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lunes, 13 de octubre de 2025

Entre hojas que caen y promesas que florecen

Dice la Biblia: “Tiempo y ocasión acontecen a todos.”

No había tenido la oportunidad de estar en una temporada de transición, de paso de una estación a otra. Durante este viaje he sentido a Dios hablándome acerca de una nueva temporada para mi vida, que coincide con la temporada en la que está entrando la ciudad en la que me encuentro.


 

Cuando llegué, el sol brillaba maravillosamente, y ahora han comenzado a soplar vientos un tanto fríos para mí. La experiencia ha sido extraordinaria: ver cómo las hojas, poco a poco, van cambiando de verde a tonos amarillos, luego a naranjas y finalmente a cafés.

Me gusta esta nueva temporada en la que estoy entrando, por las promesas que estoy recibiendo, porque son oraciones contestadas de años. Sin embargo, no desprecio lo vivido, porque cada temporada trae su tiempo y su ocasión.



 

Deseo tomarlo todo, caminando con Dios hacia esta nueva invitación que Él me hace: si aprendí a sonreír cuando la higuera no florecía, ahora mi alegría aumentará al ver los higos florecer y las vides dar su olor.

A puertas de cumplir años, solo puedo estar agradecida con mi amado Dios, que ha sido tan fiel y tan bueno. Estoy emocionada por lo que viene. En esta semana he experimentado un rompimiento en el área del amor, porque muchas veces intenté alcanzarlo. Aunque en mi mente me repetía que no tenía que hacerlo, en mi interior seguía luchando. Ahora lo sé: mi mente ha tenido un cambio completo.


 

Abrazo esta nueva temporada, que por fin logro vivir desde el amor y no desde el temor, el miedo o el abandono.

Quizás así fue también para Jacob: luchaba por alcanzar tantas cosas en su vida, hasta que tuvo un encuentro con su Creador. Ese encuentro no solo le cambió el nombre, sino que lo transformó completamente. Me impresiona porque, en estos días, tuve una visión que no quiero olvidar. Tal como Jacob nombró el lugar donde se encontró con Dios, también yo me encontré con Él en Bethel. Pude ver el cielo abrirse y ángeles subiendo y bajando. Supe entonces que este es un nuevo tiempo, no solo porque yo lo anhelara, sino porque Él ya lo tenía escrito en Su libro. A Él le place darnos más de Sí mismo y de Su ternura.

Estoy feliz de saber que ya no viviré desde el trauma, sino que todo será usado para bendecir a otros, para mostrarles las bondades que Él ha hecho conmigo. Si lo ha hecho conmigo, también está disponible para todo aquel que quiera recibirlo.



miércoles, 10 de julio de 2024

Alfarero

Vivir con dolor es una cosa muy fuerte. Escribo esto mientras me pasan electricidad en uno de mis pies. Aquí estoy en rehabilitación tratando de vivir sin dolor sino con sanidad completa. Tristemente hay dolores que no se pueden tratar a menos que Dios obre los milagros que Él sabe hacer.

A veces pensamos que el dolor emocional es parecido, que no hay forma de quitarlo, arrancarlo, y por fin abandonarlo. Personalmente he descubierto que sí se puede vivir sin dolor emocional, en el sentido de la sanidad de la herida y no en el sentido de que nunca vayamos a volver a ser lastimados.

Por estos días pensaba mucho en esta historia maravillosa que está en Jeremías.

“Levántate y vete a casa del alfarero, y allí te haré oír mis palabras. Y descendí a casa del alfarero, y he aquí que él trabajaba sobre la rueda. Y la vasija de barro que él hacía se echó a perder en su mano; y volvió y la hizo otra vasija, según le pareció mejor hacerla.
Entonces vino a mí palabra de Jehová, diciendo: ¿No podré yo hacer de vosotros como este alfarero, oh casa de Israel? dice Jehová. He aquí que como el barro en la mano del alfarero, así sois vosotros en mi mano, oh casa de Israel.” Jeremías 18:2-6.

Y pensé mucho en esto porque de repente me encontré en una situación parecida si pudiera decir. Es como si Dios supiera que era tiempo de hablarme acerca de heridas del pasado. Entonces me llevo a su casa una vez más, a la casa del alfarero, y allí comenzó a hablarme de múltiples situaciones que había vivido, yo había intentado simplemente dejar que eso cicatrizara y seguir adelante así sin ningún proceso de limpieza y recuperación, porque hay cicatrices que han sanado con el proceso adecuado y otras que aún duelen por falta de tratamiento.

Y allí me encontraba yo, con un dolor de la boca al estómago que no lograba identificar, me pregunté ¿Qué había hecho antes para evitarlo? ¿Qué hacer para pasar la página? Intente hacer las cosas del pasado, distracción en muchas formas “sanas” sin embargo la voz suave de Dios me indicó que quería varios días para tratar con mi alma, con mi corazón, con estas heridas, en contra de Él y de otros.

Fueron días bastante difíciles, de llorar, llorar y llorar mucho. De pensar cómo cuando me hacen el masaje en el pie, por favor no más, pero recordar lo que dice Joyce Meyer: Es mejor el dolor de pasar por la sanidad que el dolor de vivir en ella.

Así que aunque quise huir mucho, le dije a Dios que está bien que estaba en sus manos así como la vasija rota en las manos del alfarero.

Hablamos horas, caminamos horas, lloramos horas, fui vulnerable con Dios por muchos días, cada recuerdo fue sacado, fue entregado a Él, no había nada de superficialidad en los temas hablados.

Fue una cirugía a corazón abierto, solo que no había anestesia, porque no había un medicamento para tomar para este dolor.

Descubrimos heridas que ni recordaba y también como eso me ha afectado en mi forma de relacionarme, descubrí porque digo ciertas frases o las veces que hago tremendo drama de ciertas situaciones.

Sin embargo el dulce Espíritu Santo estuvo ahí para darme consuelo, para abrazarme y decirme que Él sabía lo que dolía pero que mirara hacia la cruz donde aún esas heridas fueron llevadas. Y entonces el iba a restaurar, y así lo ha hecho.

La vergüenza quería tomar el control, también la culpabilidad por tantos errores cometidos, y sin embargo la cruz y su sangre seguían siendo suficientes para cubrirme.

Fueron y han sido días muy fuertes, de mucha libertad, porque también había que ser consciente que de todo esto el maligno se quería aprovechar. Pero aún en la cruz fue humillado públicamente. Fue derrotado.

Sigo en el camino de aprender del que creó las relaciones, del que me amo tanto y me acepto tanto, que sabe que soy barro, que soy una vasija rota en sus manos, y que su deseo es sanarme para seguir haciendo su obra en mi.

Yo le dije que era más fácil volver a aislarse o no luchar por las relaciones y Él me mostró la imagen de Jesús buscando a Pedro, haciéndole pescado y diciéndole ¿me amas? ¿Me quieres? Y esa imagen me trasformó, nuestro Jesús no nos necesita, y sin embargo nos busca y desea que nos relacionemos así con los otros, que los amemos tal cual nos ama Él, no menos, no más, solo como Él lo hace, fiel, leal, incondicional.

No sé que viene hacia el futuro sólo sé que ha sido un tiempo profundo en el cual estoy creciendo y que espero seguir creciendo en especial con personas que Dios nos deja amar profundamente.

Obvio es más fácil vivir solos pero fuimos creados para conexión profunda con Él y con otros, espero los otros también me permitan estar ahí para seguir yendo al alfarero y un día reírnos de lo duro que fue pero lo sanador que también lo es.

Cómo me dijo alguien a quien considero un tesoro y quien espero me deje seguir construyendo: “Si queremos llegar rápido estar solos, pero si queremos llegar más lejos estar acompañados” o como lo diría la biblia "Mejor son dos que uno" que aplica para todas las relaciones y no solo el matrimonio.

Y por último me queda decir que al gran alfarero no se le va ningún dolor emocional de las manos y Él es suficiente medicina para nuestra alma, y nos ayudará en cada parte del proceso.



jueves, 28 de abril de 2022

Viviendo el milagro

 Se acerca el primer año de haber sufrido un accidente grave en bici, grave porque pude llegar a perder la vida, sin embrago, hoy casi un año después estoy viviendo el milagro. 

Sin lugar a dudas, no ha sido un tiempo fácil, aunque muchos me ven sonreír sin dientes, he pasado varios días al espejo, después de la caída, limpiando las heridas, orando porque no se caigan más dientes, llorando al cepillarme cada vez que tengo un control médico, comiendo con pitillo cuando la boca vuelve y se inflama, tapando eventualmente mi boca cuando me rio, porque siento que la gente me mira el hueco entre los dientes.

Trato de ser normal, de hacer como que nada pasa, pero a veces reviso las fotografías, y me da un poco de tristeza no tener los dientes, todo nace porque por muchos años no sonreí, los vacíos profundos, el abuso, la ruptura del matrimonio de mis padres, las relaciones quebradas familiares, el enojo guardado, las heridas sin sanar, el conocer a Dios y sentir que no hacia nada por mi, los deseos de morir, y llorar pidiendo morir, entre tantas cosas, hacían que no sonriera. 

La adolescencia, siendo juzgada por no ser como otras niñas, no tener novios para guardarme para un matrimonio, el ser juzgada por creer en un Dios que mis compañeros de colegio criticaban y adicional tener dientes grandes, sí grandes, porque para mi pequeño rostro de adolescente esos dientes eran inmensos. 

Entonces Dios me encontró y él empezó a sanarme las heridas del corazón, y empecé a sonreír con esos dientes grandes que ya no se veían así porque había crecido y ya se moldeaban a mi rostro que ya no era de niña sino de adulta. 

Sonreí a medida que Dios sanaba las heridas y esos cuadros oscuros y dolorosos mencionados anteriormente, ya me reía a carcajadas y comencé a mostrar mis dientes en las fotos, sí, antes no lo hacia, no tenia motivos para hacerlo, pero ahora encontrándome con la mirada de Dios podía sonreír. 

La gente me lo hizo notar, me decían que yo era muy alegre, que contaba buenos chistes, que me veía feliz y entonces me di cuenta que Dios me había cumplido lo que había escuchado de niña, que mi boca se llenaría de risa y mi lengua de alabanza, por fin tenia razones para vivir. 

Por eso perder mis dientes, no fue fácil, me he repetido una y otra vez, que tal vez se me quería quitar la sonrisa pero nunca la alegría de vivir, sin embargo, el dolor quiere meter todas esas promesas y esos regalos de sanidad y de vida en un cajón y olvidarlos por completo. 

Es ahí donde recuerdo que estoy viviendo un milagro y que lo que se me fue arrebatado, sea aquí o en el cielo me será recompensado, llegara el día donde no habrá más llanto, ni dolor,  por eso seguiré viviendo el milagro, que aunque nadie entiende lo que para mi significo perder una parte importante de mi cuerpo, recordare que esto me ha llevado a conocer partes de Dios que desconocía, y saber que en su cuerpo perdió partes para darlas por la mía. 

Qué mayor milagro que su cruz y su resurrección, su muerte para darme vida. 

Primera foto en la que sonreí de nuevo después del accidente


lunes, 17 de mayo de 2021

El club de la pelea

 Alguna vez vi una película titulada con el nombre que decidí darle a esta entrada, creo que no la volvería a ver, y la verdad no recuerdo mucho la trama, solo recuerdo el trauma, habían tantos golpes que los hombres terminaban con el rostro y el cuerpo hecho trizas. Así como resulto mi rostro y mi cuerpo luego de una salida a montar bici como un día normal que solía hacer ejercicio en domingo. 

Antes de que quien lea este texto lo continúe leyendo tiene que saber que todo esto por más loco, absurdo, o fuera de los cabales por efecto de la anestesia, que les pueda parecer, fue real, así lo viví, y fue aterrador y a la vez maravilloso. 

Salí un domingo a montar bici, revise la bici sin ningún inconveniente más que algo baja de aire, le puse aire y empecé mi camino a hacer tal vez según yo unos 30 o 40 km, al estar en el recorrido la llanta de adelante salió a volar, eso lo supe después, lo que recuerdo es estar escuchando una canción, y que todo paso en segundos, estaba en el suelo, con dolor en mi rostro, con sangre por donde mirara.

Se me acerco un señor, yo creo que fue Dios enviándome un Ángel, recuerdo que me dijo: "tranquila tu estas bien, a la bici se le salió la llanta de adelante", él le puso la llanta a la bici y no supe más de él. Varias personas comenzaron a acercarse, todo era borroso como lo que se vive dentro de un sueño, solo escuchaba sus voces, la gente me preguntaba que si me había estrellado con alguien o algo por el estilo, claro, la bici ya había sido acomodada, así que estaba muy confuso todo. 

Logre comunicarme con mamá sin poder hablar, alguien tomo mi celular y le conto lo que estaba sucediendo, este texto se llama el club de la pelea por la forma en que me vi ese día pero también porque creo que en ese mismo instante se inicio una pelea por mi vida. 

No me rompí la cabeza, ni me desnuque, lo cual ya era un milagro, es como si esas partes hubieran sido guardadas, estando en el suelo, llena de sangre y de dolor tan solo pude empezar a orar en mi mente, pidiéndole a Dios que me ayudara, pues este dolor físico es quizás el más difícil que he experimentado.

Solo tenia oración en mi cabeza, dolor en todo mi cuerpo, en especial mi rostro, y una canción que resonaba en mi mente, "todo lo que viene del enemigo lo trasformas para bien", desde allí comprendí que ese momento había sido algo muy difícil, pude enviar un mensaje para pedir oración y creo que fue tan importante contar con quien levanto al cielo un clamor por mi, porque mi dolor era absurdo, pero lo que experimentaba, y el saber que habían personas peleando por mi en oración me hicieron soportar aquel momento. 

Camino a urgencias, solo podía pensar en un texto que encuentro en la biblia: "A los que aman a Dios Todas las cosas ayudan a bien", ¿Cómo podría tener eso en mi mente en un momento tan difícil?, sentía los dientes del frente tanto de arriba como abajo, totalmente desplazados, y solo podía pensar en la cruz, ¿Cómo Jesús pudo experimentar tanto dolor? por eso lo llaman, varón de dolores, a eso me aferre, a pensar en él, en que él me entendía y podría ayudarme a vivir tan trágico momento para mi. 

Pensé mucho en él en mi camino a urgencias, en la sala de espera, en donde todo él que se me acercaba me miraba con pánico en los ojos, ¿Cómo se estaría viendo mi rostro para que tantas expresiones fueran de desagrado y asombro? ¿Cómo se vería el rostro de Jesús camino al Gólgota y clavado en la cruz? 

Fue un tiempo de mucho dolor, lo cual no lo voy a describir al detalle, lo que sí quiero compartir, es que el solo hecho de no haber muerto ese día, ya es un milagro, por un momento pensé que ese iba a ser mi ultimo día aquí, pero Dios una vez más como en el pasado, volvió a salvarme de la muerte, y hoy vivo para contar ese milagro. 

Como segundo milagro fue su compañía en cada momento, podrán llamarme loca pero así fue, lo sentí ahí, estando junto a mi cumpliendo su promesa que "aunque en el mundo tuviera aflicción confiara que el había vencido y había prometido estar todos los días hasta el fin".

Luego en la toma de radiografías algo maravilloso sucedió, se veía mi muñeca de la mano izquierda fracturada, y tenia dolor, los doctores estaban muy confundidos, porque una y otra vez me venia a preguntar, si alguna vez antes de esto yo había sido enyesada en esa muñeca o que si había sufrido una caída de hace años atrás, lo cual nunca ha pasado. 

Así que lo dejaron pasar un día y no podían creer que yo hubiese tenido un fractura que ya se veía sana, un medico hasta algo enojado me dijo: "es una caída que usted no recuerda", pero yo sabia que mi maestro de milagros, ya estaba obrando, él me sanó, hizo un milagro creativo en ese mismo instante, lamento que ese medico no me creyera, porque perdió la oportunidad de hablar de milagros que Dios hace aun hoy. 

Las noches que siguieron fueron completamente difíciles, me dolía todo y no lo calmaban los medicamentos, y sé que solo pude vivirlas, porque Jesús, estaba ahí, él me había dicho que bajo sus alas podía llorar y ser cobijada, así que lloraba y clamaba en mi mente y corazón, me consoló saber que Dios mismo se entrego por mi para que sí yo llegaba a pasar por algún dolor, él me podía entender y ayudar. 

Tengo una lista de música de alabanza y adoración en mi celular, eso fue lo que puse toda la noche del primer día de hospital y cada instante vivido allí, recuerdo entrar a cirugía con algo de inquietud, ¿Y sí este es mi ultimo día en la tierra? ¿Y si no puedo volver hablar? ¿Sí vivo podre seguir sirviéndole a Dios? ¿Podre seguir teniendo el privilegio de salvar vidas? pensé en lo que dejaría atrás, mi familia, mi familia dos, los amigos más cercanos, la iglesia, los discípulos, y solo le dije a Dios que hiciera su voluntad, que sí ese era mi ultimo día yo había vivido al máximo, y que estaría ya con él donde no hay muerte ni dolor.

Y al mismo tiempo sentí en mi corazón el amor que muchos me tienen y yo les tengo, y lo mucho que Dios aun tiene para mi, los planes que aun no he hecho aquí en la tierra, los sobrinos que no he conocido, la propia familia que tendré, las vidas que aun faltan por salvar. 

Solo pensaba en que cuando saliera de eso si Dios me dejaba seguiría amándolo a él y a los demás, nunca me había sentido tan vulnerable y me hubiese encantado poder decir muchos mas te quiero a los que quiero. Nunca me había sentido, tan cerca de la muerte como ese día y a la vez tan cerca de la eternidad. 

Muchos estaban orando por mi, es más tuve el privilegio de orar con mi segunda familia antes de entrar a cirugía, eso me dio paz, ellos oraban y yo solo escuchaba y asentía en mi corazón.

Salí muy rápido de cirugía, y al pasar el efecto de la anestesia, lo supe no tenia sonrisa, porque no habían dientes de arriba, pero tenia el gozo de saber que aun podía seguir amando a Dios aquí y a los demás, podía seguir sirviéndole a Dios, ahí pude hablar de nuevo y llore mucho no tanto de dolor sino de agradecimiento por tener más vida y poder hablar. 

Esa noche volví a orar con mi mamá y luego con mi segunda familia, ha sido de las oraciones más lindas, poder decir gracias Dios por salvarme fue precioso, pase una noche muy difícil, las horas fueron largas pero en mi mente seguía clavado el mensaje de que él seguía ahí, y que "todo lo puedo en Cristo que me fortalece" 

Hoy ya estoy en casa, recuperándome, pensando en lo bueno y fiel que ha sido Dios, en que me esta diciendo que en esto seguiré viendo milagros, como los que le sucedieron a Moisés cuando Dios lo uso para abrir el mar rojo, me despierto a veces con tristeza, pero se va tan pronto me acerco a él, le escribo mis oraciones si me duele mucho la boca, o si puedo abrirla, soy sincera y le abro mi corazón. 

Muchos esperarían que en los momentos de dolor uno se derrumbara, o que preguntara ¿por qué a mi?, yo he decidido encontrar milagros, intimidad con Dios, escuchar su voz tierna y amorosa, sentir la cobertura de sus alas, conocerlo más profundo y salir de esto más tierna, más cariñosa, más agradecida, más noble, más compasiva, recordar que no sé que traerá el mañana pero sé que nunca se apaga su llama, que salga el sol por donde salga el me ama, como diría una de mis canciones favoritas. 

Hoy escribo esto por que estoy agradecida con Dios por estar viva, porque quiero recordarme que voy a estar bien, porque quiero animar a los que pasan por situaciones muy complejas, aun más que la mía, que Dios está y si él está estaremos bien porque él tiene cuidado de nosotros. 

También quiero agradecer a la familia de Dios, cada oración, cada palabra de animo, cada versículo que me da vida, cada detalle que me han dado, me han hecho saber que definitivamente si lleváramos a muchos a Jesús nuestro mundo seria otro y estableceríamos ese reino que él quiere, gracias a quien se tomo un instante para orar por mi, gracias a los que siguen pendientes de mi. 

Gracias a Dios que me ha dado un día nuevo y un nuevo respirar, seguimos peleando porque esta leve tribulación no es comparable con la recompensa de tenerlo a Él.  

Para finalizar, quiero decir, aférrate a Dios, a su amor que perdura para siempre, aférrate a su palabra, pues de lo que te alimentas en tu rutina, definirá en donde estarás el día oscuro, así que aférrate a él, pues el esta ahí a la puerta de tu vida, para ayudarte a pasar por valle de sombra de muerte, pero también a los buenos planes de bienestar que tiene para ti. 




miércoles, 21 de abril de 2021

¡Ay como me duele!

Recientemente vi el capítulo de una serie médica, donde mostraban a una persona sorda, que había tomado la decisión de hacerse una cirugía para poder oír por primera vez, después de la cirugía ella no se sentía ella misma. 

Había mucho ruido, y había dejado de valorar a su mejor amiga ya que percibía  tanto ruido alrededor que sentía que en realidad ya no la escuchaba. 


Me llamo mucho la atención esa historia en su momento pero recientemente la pienso aún más, debido a que mis oídos no han estado pasando por un buen momento, piel muerta ha generado taponamiento en los mismos, y han generado inflamación de tal forma que en este momento en el que estoy escribiendo este texto, no escucho de la mejor manera. ¡Ay como me duele!, como dice una canción bastante popular de la cantante Selena, y quien ha experimentado un dolor de oído sabe lo que eso significa.


Esa historia de la serie frente a esta historia que sigo viviendo, me han hecho reflexionar sobre la manera en las que escuchamos. Y ambas historias se conectan con el ruido, a veces tenemos tanto ruido en nuestra vida que no escuchamos lo que nos está pasando. 


Dios quien siempre está interesado en hablarnos, lo suele hacer de formas sencillas, tan sencillas que las podemos perder de oído, por tener ruido en nuestra mente y corazón. A veces nos susurra con el viento, que refresca en un día caluroso, a veces nos habla a través de canciones, o nos habla a través de situaciones, pero tal vez la forma más clara y sencilla es a través de sus propias notas, escritas a través de muchas personas compiladas en un solo libro, así es: la Biblia. 


Debido al dolor de oído que he tenido, tengo que hablar pidiendo que por favor me repitan lo que están diciendo, algunos se molestan y no me repiten lo que dijeron, he tenido que concentrarme mucho para escuchar lo que algunos me están diciendo, normalmente presto mucha atención a las palabras, a las expresiones y los tonos con los que alguien se expresa, pero debido a esta situación he tenido que ser más intencional al escuchar. 


He pensado en que no sabemos oír y que odiamos repetir porque esperamos ser oídos correctamente, también me ha llevado a pensar lo paciente que es Dios conmigo, cada vez que le digo: “sé que me amas pero podrías decírmelo más seguido”, tal vez me lo dice constantemente más de lo que he pensado pero mis oídos espirituales pueda ser que también estén tan resecos y tan llenos de piel muerta que no lo escucho, o pueda ser que me lleno de tanto ruido de las preocupaciones diarias que no logro escuchar sus mensajes de amor para mi. 


No sé cómo vamos escuchando por la vida, sin ser tan consientes de ello, un profesor de cultura ciudadana solía decir “oído” cada vez que iba a decir algo, recuerdo que junto a una amiga nos reíamos porque nos parecía muy cómico que en vez de decir atención o escuchen decía eso, aunque entendía que era la forma de romper la monotonía que no deja que prestemos atención a las instrucciones que se nos estaban dando. 


Y pienso mucho en eso porque debido a este dolor de oído que aún tengo, he orado mucho por sanidad, he ido al médico pero sobre todo me he quedado meditando en todas aquellas ocasiones donde los evangelios hablan de sordos que Dios sanaba, siempre me imaginaba esas historias distantes a mi, porque no había tenido la situación de esforzarme para oír, sin embargo hoy adquieren sentido esas lecturas que tal vez sentía ajenas a mi, para pedir por lo físico pero tal vez por lo espiritual porque siento que muchas veces esos oídos espirituales se han llenado de muerte y no han podido escuchar el amor tan claro que Dios me habla a diario. 


Creo que estas cosas a veces se nos permiten vivirlas para seguir haciendo altos en el camino y valorar lo que damos por sentado como un oído físico que nunca falla y también correr al maestro de milagros para ser sanados física y espiritualmente. Encontrar sanidad y poder escuchar lo que nos dice a diario sana nuestra vida, y al igual que la historia de la serie no quiero ruidos que no me dejen oír verdaderamente a mi mejor amigo a aquel que me ha amado con amor eterno. 






domingo, 5 de abril de 2020

Milagro en la casa 89




Como esta tan de moda una película en Netflix, sobre un milagro en una celda, aquí mi propia historia, no estoy en una celda, pero sí en cuarentena como muchos de nosotros en el mundo, además aquí no encontraran contenido turco, simplemente palabras desde una casa, en un lugar de Bogotá. Palabras que pretenden llenar de esperanza a algunos, contarles a otros de un Dios real, y recordarme a mí misma los detalles que ese Dios milagroso hace.

Llevo viviendo varios años sola, y desde que tome esa decisión nunca me ha faltado nada, primer milagro para contar, vivir así y ser independiente, no es tan fácil como algunos piensan, no manejo mis horarios, ni mis tiempos, más bien me organizo lo mejor posible para poder hacer tantas cosas que quiero hacer y la disciplina no es sencilla, así que por este tiempo de cuarentena, las finanzas, las rutinas cambian para la mayoría de nosotros, para mí fue un cambio fuerte. Uno que solo podría vivir porque conozco a Dios, lo amo, es mi todo y la esperanza de mi vida.

Entonces al iniciar este tiempo, hice planes, cómo administrar lo poco recibido en el mes que toco parar, cómo administrar los ahorros y demás, sobre todo cómo lograr no entrar en crisis en medio de un mundo en crisis, y ahí estaba yo, con Dios en una tienda de barrio, buscando algunas frutas y verduras para tener por un tiempo en casa, cuánto tiempo, ninguno lo sabemos al momento, pero al ver los costos y los cálculos previos anteriormente, salí con un tomate y una cebolla para la casa, hablándole con un susurro a Dios que si nos tocaba vivir este tiempo sin eso, estaría bien.

Al estar esos días en casa y ver que quería cambiar los menús y no tener como hacerlo al momento, solo pensaba en que sí Dios no me ha dejado estos años no lo haría en este tiempo, pues él es el Dios del ayer y del hoy, como lo es del mañana, por eso más que nunca he buscado en la biblia palabras de ánimo y sobre todo tratar de oír su susurro, a veces lo siento en el canto de los pájaros. "Sí Dios cuida de ellos, y cantan cada mañana en mi ventana, cómo Dios no habría de cuidar de mí que soy su hija y su posesión más preciada" me decía a mí misma, mientras me recordaba alguna de sus promesas para mi vida.

Pero también sé de muchos que nunca han experimentado a Dios, no tienen promesas a las que aferrarse, algunos de ellos asisten a iglesias, otros han escuchado hablar de Jesús, lo han intentado encontrar, otros lo han negado, o han dicho que él no existe, también le escribo a ellos, ya que anoche vi la noticia de que murió un cantante español llamado Luis Eduardo Aute, y me recordó a alguien que aun quiero mucho, porque junto con ella solía escuchar un par de sus canciones, pensé y oré que aun ella y su familia en medio de este tiempo lograra encontrarse con Dios, él no ha dejado de buscarlos.

Y por eso narro esta historia porque tengo el enorme privilegio de conocer a Dios, de hacer de él mi refugio, y aunque no lo merezco lo he experimentado, lo vivo día a día, lo siento cerca de mí, he sentido su abrazo, su amor incondicional, y esta vez me mostró ese amor nuevamente, dándome verduras y frutas, sí las que no podía pagar, mi mejor amiga me escribió que ella y su familia, que son mi segunda familia, me querían dar un regalo, al abrir el link que me envió para que yo eligiera lo que quería, empecé a llorar como una niña, era todo eso y más lo que no había podido comprar aquel día en esa tienda de barrio.


Al siguiente día llego la comida a la casa 89, y de esa manera vi un milagro, que contiene muchos, más que la comida, el amor de un padre entregándome aun los ingredientes de un en vivo en Instagram que íbamos a hacer con amigos del servicio de la iglesia de la cual hago parte.

Cada vez que pienso en esto no puedo contener las lágrimas, de ver a un Dios tan real, de ver gente que me ama cuando en un tiempo fui tan despreciada y me sentía tan sola, no dejo de llorar porque espero, sueño y oro con que cada persona en el mundo pueda ver que Dios el padre que tanto nos ama, nos esta persiguiendo para amarnos, darnos de él, y suplir cada necesidad, por tonta o pequeña que parezca.

No dejo de pensar en que he llorado en esta crisis, por la crisis, por los cambios, por los pasos que he tenido y tendré que dar día a día, pero sobre todo por la misericordia y el amor que Dios tiene para cada uno de nosotros.

Espero ver mucho más sus milagros, en otros, en el mundo. Este intento por contar algo de todo lo que significa para mi este milagro se queda corto, pero espero pueda acercar a Dios a unos y dar ánimo a otros.

Para finalizar dejo este texto que ha sido por lo menos para mí tan clave en este tiempo:


"El Señor es como un padre con sus hijos,
tierno y compasivo con los que le temen.
Pues él sabe lo débiles que somos;
se acuerda de que somos tan solo polvo.
Nuestros días sobre la tierra son como la hierba;
igual que las flores silvestres, florecemos y morimos."

Salmos 103:13-15

viernes, 19 de julio de 2019

Hackeo temporal

Me encanta la serie “the flash” supongo que porque desde mi loco punto de vista se parece a mí realidad con Dios. En la última temporada de la serie recién subida a Netflix hablan de un término llamado “hackeo temporal”, que quiere decir más o menos que un velocista viaja en el tiempo o hace ciertas cosas para mover algo a su favor en su presente. Es algo peligroso porque se podría alterar la línea temporal y no sé sabe qué resultados se va a obtener, pero si hay buena planeación se logra la hazaña pretendida.

Y a veces me imagino que Dios hace eso conmigo solo que a diferencia de la serie Dios no lo hace para buscar algo a su favor sino hacia el mío, así lo siento con este viaje que está a punto de finalizar con mi papá, casi 10 días juntos solo nosotros dos. Que en realidad es un hackeo temporal, porque siento que Dios viajo a través de mis recuerdos solo para mostrarme como él hubiese querido que mi papá y yo tuviésemos una relación. Y como pretende Dios que tenga una relación con mi papá y con él. Es a mi favor, porque antes en mi niñez y parte de mi adolescencia sentí abandono y rechazo por parte de papá por sus errores cometidos, ya no lo juzgo y tampoco dejo de ver que cometió errores, solo puedo ver como la gracia de Dios cubrió sus faltas, y cubrió mis sentimientos junto a errores también cometidos hacia él para que después de este viaje todo esté a nuestro favor.

Me sorprende que yo nunca había pedido tal vez con palabras específicas este tipo de cosas pero Dios quien conoce los corazones y cada sueño que hay dentro de nosotros me ha permitido compartir lo que para mí ha sido el tiempo que con papá quise vivir siempre.

Hemos caminado, comido juntos, hemos descubierto quién es cada uno, cómo sentimos y cuánto nos hemos querido, un par de veces mi papá ha asumido sus errores en nuestras charlas al igual que yo he asumido los míos, nos hemos pedido perdón y abrazado, yo he llorado a solas dándole gracias a Dios por que nunca imaginé que Dios nos esté dando cierres al estilo disney. 

 
En definitiva Dios me ha cambiado en este viaje, hace unos meses hablaba con una consejera que me dijo que mi sentimiento de abandono podía trabajarlo con Dios, quien no ha tenido una familia estable puede leer estas letras sabiendo de lo que escribo, la sensación de abandono está ahí en el corazón, aunque Dios sana cuadros, aún quedan astillas que uno quisiera no sentir, bueno pues siento que Dios sigue obrando y ha quitado muchas astillas en este viaje, ore en esa época a Dios siguiendo el consejo sabio de esta persona y le pedí a Dios que siguiera sanado mi interior que no importaba si tenía que enfrentarme con dolores que había ignorado, que no sabía cómo lo haría que lo hiciera, y hoy sé que esté “hackeo temporal” en mis recuerdos y a través de este viaje ha sido la respuesta de Dios para seguir sanando cada herida, en especial del rechazo y abandono en mi corazón y al hacerlo me ha unido a mi papá de una forma distinta y especial, haciendo esto siento que conozco más a Dios como papá y lo amo un poco más, he mejorado la imagen que tengo de Dios, esto me hace pensar que en verdad muchas cosas mejores me esperan no porque lo digamos como frase de cajón sino porque Dios quien conoce el pasado, presente y futuro tiene planes buenos para todo aquel que se acerca a él.

lunes, 11 de marzo de 2019

Cruzar la meta

Quería ser deportista profesional y digo quería porque a mi edad ya uno está viejo para esos sueños. Debe ser que por eso admiro tanto a mujeres como Mariana Pajón y Caterine Ibargüen, porque son algo de lo que yo quise ser y no fui.

Recuerdo que en el colegio amaba correr o jugar fútbol, esta última la responsable de mi lesión, de haber llorado muchas noches porque mis sueños se habían ido por la borda. Suena tonto pero cuando corría sentía que todo a mi alrededor cambiaba, gane un par de competencias en el colegio y para mi eso me llenaba de plenitud, soñaba con estar en una pista olímpica, con correr tan rápido que el viento tuviera envidia, pero allí en una cancha de colegio quedó ese sueño enterado.

El año pasado después de muchos años, empecé a entrenar, correr unos 20 minutos un par de días a la semana, para lograr correr mínimo unos 10 k, no para ganar sino para retomar el sueño de correr solo que ahora era para no olvidar la sensación de seguir viva, ya que a mis 31 años sigo sorprendida y agradecida que estoy viva, pensé que viviría menos, pero eso es otra historia.

Retomando, estuve entrenando, ahogándome aún con mi propia saliva por no saber respirar, aguantando el dolor de estirar y tratando de olvidar que mis cicatrices en la rodilla me recordaban que hubo un sueño un día que no logré cumplir.

Me inscribí a mediados de octubre a una carrera de montaña, nocturna, sin saber a lo que me estaba enfrentando, decían que eran 10 k pero resultaron siendo más. Tenía los nervios a mil, mi linterna prendida, y una amiga con la que correría y no estaría sola.

Íbamos a un buen ritmo, subíamos y bajábamos lugares, pasamos por riachuelos, mi amiga se cayó y se raspó la rodilla, seguíamos adelante en medio de la oscuridad, pero el cansancio propio de la carrera, de las piernas fatigadas empezó a hacer su efecto, estaba lavada en sudor, a punto de rendirme, mi reloj marcó los 10 k y estaba feliz solo para darme cuenta que faltaba mucho por recorrer, salió lo peor de mi, quería echarme a llorar, renunciar, no por la carrera, sino porque así me sentía en la vida, soñando cosas, creyendo que tenía el talento solo para darme cuenta que me faltaba más, mucho más y que yo no lo podía dar, así como cuando niña al perder el sueño por culpa de perder un ligamento de la rodilla.

Escuche a mi amiga susurrar, “vamos nos falta poco” y sentí como todo mi cuerpo se derrumbaba en esos últimos tramos, sin fuerza física, no había entrenado para tanto, me temblaban las piernas y el corazón latía a mil, rodaron algunas lágrimas por mis mejillas, porque me sentía incapaz, menos mal, la noche era mi cómplice y nadie me vería llorar.

Pero ahí estaba esa voz, la de mi amiga diciéndome que lo podía lograr. Pero ¿lograr qué? si nunca había sido suficiente buena en nada, y ahora sentía que no podía superar mi propia marca, mis miedos, porque en ese momento me sentía estancada, en la carrera y en la vida.

Así que recordé que así es Dios uno que me susurra que puedo hacerlo, ¿Qué puedo hacer? Todo, si estoy con él, si no escucho a mi cuerpo cansado, o los sueños frustrados sino esa suave voz, como la de mi amiga, que me dice que aunque los sueños parezcan muertos, en él no mueren completamente.

Así que seguí corriendo, y mi amiga al ver la señal de la meta, corrió más para llegar antes, y yo solo vi que ella corría y que Dios me decía que el corrió antes para verme llegar a la meta y aplaudirme. Ahí él estaba, corriendo a mi lado, y aplaudiendo mis sueños cumplidos uno que aunque parecía había muerto a los 15 años hoy había vuelto a estar presente solo que de manera diferente.

Solo Dios conoce nuestros sueños más profundos, solo el sabe lo que significa cada silencio o cada aplauso en nuestra vida y decide estar ahí para darnos todo lo que un día soñamos aunque a veces nos lo de de forma diferente a la que nos la imaginamos.

Así que al final cruzar la meta no solo significa que lo logramos sino que él no ha olvidado cada sueño que desde nuestro punto de vista creímos que nunca alcanzaríamos.


martes, 4 de diciembre de 2018

La cima

Todos anhelamos estar en la cima, para algunos la cima, son los títulos, las carreras ganadas, el dinero bien trabajado, invertido y provechoso, para otros tener familia, casarse, ir de luna de miel, tener hijos, para algunos tener amistades, muchas amistades o muy pocas pero íntimas, pero me quedaría corta por más que llenara este texto contando lo que significa la cima para cada persona. Sin embargo todos tienen una cima, algo que anhelan lograr, un sueño por alcanzar.

Pensaba en todo esto, y ahora que escribo este texto lo pienso mucho más, en que independientemente de la cima a la cual queramos llegar, todos también tenemos un camino que atravesar, eso fue lo que viví, caminando para llegar a la cima de la montaña de colores en Cuzco, Perú. 



Se dice que uno debe tener una buena condición física para llegar, la altura no es un tema sencillo de manejar, y mientras caminaba pensaba que no lo iba a lograr, así como a veces nos pasa en la vida, planear tanto, esforzarse, ver a otros en el camino y darse cuenta que uno se está quedando atrás, que las fuerzas se van acabando, fue ahí en ese instante, cuando iba escuchando música, empezó a sonar una canción como bajada del cielo para aquel instante, la letra decía, no desmayes, solo cree. Y fue impresionante recordar que a veces en nuestro caminar solo necesitamos eso, CREER.

Vi a tantas personas caminando y recordé un viejo cuadro donde algunos van por un camino ancho y otros por un camino estrecho, el ancho se refiere a todos a aquellos que no han decidido creer específicamente en Dios y el estrecho lo contrario.

Y sentí tanto dolor en mi corazón por aquellos que intentan llegar a su cima solos, porque aunque el camino sea estrecho porque no es tan sencillo mantenerse firme en el camino, nunca estamos solos en ese caminar, cuando decidimos estar acompañados por Dios.

Caminé y caminé porque iba escuchando esa canción que me ha recordado que independientemente del pasado, de mis historias o días tristes siempre he podido contar con Dios, quien me salvo de la muerte y me llevo a la cima, no solo de la montaña de colores, sino a la cima de la vida que es desde donde ahora veo todo, me llevo a sus pies y entendí que no hay un lugar más alto o más grande que ese, y que si sigo desde ahí desde esa perspectiva no solo lograre algunas cosas que sueño, sino que mi vida siempre habrá valido la pena, como lo fue al final de ese camino para ver tan extraordinariamente paisaje que jamás había visto en mi vida.



Hoy precisamente hoy, después de algunos días difíciles para mi, me es importante recordar, que Dios ha tenido planes buenos para mi desde el principio, que no debo dejar de creer, y que él ha prometido estar ahí, siempre. Así que si alguno de mis lectores o lectoras hoy siente que no ha llegado a ninguna cima, puede hoy tener una que es la más grande y es conocer a Dios y caminar con él, creyéndole, como lo hice yo en Perú para alcanzar esos planes buenos que él también tiene para usted. 



domingo, 28 de octubre de 2018

Condiciones desfavorables

Amo los cumpleaños, los propios y los de otros, me gusta celebrar la vida, el maravilloso regalo de vivir, es la fecha más importante para mí, por eso me gusta hacer algo diferente, sea ir a comer a un lindo lugar que no conozco o romper completamente la rutina, pero a veces por las ocupaciones no puede uno celebrar ese día, por eso para romper con todo, los dos últimos años me he ido de la ciudad para conocer nuevos lugares y tener nuevas aventuras.

Esta vez quise cumplir un sueño, de esos sueños donde he dicho “quiero hacerlo”, pero pensaba que no era posible, hasta escuchar a papá Dios decirme: “sueña conmigo” Entonces lo tome de la mano y así fue después de mucho planear, trabajar, ahorrar, hacer muchos cálculos, y sobre todo orar y pedirle a Dios que por favor lo hiciéramos juntos logre viajar a Perú.

El día de mi cumpleaños 31 iba a estar conociendo Machu Picchu, sin embargo, no fue tan chévere, llovía, estaba con neblina, y realmente no se veía nada, pensé que había perdido el viaje y sobre todo mi expectativa de pasarla rico y feliz que desde mi punto de vista es estar caliente y que todo el plan salga como lo había cuadrado por primera vez.

Y no fue así, no había nada que ver literalmente, ni la gente que iba al frente mío se veía, solo había una espesa nube blanca al rededor, y ahí fue donde me senté en el pasto esperando que un milagro pasara, hice algunos chistes en medio de todo y hacía reír a la gente que no conocía y a la guía turística que nos acompañaba, pero en el fondo ya empezaba a impacientarme, a llenarme de frustración.

Después de un tiempo de espera y de pensar que todo iba a mejorar con el paso de las horas y el clima iba a ser satisfactorio nada pasó, o más bien todo empeoró, llovía más y más fuerte, recordé las múltiples oraciones que había hecho el día anterior diciéndole a Dios: “por fa que no llueva, que las condiciones sean favorables” y en el fondo solo escuchaba silencio como sí mi oración no fuera a ser respondida.

Allá en medio de ese clima que no me gusta, lluvia, visión blanca, gente desconocida, nadie que animará, en silencio, zapatos y medias mojadas, con hambre y sueño por estar madrugando y trasnochando, que es lo usual en este tipo de viajes, cansada de esperar, decidí caminar por un sendero de una hora que fue fuerte y no podía ver nada, caminé y caminé y también oraba, le decía a Dios, cuánto odiaba que en un cumpleaños lloviera (qué es lo que casi siempre pasa) que habíamos planeado este viaje juntos, que había soñado con otro panorama, que quería una foto para gomelear en las redes sociales (sí ríanse), que me iba a ir muy frustrada y de fondo solo oía silencio.

Comprendí que Dios estaba ahí callado escuchando el clamor no solo de mi boca sino de mi corazón, pero también entendí que sí me fuera sin hacer lo que había planeado hacer, Dios no me había dejado de amar, Dios no había dejado de escuchar mis oraciones, él seguía ahí, tan firme a mi lado como siempre lo ha hecho, y recordé su amor, su última gota de sangre derramada en la cruz por mi, y di gracias por estar viva 31 años, por haber sido salvada de tantas cosas malas y de tener el privilegio de llevar a otros a ese precioso amor, recordé que he sido llamada a darle esperanza a aquellos que están realmente solos y nunca se han sentido amados.

Así que al llegar de nuevo a la zona típica de ver Machu Picchu, por última vez mire al cielo con un poco, muy poco de fe, porque seguía lloviendo con fuerza y todo era simplemente imposible, y dije: “aún me queda algo de fe”, fui al punto de las fotos y ahí estaba yo, cubierta de lluvia, y empezó a ocurrir el milagro, un fuerte viento paso por mí y todos los turistas que estaban allí, y empezó a despejarse la vista, rápidamente dejo de llover y la neblina que había sido mi enemiga durante todo este viaje empezó a desparecer, y ahí se dio pude ver el paisaje y una maravilla del mundo ahí justo frente a mí.

Tome muchas fotos en mi afán de recordar aquel momento, no por la vista o por el paisaje o por la historia que significa el lugar sino porque ahí estaba una vez más yo cumpliendo un año más de vida, y sabiendo que mi lección más importante para este nuevo año que inició es que aunque las cosas no pases como las planeó Dios mismo meter su mano en mi vida y lo hará otra vez, cumplirá él estar ahí una vez más solo para mí.




sábado, 9 de junio de 2018

Tonta fe

Desde que tengo uso de razón, he sido juzgada por mi fe, sí es cómico pero es verdad, recuerdo mis años de colegio, tan solo siendo una niña fui rechazada por otros niños y niñas por que mis papás no me bautizaron cuando era una bebe, el problema fue que según los niños yo tenía que hacerlo y yo que siempre he sido terca les dije que solo lo haría cuando para mi tuviera un significado y no cuando “tuviera que hacerlo” obviamente nunca usé esas palabras, pero en sí eso quería decir. De la misma manera cuando empecé a contarles que Dios podría ser no solo el crucifijo que veían en clase sino alguien con quien podían tener una relación cercana, fui mirada como si tuviera un bicho raro o algo así.

Es increíble pero después de una época a tan solo unos 11 u 12 años empecé a ser juzgada por tener la firme convicción de llegar virgen al matrimonio, de tener una única pareja con la cual llegar a estar, y más adelante escuchar que me moriría tal vez siendo virgen si alguien no me llegaba a amar. Y con los años y los cambios de la vida los argumentos son peores, en esa área y en muchas más donde para la gente mi fe es "una tonta fe". Argumentos como que veníamos del mono, y que Dios no existía, o que escuchar cierta música estaba bien,  tomar a tan corta edad ciertas decisiones de vida, te etiqueta como alguien tonto o irracional, tanto que un día me llamo la orientadora del colegio para decirme que yo no debía hablar de mis convicciones sino simplemente callarme para mantener una mejor relación con las personas. Cuando ellas en clase sí podían opinar de su manera de ver la vida, yo debía callar para no ofender a nadie.

Y en la universidad la cosa no cambio, me dijeron cosas dolorosas, como que mi manera de ver la vida era retrógrada y que lo único que yo era, era una mojigata, y esto en alguna manera influyó a que yo me cruzara ciertos límites que había puesto con el trago y con la música, lo que no sabía la gente es que al ceder en eso entre en un mundo de oscuridad, solo quería morirme por un tiempo y sí fue por cruzar esos límites que alguna vez había pensado no pasar, la música que oí me llevo a la depresión, sentía soledad aun estando acompañada, no veía ningún tipo de futuro para mi. Hasta que decidí volver a mi tonta fe, esa fe hizo que volviera a vivir, que la vida que se había vuelto oscuridad ahora volviera a tener color.

Esa tonta fe que siempre he tenido, esa voz en suave que me dice que todo va estar bien aun cuando el panorama se vea mal, es esa fe la que ha hecho que al día de hoy, tenga lo que tengo y sea lo que soy. Si han visto algo de esperanza en mi o generosidad, solo ha sido porque lo aprendí del mejor, Jesús, de quien nace esa fe y en quien confío completamente, que aunque parezca tonta, la verdad es que es la única garantía que he tenido de un mundo mejor.

Pero por estos días esa fe, fue puesta a prueba en mi salud, tuve bronquitis y aunque yo sabía que la biblia dice que Jesús llevo todas mis enfermedades en la cruz me era muy difícil creerlo, me ahogaba con todo, no podía literalmente respirar, y si no respiras no tienes vida, así que decidí creer una vez más, y ponerle fe, ore y Dios hizo un milagro, mis pulmones sanaron, y en menos del tiempo que me había dicho el médico que podía pasar. Porque permití que Dios en esa situación fuera mi respirar.


Me arriesgo con esa tonta fe, porque si dejáramos de llamarla tonta y nos lanzáramos a creer todo lo que dice Dios, nuestra vida cambiaría, aprendí una gran lección y sigo en el camino donde veo que cada cosa que he creído desde niña, aunque muchas veces he sido juzgada y rechazada por ello, solo esas verdades hacen que mi vida tenga esperanza de un mejor mañana no solo para mi, sino para todo él que decide creer.

martes, 24 de abril de 2018

Momentos

A veces la vida se resume en pequeños momentos mágicos, que lo cambian todo, momentos que pasan de manera fugaz, un abrazo en un momento de gran tristeza, más bien de dolor y desamor, de esos me han dado algunos, en un estadio, en una camioneta.

Momentos como ver sonreír a los que amas, abrazarlos cuando se despiden por primera vez porque no sabes cuando más los vas a volver a ver porque se irán tan lejos y tanto tiempo para cumplir sus sueños, tomar de la mano a papá o a mamá, consentirles el rostro que ya tiene algunas arrugas, y ver en cada una de ellas un camino recorrido, valorarlos mirándolos a los ojos, sabiendo que cada día es un regalo que no puedes perder.

Momentos como sorprender a alguien y que se llenen sus ojos de lagrimas y que en su rostro dibujen una sonrisa, ver gente que amas con el corazón tomarse de la mano, darse un beso con su enamorado.

Momentos como la espera de alguien a quien ya no le puedes pedir nada, solo sabes que si das cumpliste tu tarea aunque quedes en el olvido. Momentos como ver cómo se abrazan los amigos en un estadio, ver sus rostros llenos de pasión, de alegría, momentos de llanto y gritos de felicidad.

Momentos como abrir tus ojos y ver qué todos alzan sus manos, lloran piden a Dios por algo, se encuentran con él y su vida va cambiando poco a poco, momentos donde oras por otros y ves sanidad, restauración, libertad, esos momentos son preciosos.

Momentos buenos y otros no tanto, momentos donde ves llorar a muchos por la perdida de alguien amado, dar abrazos en el momento indicado, momentos donde das todo por perdido, por más que diste hasta tu último suspiro, momentos donde corres y al final en la meta te ponen una medalla, momentos donde todos hablan y tu solo respiras y los ves a cada uno como en cámara lenta, sonríes porque sabes que no va a existir  un momento igual. Momentos como el de una cafetería donde una mujer cambio su vida a tan solo hacer una oración.

Momentos cuando pierdes la maleta de tu viaje y la puedes recuperar sabiendo que fue Dios quien te ayudo a hacerlo, momentos como el olor a café, ver un atardecer solo o en compañía, las charlas cargadas de sinceridad, de contar experiencias, de saberte escuchado y amado, no juzgado, solo amado, momentos donde cierras tus ojos y Dios te deja ver un momento de dolor y luego lo cambia todo, el abuso, la soledad, las lágrimas de amargura. 

Momentos de regalos inesperados como una muñeca pequeña de trapo, un espejo marcado con tu nombre, un snickers que aunque no te guste mucho fue respuesta a una oración, momentos como este, como el escribir este texto y saber que aunque soy joven me estoy haciendo vieja y los años se van pasando y ya no veo las cosas como antes, con afán, por eso ahora veo menos mi celular y veo los rostros de la gente, los memorizo, guardo sus sonrisas, sus besos, sus abrazos, porque sé que quizás algún día no recuerde lo valioso que es estar cerca de la gente, y no lo quiero olvidar, pero no quiero olvidar que mi mejor momento es cuando Dios me permite estar a sus pies y llorar como una pequeña, y que al salir de ese momento y ver la gente con la que comparto muy de vez en cuando es preciosa y la debo valorar, estén o ya no estén cerca. 

Escribo este texto para no olvidar que no pedí nacer pero me siento afortunada de vivir, de llorar, de ser apasionada, de amar como amo a Dios y a los otros, de ir a fondo y no a medias y no quiero olvidar con el pasar del tiempo que no merezco nada pero aun así he vivido cada uno y más pero no alcanzaría el blog para describir las sensaciones de los variados momentos que he vivido. 

Por eso quiero seguir disfrutando cada día de mi vida porque sí mañana no estoy quiero irme con la frente en alto sabiendo que ame a los que estaban a mi lado y se los demostré aun mas allá de mis propias fuerzas solo porque descubrí que el mayor amor me fue entregado para darlo a otros, sí el de Dios. 

Así que mi querido lector o lectora, que usted pueda pensar en sus momentos y dejar más al lado la tecnología solo para disfrutar de todo lo que Dios nos da a través de esta preciosa vida. 




miércoles, 20 de diciembre de 2017

Casi que me pierdo

Por distintos motivos soy arriesgada, la forma en la que viví la niñez ya que mis padres no estaban en casa, debía aprender a hacer ciertas cosas sola, desde muy pequeña aprendí a subirme en un bus, o colectivo, o simplemente caminar desde la casa al colegio y viceversa, así que salir a la calle no me daba miedo, y con el paso de los años vi el riesgo como una manera también de alcanzar los sueños. Pero soy también arriesgada por mi forma de ser, me gusta conocer, no me gusta quedarme quieta mucho tiempo, pero siempre racionalizo las cosas, logro ver el costo que puede tener algo y ahí tomo la decisión de arriesgarme. 



Por eso decidí conocer a alguien que no me correspondió y termine un poco en el lado oscuro, olvide lo que había pensado al principio pero casi que me pierdo porque al arriesgar se me olvidó que el riesgo no implica ganar sino que se puede hacerlo y también se puede perder. Es decir no es una victoria asegurada.

Y perdí, y eso hizo que el fracaso inundara mi corazón, que opacara , quien soy y en quien he llegado a ser hasta el día de hoy.
Casi que me pierdo no porque arriesgará sino porque en el proceso se me estaba olvidado como al pueblo de Israel, quien había estado ahí desde mi inicio, se me estaba olvidando las muchas cosas que he recibido, la preciosa gente que Dios me ha dejado conocer y con quien he podido compartir, casi que me pierdo porque esto me había hecho pensar como en antiguas experiencias de mi vida que no tenía valor, cuando el valor que cada persona tiene no tiene que ver con la aprobación que nos den en las relaciones, en la sociedad, sino tiene que ver con quien somos, como fuimos diseñados y como hemos sido amados por Dios. 

Casi que me pierdo dice una canción de reggae que me gusta mucho y me hizo pensar en eso en todo lo bueno que Dios ha hecho por mi, en que no tengo porque estar sin sentido en la vida o infeliz porque tome un riesgo y perdí sino que es una excelente oportunidad para seguir sacando lo mejor de mi, trabajando en mis errores y sobre todo volver a ver qué Dios siempre tiene nuevas y mejores oportunidades para mi vida, así que si mi querido lector o lectora si usted también perdió este año es una nueva oportunidad para acercase al padre bueno Dios y dejar que él le lleve a una mejor versión de usted. Así como hoy se que él lo está haciendo conmigo.


miércoles, 18 de octubre de 2017

30 años

Como bien saben, estoy por cumplir 30 años, y como saben bien los que han compartido conmigo soy intensa con los cumpleaños, no sólo los propios sino de la gente querida. 

La cosa es que para mí 30 años son una cosa extremadamente sorprendente, porque se supone es una edad donde se entra a ser adulto, donde se han logrado ciertas cosas y donde se eligen muchos caminos hacia el futuro. 
Yo estoy sorprendida porque nunca pensé llegar a esta edad, cuando me decían que como me veía en cinco o diez años la verdad es que no alcanzaba a dimensionar sino hasta los 25, imaginaba  una carrera profesional, un trabajo medianamente cómodo, y ni eso, la visión no daba, la verdad es que mis ánimos de vida eran pocos, luche muchos años con las ganas de no vivir, es decir según yo, viviría máximo hasta los 25. Así que llegar a esta edad es demasiado impresionante para mí, porque  todo cuánto tengo y he hecho, lo debo a Dios, muchos años la idea de muerte rondo mi vida, y vivir tanto tiempo de verdad que me asombra, hoy vi una película que decía que viviéramos cada día como si fuera el último de nuestra vida, pero en realidad eso no es posible, he escuchado esa frase desde muy pequeña, y como soy tan literal, me digo si fuera el último día de mi vida, estaría en una playa, tocando guitarra, comiendo y rodeada de los que más amo, y como lo que supongo que quiere decir la frase es que vivamos al máximo eso siempre he hecho, no me he negado a divertirme sanamente, trabajar duro, planear cosas y llevarlas a cabo, amar sin guardarme nada para el final, llorar como una Magdalena, y así sigue la lista. 
Pero lo que quiero decir es que a pesar de mis faltas, de mis faltantes, de lo mucho que me falta por mejorar, me siento feliz de donde estoy hoy, me he convertido en una mujer a quien admiro, soy honesta, fiel, leal, trabajadora, quizás muy soñadora y utópica, pero siempre con la frente en alto con temores pero con valentía hacia el futuro que desconozco, no porque sea una dura sino porque hace mucho encontré la clave para el sentido de mi vida y fue saber que Dios está, que me amo, que me rescato de una vida de muerte a mis espaldas, que tiene el control de cada cosa y quien me prometió no una vida sin dolor sino una vida donde ya nunca más estaría sola sino que estaría siempre con él. Eso me satisface completamente. 
A decir verdad, estando a punto de cumplir 30 años, he recordado mi vida como quien ve una película, recordé mi niñez, las veces que me frustre, la lesión de la rodilla, el concepto de amistad tan elevado que tengo, el milagro que creo que es el amort, porque como no ha de ser un milagro encontrar en el camino alguien que vaya para el mismo destino pero que además te admire y admires, y que compartas toda tu vida lo que fue y ha de venir, así que ¿cómo no va a ser un milagro?, recordé mis malas decisiones, las malas elecciones, las veces de soledad, la sanidad que Dios ha traído, recordé quienes han pasado por mi vida y los que ya no están, los que anhelo se quedaran por siempre, todo para darme cuenta que no sé que traigan los años pero al retomar este blog quiero recordar que cada año, cada día de mi vida ha sido un precioso regalo que no quiero desperdiciar sino disfrutar al máximo, sabiendo que mi destino no es pasar por esta tierra haciendo historia sino cambiando historias de vida tal cual como Dios lo ha hecho conmigo. Así que celebró con gratitud estos preciosos 30 años que he vivido porque espero seguir caminado y aunque parezca tambalear, con la firme convicción que Dios siempre estará para trazar los nuevos caminos. 

lunes, 22 de mayo de 2017

Esos clavos fueron por mi

Recientemente volví a ver heridas del pasado, recientemente vi la cabaña, película basada en uno de mis libros favoritos, recientemente pasaron muchas cosas, que he decidido compartir en este texto, porque gracias a estos episodios, he conocido a Dios en otras facetas, he aprendido a confiar en él de otras formas, unas que no creía posibles.

Para leer esta entrada usted querido lector o lectora, debe hacerme un favor y es ser honesto con usted mismo, no me lo tiene que hacer saber, pero si desea continuar leyendo esta entrada es indispensable que se sumerja en ella, preste tanta atención que todo a su lado se oscurezca y este sea una prioridad, parece loco pero si no es así, este texto no pasara por sus ojos como uno más y lo que pretendo al final de que lea este, es que usted también salga a pensar y buscar a aquel que dejo que por su piel y músculos pasaran unos clavos que lo sostendrían en un madero, todo por usted.

Sí continua leyendo por curiosidad o lo que sea, espero que este camino no le sea desagradable, pero sí decido hacerme ese favor del anterior párrafo, vayámonos pues, quiero que recuerde esos momentos que marcaron su vida y por eso usted no fue igual, hablo de esos profundos silencios donde usted pidió ayuda, en silencio, pero nadie escucho ese llamado, así me sentía, abrí heridas del pasado, porque era necesario ver hacia atrás, porque estaba lista para sanar, pero fueron heridas profundas, aquellas de rechazo de niña, de dolor, y al ver la cabaña, recordé muchas cosas que uno suele pensar acerca de Dios, como uno suele juzgarlo y aun creerse mejor que él, terminamos echando nuestro dolor en forma de responsabilidad hacia Dios y él simplemente con su mirada tierna, nos quiere sanar el corazón.

Esto fue lo que paso, recordé un episodio de mi vida en el cual creí que Dios no estuvo, el abandono de papá, y como bien saben amo a mi papá y ahora tenemos una relación que poco a poco construimos, pero ahí estaba yo juzgando a Dios, pensando que él había sido el culpable, y ahí fue donde volví a la cabaña, a la película al libro, a mi relación con Dios, a la biblia, y fui absurdamente honesta, llore, pelee, pedí perdón y deje que Dios el más grande de todos me abrazara con su amor, me di cuenta que era maravilloso poder volver a esa playa, esa cabaña, a ese madero y esos clavos, que sanan mi dolor. Me encontré una vez más de manera especial con quien me diseño y amo desde el principio, le permití hablar del tema, y él me permitió decir todo lo que sentía y pensaba, sacamos la basura juntos y deje que el una vez más me mostrara el gran misterio, y es que no hay dolor tan profundo que no pueda ser sanado por Jesús, pues él experimento en la cruz cada dolor y por eso nos puede sanar completamente, él nos dio salvación.



No les puedo explicar con palabras lo que se siente ser rechazado, ustedes lo saben, porque también les ha tocado a veces esa parte, y así me sentía, alguien no supo valorar mi valor y pensé que eso se repetiría en mi vida, pero lo que aprendí de pasar por esa situación es que Dios sigue ahí, y esta completamente comprometido conmigo, y que cuando diseño su plan para darme vida, esos clavos fueron por mi, y es por eso que soy valiosa y no pierdo ese valor, y es eso lo que viví y aun quiero seguir viviendo y es ir mas profundo, dejar que papá Dios siga limpiando cada herida, piense en sus heridas y sabrán que son muchas, que lo han llevado a estar sin propósito, sin vida, llenado vacíos en personas o cosas, pero hoy desde este tiempo vivido puedo decirle que nunca pensé estar tan liviana solo por aquel que me amo, por eso si usted se sumergió en mis lineas y entre lineas mi invitación es a que una vez más se acerque a Dios sea honesto y deje que el cambie una vida de grises a precisos colores.



jueves, 5 de enero de 2017

Esperanza del mañana

Debo reconocer que existen momentos en la vida donde uno se siente fatal, lleno de miedos, angustias que muchas veces son falsas. Tenemos la tendencia a ser trágicos, pensar que el día de mañana un carro pasara por nuestro lado y moriremos. Que la vida es completamente difícil, que sí una relación está mal, puede ir peor. Que sí no nos hemos casado (mujeres, no se usted caballero que me lea) antes de los 30 o pasándolos entonces no existe alguien que nos amara. Que sí fuimos lastimados , seguiremos siendo lastimados una y otra vez. Que la gente es mala, y que no existe gente que haga las cosas por ayudar sino que la gente está buscando sacar provecho al hacer un favor. 

Y todos esos miedos realmente se sienten y se sienten poderosos dentro de nosotros, conviven a diario, nos hablan, nos susurran al oído que todo ira mal, que la vida fue (porque sí hemos tenido experiencias malas) mala y lo seguirá siendo siempre. 

Pero queridos lectores quiero contarles que yo fuí la reina del drama, sí así como lo oyen, sí hubiera un reinado a la más dramática esa hubiese sido yo. Pero no crean que no tenía razones para serlo, las tenía, para algunos válido para otros no. Sufrí de abuso cuando era pequeña, vivía en medio de la soledad de una familia donde había un padre y una madre ausentes, que se esforzaba por sacar las mejores notas pero nada quedaba en su memoria, que quería un helado pero para esto no había, mucho menos para cine, que vivió navidades llorando sola, escuchando la pólvora de fondo, porque se sentía no amada. Que creía que las oportunidades eran para esos que tenían dinero o eran muy inteligentes. Que fue rechazada porque decidió esperar hasta el matrimonio para compartir su vida, que le gritaban groserías por creer en Dios y aún le dijeron bruta, tonta, torpe, mojigata por la misma razón. Que le llamaban para decirle que era más fea que Bety, la fea y que por eso nadie se fijaría en mí. 

Esas y muchas más cosas viví como digo para muchos inválidos para hacer drama, para mí la mejor oportunidad de hacerlo, para lograr atención. 

Y como saben por textos anteriores mi vida cambió, sí, Dios le dio otro rumbo permití que él entrara a mi corazón y me llenara cada vacío, cada espacio, cada lágrima de amargura que había derramado. 

Cuando conocí a Dios, estaba tan lastimada y rota, que no sabía que todo esto no era parte de su plan para mí vida, es más culpe a Dios por ponerme en la familia que tenía, por no ser tan inteligente, por nacer en el país que nací, y por infinidad de cosas. La verdad es que estaba tan dolida que no veía que Dios quería sentarse conmigo, estar a mi lado sanarme y escribir una nueva historia para mí. 

Comprendí que aunque viví cosas dolorosas, Dios nunca quiso que pasaran, que el mal, ósea el diablo, quería que yo viviera así, llena de dolor, lastimada, quería robarme y destruirme y su plan era que aunque esas cosas que viví fueron reales yo hiciera una historia triste por el resto de mis días, quería que yo creyera que eso sería lo que viviría siempre. 

Pero cuando pude ver el amor de Dios, y su sanidad para cada espacio de mi vida, Dios cambio mi drama, que fue real, en libertad, en vida, en esperanza, independiente de lo vivido o de lo que esperará vivir, de donde nací o las leyes o decisiones de otros tomarán que me afectaran. Dios me dio luz, me dio propósito e identidad. 

Pero aún en medio de eso, hace un tiempo me di cuenta que en mi cabeza, aún habían cercas que debía romper, como el creer cosas como "te ha ido bien, pero las cosas pueden ir a mal en cualquier momento", fíjate "ya casi tienes 30 y nadie se ha casado contigo", "Por favor puedes tener trabajo, comer, pero darte un lujo, eso no es para ti", "No te haz esforzado lo suficiente para tener premios o gustos en la vida", "Dios es bueno, pero más que suficientemente bueno, tampoco"

Y sí empecé a tener temor, terror del futuro, ya el pasado no me atormentaba, pero qué del futuro. Hasta que comprendí que el mismo Dios que cuido de mi pasado, me sano, me lleno y que hoy me cuida es el mismo Dios que no me trajo al día de hoy para volver atrás, sino que me llevara a sueños nunca soñados. 

Él es mi esperanza en el ahora y en el mañana, con él todo va estar bien, es mi única seguridad y garantía, ya no me preocupo por el mañana, y esas frases de desesperanza se han ido a la basura, donde deben estar, porque mi Dios ha sido y seguirá siendo fiel. 

No sé que traerá el mañana pero sé que nunca se apagara el amor de Dios, y eso es suficiente. Y lo viví dándome un regalo costoso que nunca esperé tener en mis manos, claro que trabaje y le puse pies a la fe, pero sé que todo esto se trata de mi Padre Dios guiñándome el ojo, diciéndome esto es solo el comienzo, rompe tus cercas y te llevaré a otros lugares, promesas especiales, promesas que se cumplirán. 

martes, 29 de noviembre de 2016

Infinitamente agradecida




Durante estos días me la he pasado pensando en los motivos por dar gracias, y quizá una foto que resumiera las cosas por las cuales hacerlo. No hay foto que pueda decir cuan agradecida estoy.
La verdad es que ha sido un año bien movido, he aprendido a crecer porque manejar algo propio no es tan fácil como parece. Y darse cuenta que la única manera de lograr algo es dejándose enseñar. Dios ha estado ahí para hacerlo. Al igual que papá y mamá.

Vi como una amiga quien por muchos años lucho con Dios y no creer en él, y quien tuvo muchas cosas difíciles en su vida, cumplió uno de sus sueños, formar una familia, y ahora está más que feliz, las lágrimas que alguna vez vivimos en una noche fría en una panadería, aquella misma noche llena de notas salidas de mi guitarra, nunca imaginamos que la historia podría ser hoy lo que es.

He cumplido el sueño de viajar a Brasil porque sí, para hablar en portugués y también el reto de ir sola a otro lugar. Y en realidad nunca estar sola, conocer a Dios como quien lo suple todo. Y por poder gritar, querido esposo donde quieras que estés ya puedes llenar, ya viaje sola.
Vivir una tristeza de no ser aceptada por alguien y saber que los rechazos no son sino algo más que nos forma, nos muestra de que estamos hechos y sobre todo nos vuelven a llevar a reconocer nuestra identidad. Darme cuenta que Dios usa todo para bien, que nos muestra caminos, y nos deja elegir, y espera que lo vinculemos en todo y así tomar las mejores decisiones de nuestra vida.

Ver otra amiga, ser feliz con su amor, sentarme al lado de alguien que me gustaba y ahora él esta con quien el gusta, son cosas por las cuales agradecer porque es como la vida, escenas y escenas que si nos fijamos bien, son cómicas y sacan grandes sonrisas.
Viajar y conocer gente nueva, darse la oportunidad de conocer, vivir, respirar, y sobre todo confiar en que Dios desea y tiene lo mejor para cada uno.
Perdí por primera vez a alguien en mi vida, mi abuela, quien sé que ahora está en el cielo. Y allá nos veremos. Por esto conocí a Dios de manera distinta más profunda, más íntima y supe que estuvo ahí cada momento. Como él solo lo sabe hacer.
He fortalecido lazos de amistad, he aprendido a valorar a otros, entendido lo valiosos que son y la importancia que tienen en mi vida. Entendiendo que las diferencias son lo máximo porque esto es lo que nos hace crecer y saber que Dios es perfecto y que nos diseño de manera maravillosamente especial.
He llorado y he reído. Tengo cosas infinitas por las que agradecer, personas claves que han hecho parte de esto.
Doy gracias a Dios porque no ha sido un año que pasó en vano sino que veo que es más que el anterior.
Pero sobre todo doy gracias por aquellas que uno en teoría no debería agradecer pero lo hago porque es un año en que aprendí que levantar las manos vale más aún los sueños cumplidos. Porque hay un Dios que te guarda que te suple y que te entiende y que tiene lo mejor para ti. Dios cambio mi vida y un año más que me da, un año más que tengo el doble privilegio de enseñar a pequeños y grandes, estoy infinitamente agradecida por la elección que hice hace años de entregarle a Dios todo porque con el todo y cada año y segundo de mi vida ha valido completamente la pena.

jueves, 10 de noviembre de 2016

Jesus Run, como en la vida

Para mi la vida es como una carrera, y en mi caso como Jesus Run, la última carrera que corrí este año, no daré información de donde nace la carrera ni cosas así porque seria publicidad no paga (jaja), pero supongo que pueden entrar a la pagina oficial del evento para conocer dicha información, hablare de la experiencia vivida allí en medio del trote y de todo lo que implica,  pero para entender este texto un poco más, comenzare contándoles que mi sueño era ser atleta profesional competir en juegos olímpicos y cosas así, pero estudie bacteriología y ahora tengo una lavandería. Ese es un chiste que ahora hago, yo me río de mi historia de vida y otros también ríen de ese espectáculo pero para llegar a ese punto realmente tuve que llorar mucho, ya había hablado algo del porque no corro de esa manera, no fue falta de entusiasmo o falta de dinero, o de tener el talento pero no la practica, sino falta de un ligamento que perdí en el colegio a la edad de hace arto.

Por eso digo que vida y quizás algunos se sientan identificados es como una carrera, me inscribieron, yo no quería ir, y así nacimos, nadie pidió nacer, y con esa frase me encontrado varias veces, así me paso en la carrera, no iba a ir por falta de recursos, de animo porque llevaba más de una año sin entrenar por la rodilla que me ha estado  molestando, y porque realmente quería ese festivo dormir y ver series todo el día, pero una amiga me inscribió y heme allí, corriendo, como en la vida, hoy estoy agradecida con la vida que tengo, el lugar que nací, la familia y demás pero no siempre fue así, odie vivir, como "odie" en un principio el regalo de competir en esa carrera. En ambas ahora estoy feliz, y como la carrera fue Jesús quien cambio mi vida, con su amor, así se llamaba el 1k de la carrera, Dios me cambio, me dio propósito, destino.

Correr a veces es difícil, tuve que parar dos veces porque sentía que no iba a poder, no por el estado físico sino por la rodilla que no respondía, y así es la vida a veces sentimos que no podemos, que no damos la talla, mas allá de con los otros, porque nos comparamos, y no sabemos vivir con nosotros mismos, medimos nuestros resultados sean cuales sean y pensamos que eso único que hacemos bien, no lo estamos haciendo como se debe, que fallamos y que no servimos para nada, así se siente uno corriendo y en el paso de los años, la verdad es que no es cierto, somos valiosos, tenemos dones y talentos y no nos definen los resultados sino el encontrar nuestra identidad en Dios.

En esta carrera paso de todo, casi todo el tiempo estuve detrás de un hombre que siempre me gusto, pero que ya se cuadro y ahora es feliz, y es curioso porque como en esos más o menos 3k  pensé que algún día iríamos al mismo ritmo, y ya vi que no, y eso nos pasa aveces vamos detrás de personas que creemos que están a nuestro ritmo y no, pero llegara el día o algunos ya les llego, en que no correremos solos esa carrera sino que estará ahí alguien del que no tendremos que correr detrás o adelante, sino que ajustaremos nuestros ritmos para apoyarnos e ir hombro a hombro, hacia los mismos planes, y se aplica a varias relaciones.

En estas cosas pasan de todo, sí como en la vida, uno va solo, acompañado por ratos, se toma uno selfies, pero alguien siempre esta detrás de escena, en Jesus Run, un primo que me encontré casualmente y en la vida, Dios, dibujandonos el camino y esperando que respondamos a su llamado, él es un padre tierno que se complace en ir a nuestro lado aunque la gente este pero cuando todos se han ido él permanece fiel. De hecho su promesa es que no importa lo que vivamos él va estar ahí siempre, hasta el fin.

Foto por: Jhonny Beltrán


En la carrera espere a unas personas para aplaudirles a su llegada, y fue maravilloso ver sus rostros de <alguien me espera y me hace sentir importante>, ese ha sido Dios para mi, porque él estaba ahí, al final de mi recorrido y me hace saber que él se siente muy bien conmigo y que me ama mucho.

Como en esta aventura que al principio no quería vivir, pero que me recordó cosas y me mostró otras, cada cual tiene un entrenamiento que hacer, unos dones, unas metas que cruzar, personas con las cuales estar, momentos de estar en soledad, momentos de grandeza y momentos de tristezas, alegrías y decepciones, pero desde mi punto de vista todo eso lo podremos vivir con Dios guiándonos, sí así se lo permitimos, él conoce cada detalle, cada aplauso que necesitamos, cada necesidad, cada sueño, y tendrá control sí así queremos, así me paso, al correr lo sentí corriendo junto a mi, animándome y al final poniéndome esa anhelada medalla.












sábado, 3 de septiembre de 2016

Transformación

Lo bueno de que este blog no sea tan conocido, es que puedo cumplir el objetivo por el cual lo cree y fue crear un memorial, para mí y para los hijos, nietos, bisnietos y demás que tendré, algún día. Lo malo es que no llega a tantas personas como me gustaría que en ciertos textos pasara.

Llevo un gran tiempo sin publicar, no porque no tuviera nada que decir, sino porque he aprendido que independiente de que este blog no sea tan conocido, las palabras se deben usar con sabiduría, no porque uno tenga miedo de lo que los demás digan de uno, sino porque dones como estos tienen gran responsabilidad y yo por mi parte quiero hacer la tarea bien, usar las palabras no para maltratar a nadie, ni dejar por escrito cosas que no supe explicar, generar controversia o miles de comentarios no me interesa, me interesa dejar un memorial de lo que sucede en mi vida y si con eso puedo llevar a personas a Dios, con eso estoy más que satisfecha. 

Es por eso que he regresado, podría hablar del amort, y del desamort, quería hablar de que el amort es una decisión, pero después me dije que no. Y vengo a hablar de cuán asombrada estoy de cuanto Dios me ha cambiado y ha cambiado la vida de muchas personas que he podido conocer. 

El jueves de esta semana llore como niña, al ver como Dios trasforma gente, y hoy estoy viendo cosas tan asombrosas que también rompí en llanto. La gente y me refiero a las redes sociales se la pasan en discusiones tontas, de que hicieron de que no hicieron, que publicaron que no publicaron, me gusta leer comentarios y reírme, no porque pretenda tener la razón en los temas, sino porque la gente encontró el lugar para criticar, y pelear por tonterías. El hecho es que la gente se la pasa peleando y yo hoy solo quiero decir que independiente de lo que la gente piense, diga o sienta, Dios cambia vidas, y eso es asombroso. 

Hay personas que no quieren estar con Dios, y cuando sé eso me da dolor, no porque pretenda imponerles lo que creo, sino que cuando veo vidas cambiadas por Dios me encantaría que otros pudieran vivir eso. 

Mi vida cambió desde que conocí a Dios, vivía confundía, llena de dolor, de faltantes, me vestía detrás de una ropa grande tratando de ocultarme, supongo que aún de mí misma. La verdad es que no tenía sentido mi vida, lloraba queriendo morirme, salía a caminar en las noches esperando un milagro o quizás buscando tentar a la muerte, a nadie le contaba como me sentía realmente, pero sí sabía que era caminar de gancho con el dolor profundo, la falta de sentido, ver todo lo malo en todos y en todo. Convivía con la soledad. Pero como decía, mi vida cambió, pasó de ser oscura a ser llena de color. Ahora me despierto con ganas de cantar, de trabajar, de estudiar y con esperanza del provenir.

Veo que no solo es mi vida trasformada sino la de otros, tengo el privilegio de experimentarlo, de verlo, de ver jóvenes, que estuvieron al borde de la muerte, y luego verlos felices construyendo familia. Eso no tiene precio, y quiero seguir dando mi vida para ver a otros cambiar de rumbo, entregándose su vida a Dios y dejando que él haga como sabe. Dejando que él traiga verdadera paz, sanidad, libertad, amor. 

Dios es real, más real que el aire que respiro al escribir este texto y no me cansare de decirlo, existe, me ama, me cambio, ama la gente y los transforma y también puede hacerlo con quien lea este texto. Conocer a Dios fue la mejor decisión y el mejor riesgo que me atreví a tomar y ha valido toda la pena. 

El susurro de Dios en la pausa

“Parar de hablar” es algo que viví recientemente. Podía hablar, sí, pero no debía hacerlo. Y fue interesante, porque el libro de Proverbios ...