedarme en algún vicio, o terminar muy mal, lo que menos me imaginaba es que rendirme a Dios con esas sencillas palabras cambiaría mi vida para siempre.

Empecé a asistir con regularidad a la iglesia, mirando todo, criticando todo, pensando en que un proceso, un grupo de personas o unos líderes no me podían ayudar, quién podría ayudar a una niña que cargaba con tanta suciedad encima, quién la iba a amar.

Y así poco a poco, sin mucho afán, Dios con su trato tierno me empezó a sanar, me pinto la vida de colores, y empezó a mostrarme cada cuadro de mi niñez desde los más suaves a lo más dolorosos para mi, empecé por perdonarme a mi misma, sabiendo que sí Dios me amaba un día yo llegaría a amarme como él me diseño.

Dios se tomó el tiempo para sanarme y llenarme el corazón, conocí mi verdadera identidad y también pude ver quien me quería destruir, era Satanas y yo había estado ciega pero ahora podía ver.

Hoy recuerdo, cada momento que Dios se ha tomado para sanarme, para amarme y no puedo dejar de llorar porque yo no merecía nada y había despreciado el regalo de la vida, hoy no me aferro a ella, solo la vivo como un gran regalo que no quiero despreciar, amo a Dios, y por eso puedo amar la vida que un día odie, ahora me amo y por eso puedo amar a otros, no soy más que resultado del amor de Dios, yo estaba tan vacía, tan sola y solo me quería morir pero Dios me dio vida y lo ha hecho abundantemente.




Por eso hoy puedo sonreír y aunque él sigue sanando y limpiando mi vida, hoy puedo estar tan agradecida de que él me salvara y entregara todo por mi, ahora yo busco servirle a él, aunque nunca podré pagar todo lo que ha hecho y sigue haciendo por mi, si quiero corresponder cada día a su amor.




Sé que muchos se sienten igual, aquí no cuento sino solo sentimientos y no las razones de los mismos, ni las historias detrás de ellos, pero si alguno se ha sentido así, con ganas de morir, obligado a vivir, con dolor que nadie entiende solo escribo esto para decir que Dios puede sanar, salvar y puede hacer como a mí que llegues a amar el regalo de la vida que él nos dio.

martes, 24 de abril de 2018

Momentos

A veces la vida se resume en pequeños momentos mágicos, que lo cambian todo, momentos que pasan de manera fugaz, un abrazo en un momento de gran tristeza, más bien de dolor y desamor, de esos me han dado algunos, en un estadio, en una camioneta.

Momentos como ver sonreír a los que amas, abrazarlos cuando se despiden por primera vez porque no sabes cuando más los vas a volver a ver porque se irán tan lejos y tanto tiempo para cumplir sus sueños, tomar de la mano a papá o a mamá, consentirles el rostro que ya tiene algunas arrugas, y ver en cada una de ellas un camino recorrido, valorarlos mirándolos a los ojos, sabiendo que cada día es un regalo que no puedes perder.

Momentos como sorprender a alguien y que se llenen sus ojos de lagrimas y que en su rostro dibujen una sonrisa, ver gente que amas con el corazón tomarse de la mano, darse un beso con su enamorado.

Momentos como la espera de alguien a quien ya no le puedes pedir nada, solo sabes que si das cumpliste tu tarea aunque quedes en el olvido. Momentos como ver cómo se abrazan los amigos en un estadio, ver sus rostros llenos de pasión, de alegría, momentos de llanto y gritos de felicidad.

Momentos como abrir tus ojos y ver qué todos alzan sus manos, lloran piden a Dios por algo, se encuentran con él y su vida va cambiando poco a poco, momentos donde oras por otros y ves sanidad, restauración, libertad, esos momentos son preciosos.

Momentos buenos y otros no tanto, momentos donde ves llorar a muchos por la perdida de alguien amado, dar abrazos en el momento indicado, momentos donde das todo por perdido, por más que diste hasta tu último suspiro, momentos donde corres y al final en la meta te ponen una medalla, momentos donde todos hablan y tu solo respiras y los ves a cada uno como en cámara lenta, sonríes porque sabes que no va a existir  un momento igual. Momentos como el de una cafetería donde una mujer cambio su vida a tan solo hacer una oración.

Momentos cuando pierdes la maleta de tu viaje y la puedes recuperar sabiendo que fue Dios quien te ayudo a hacerlo, momentos como el olor a café, ver un atardecer solo o en compañía, las charlas cargadas de sinceridad, de contar experiencias, de saberte escuchado y amado, no juzgado, solo amado, momentos donde cierras tus ojos y Dios te deja ver un momento de dolor y luego lo cambia todo, el abuso, la soledad, las lágrimas de amargura. 

Momentos de regalos inesperados como una muñeca pequeña de trapo, un espejo marcado con tu nombre, un snickers que aunque no te guste mucho fue respuesta a una oración, momentos como este, como el escribir este texto y saber que aunque soy joven me estoy haciendo vieja y los años se van pasando y ya no veo las cosas como antes, con afán, por eso ahora veo menos mi celular y veo los rostros de la gente, los memorizo, guardo sus sonrisas, sus besos, sus abrazos, porque sé que quizás algún día no recuerde lo valioso que es estar cerca de la gente, y no lo quiero olvidar, pero no quiero olvidar que mi mejor momento es cuando Dios me permite estar a sus pies y llorar como una pequeña, y que al salir de ese momento y ver la gente con la que comparto muy de vez en cuando es preciosa y la debo valorar, estén o ya no estén cerca. 

Escribo este texto para no olvidar que no pedí nacer pero me siento afortunada de vivir, de llorar, de ser apasionada, de amar como amo a Dios y a los otros, de ir a fondo y no a medias y no quiero olvidar con el pasar del tiempo que no merezco nada pero aun así he vivido cada uno y más pero no alcanzaría el blog para describir las sensaciones de los variados momentos que he vivido. 

Por eso quiero seguir disfrutando cada día de mi vida porque sí mañana no estoy quiero irme con la frente en alto sabiendo que ame a los que estaban a mi lado y se los demostré aun mas allá de mis propias fuerzas solo porque descubrí que el mayor amor me fue entregado para darlo a otros, sí el de Dios. 

Así que mi querido lector o lectora, que usted pueda pensar en sus momentos y dejar más al lado la tecnología solo para disfrutar de todo lo que Dios nos da a través de esta preciosa vida. 




viernes, 21 de octubre de 2016

Te veo en el cielo

Siempre me disculpo con aquellos que se que me siguen en este blog, me disculpo por no escribir tan seguido como quisiera porque en definitiva este blog ha hecho su cometido en varias personas. Han sido inspirados y han tenido unas letras de aliento en medio de su vida. A ellos gracias por leerme y disculpas por no escribir tan seguido. 

He tenido tiempos diferentes pero no era el tiempo de escribirlos, conocí a alguien que pudo ser el amort pero el renunció a esa idea. No lo lamenten, he aprendido bastante de esa historia que pudo ser y no fue. Confieso que eso me dejó sin ideas para escribir, nunca he querido que este blog sea un lugar de desahogo y mucho menos de queja, más bien un lugar para escapar y salir de nuevo al ruedo de la vida, con fuerza. 

Pero he regresado no para hablar de eso sino de la primera vez que se ha ido alguien de mi vida y la veré en el cielo. No hace mucho murió mi abuela paterna, a quien quiero y recuerdo en este momento con bastante cariño, recuerdo las idas a Moniquira cuando pequeña y hospedarme en su casa, recuerdo el tiempo que vivi con ella en nuestra casa, recuerdo la última vez que la visite en Moniquira, así la quise recordar.

En el momento que supe que ella murió entre en caos porque mi familia estaba lejos y llore bastante, pero doy gracias a Dios por las personas que él me permite tener a mi lado para recordarme el foco de mi vida, Dios, en ese momento una amiga muy querida, oro por mi y pude estar tranquila para lo que debía afrontar por aquellos días. 

Hice un viaje largo para estar al lado de papá, y estar ahí para él. A veces es solo eso lo que necesitamos en esos momentos. 

Mi abuela era cristiana de hecho ella le hablo a mi mamá de Dios y mi mamá a su vez nos mostró a Dios, así que a mi abuela le debo el poder ser feliz hoy en día. Mi abuela asistía a una iglesia en el pueblo cada domingo pero cuando los que dirigen el lugar fueron a estar con nosotros y nos hablaron de ella, me marcaron el corazón, los que me conocen un poco más saben que mi abuela sufrió de mucho dolor en los últimos años, estaba enferma pero no hallaron la razón, y sin embargo ella nunca falto a la iglesia y no dejo de levantar sus manos para hablar de lo grande y bueno que es Dios. Eso me hizo pensar en cuantas excusas a veces tenemos pero mi abuela tenía una fe hacia Dios inquebrantable, es por eso que sé que ella tendrá muchas recompensas y que nos veremos en el cielo. 

Escribo este texto entonces más para dedicarlo a aquellos que han perdido al igual que yo a un ser amado, o que han perdido la esperanza, escribo este texto para decirles que en ese tiempo de profundo dolor he podido conocer a Dios de otra manera y aunque ya lo había sentido así en varios momentos esta vez fue demasiado clave en mi vida saber que tengo a alguien siempre para mí. A Dios, a el consolador. Pude ver a Dios secando las lágrimas, abrazándome sin decirme nada, sólo dándome fuerza, pude sentir que a él le podía abrir mi corazón y entregarle cada cosa que deje de hacer o cada cosa que pude hacer con la abuela, pude llorar sin ser juzgada y más bien sintiéndome amada. 

Así que querido lector este es un texto para contarle que al igual que yo usted puede experimentar el amor de Dios, en esos momentos difíciles cuando se ha ido alguien, cuando se ha roto un sueño, cuando no entendemos los por qué ni para qué. Un Dios que promete estar cada día, cada instante y que promete consolarnos en aquellos momentos. 

Es extraño, claro, el ya lo tener a la abuela, pero tengo la seguridad que me veré con ella en el cielo y que será premiada por ser fiel y por haber dejado huella en mi mamá, en mi y ahora en aquellos a quien tengo el privilegio de compartirles el amor tan maravilloso que Dios nos da todo el tiempo. 

Les comparto la ultima foto que me tome con ella, así la recuerdo, sonriendo. 

lunes, 26 de agosto de 2013

Permanencia


Llevo pensando hace ya vario rato, que a la gente más que a la impermanencia le tiene miedo a la permanencia. Si bien sabemos que muchas cosas en la vida no permanecen, dentro de nosotros hay esa sensación o ganas de la eternidad, quizá por eso, hay tantos programas que hablan de una pose mágica para vivir eternamente, si bien son más ficción que otra cosa, los hemos visto desde Indiana Jones, hasta piratas del caribe que es lo más actual que recuerdo. Lo vemos en esos intentos porque la arruga no salga, o de quedarse en una etapa de la vida, por ejemplo comportándose como un adolescente a los 40 años.

Y sin embargo, aunque esa sensación de tener algo eterno este ahí, dentro de nosotros la gente le teme a la permanencia, no se planea la vida con alguien por mucho tiempo, y menos pensar en el matrimonio de muchos años, "eso era para antes" dicen, hay un temor por permanecer a mi modo de ver increíble. Se toman decisiones que no tenga mucho compromiso, porque es más fácil estar cambiando de trabajo cada 3 meses a verse toda la vida en una empresa, con esto no quiero decir que uno deba ser un vegetal en un lugar, sino que la gente le tiene miedo a decir cosas como tenemos una amistade que tiene ya 10 años.

A la gente le cuesta cultivar relaciones, a la primera discusión salen corriendo, "es que no nos entendimos", "es tan distinto a mi", "no tenemos nada en común", dicen, como si no se hubiese comprendido que todos somos diferentes, basta con mirar nuestras huellas para ver que no ha existido y existirá nadie con esa misma marca. Para permanecer por ejemplo en las relaciones ya sea amistade, amorosas, de trabajo o de todo tipo, como primero es entender que el otro es diferente y amar desde la diferencia eso es lo complicado, porque eso eso trae consigo negarse a uno mismo para darle al otro, y muchos no están dispuestos a eso, implica trabajo, implica carácter, implica ese ahínco que solo se logra con los años.

Mantenerse y permanecer es perder el miedo a perder, a perder uno mismo, el yo, y es que mantenerse en decisiones es bastante complejo, uno puede levantarse un día pensando que va leer muchos libros y al primer capitulo de un libro renunciar porque es que me duermo leyendo, o puede uno con ganas de cambiar, pero mejor no, porque es más fácil quedarse, ahí, quieto que hacer una versión mejor de uno mismo.

Permanecer cuesta horrores pero como bien lo dijo una mujer a quien admiro bastante este fin de semana "Lo que vale la pena no es fácil y toma tiempo". Creo que fuimos creados para la eternidad, que hay vida después de la muerte, y que por eso somos llevados a que algo permanezca pero definitivamente desde mi punto de vista lo que permanece es porque se trabajo, no porque se tuvo miedo a esa permanencia.

Yo fui de esas personas que no permanecían, y creo que aun me falta permanecer en muchas cosas y es que si algo me ha enseñado la biblia es que esta no es una carrera de velocidad sino de resistencia. Donde lo importante es permanecer en Dios para que él permanezca en mi.

*Amistade: quitarle la e, sucede que pone un link para buscar pareja, está loco el blogger.

lunes, 3 de junio de 2013

Libertad con grilletes ¡No es posible!



Imagino a personas caminando por ahí, llevando cargas invisibles. Sí,  aquellas que pregonan libertad pero en que realidad suelen ser esclavos de sus pasiones, de sus vicios, de aquello que creen que les da libertad pero en verdad el fruto es que están atados a esas cosas. Lo sé porque fui una de ellas, una quien decía ser libre pero intentaba llenar vacíos con planes, amigos, entre tantas cosas, decía tener libertad pero en el fondo solo había un mar de soledad que intentaba ser llenado con otras cosas que solo me llevaban a tener mas cadenas a mi alrededor. Y sin irnos tan lejos recuerdo que esperaba que Dios me sanara pero al mismo tiempo no dejar aquellas cosas que me hacían sentir segura. No hay posibilidad de ser libres si seguimos queriendo tener libertad y al mismo tiempo tener lo que nos ata.

Bastante difícil reconocerlo, pero vale la pena en realidad, alguna vez vi a Dios sacar la muerte, si a la huesuda que solía perseguirme desde que estaba en la panza de mamá, les parecerá un poco loco y hasta sacado de la imaginación, y a la verdad no importa, yo sé que fue real, ver huesos al lado mio, y ver que cada situación en mi vida había sido un poco en torno a esa huesuda que buscaba desaparecerme del mapa, hacer que nunca tuviera completa libertad. Pero recuerdo haber visto como eso salia, y ser formada, cada dedo, cada órgano siendo formado por la mano de Dios, quizás por eso ahora en este tiempo me identifico tanto con esta canción de Thalles Roberto.



Pretendemos libertad, pero nos gusta estar con eso que nos ata, y eso es bien incoherente pero tan real, tan próximo, lo he vivido y lo he visto en otros, aquella mujer que quiere dejar de depender de todos, pero que al mismo tiempo esta con un novio y otro solo por temor a la soledad, aquella persona que por mal que se sienta en un lugar prefiere mantenerse ahí porque sino quién la ayudara a llegar mas alto en su carrera o posición, aquel que busca identidad en cosas cuando las cosas no determinan el verdadero valor, imagino a todos aquellos que desean libertad pero en verdad tienen miedo de saltar y ya no vivir atados, tanta gana por ser libres pero tan poco de decisión para alcanzarla. Sé que es posible, lo he experimentando y he visto como otros son completamente libres, solo es cuestión de en verdad dejar que quien vino a traer vida y en abundancia entre y llene cuanto cuarto oscuro hay en nuestra vida.

El susurro de Dios en la pausa

“Parar de hablar” es algo que viví recientemente. Podía hablar, sí, pero no debía hacerlo. Y fue interesante, porque el libro de Proverbios ...