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lunes, 4 de noviembre de 2013

Auto conmiseración

Caminar por alguna ciudad, en especial hablo de la que caminó a diario, Bogotá, es encontrarse con realidades que para algunas personas son libros o producto de la imaginación. Para nosotros son realidades.

Una de ellas es la autoconmiseración, existen muchas formas de ellas, empecemos por la propia, soy de las que decía que pobre de mi, porque no tenía cosas o porque quien sabe si alcanzaría otras, me evaluó y pienso en todo aquello, que dije y pensaba en un momento, fijó mi mirada en lo que viene por delante, y en la cruz, que limpió todo esa autoconmiseración. Cuando pensé que era sólo algo propio o de mi familia, note que también es una cosa en la ciudad y de las personas. Y que aún compramos eso, autoconmiseración. 

Un día se subí en un bus, iba camino a mi casa, desde la universidad, se subió un señor a vender dulces, con una actitud que me impresiono, dijo algo como "Esta mi manera de trabajar,estos son los dulces que vendo, valen tanto, quien desee alguno me acerco y con gusto, lo vendo" Sonreía, y ya, dio gracias y se bajó del bus. Pocos compraron. Al rato, subió alguien más a vender algún producto que no recuerdo, no recuerdo porque su discurso fue parecido al que muchos tienen "Por favor colaboren tengo tantos hijos que mantener, somos pobres, el gobierno no ayuda, no hay trabajo, es mejor vender que subirse a robar". Muchos le compraron. 

Dependiendo de la historia de vida que cuenten, y no digo que sean falsas, sólo que algunas sí lo son como aquel a quien se le murió un hijo semanalmente y no tiene para el entierro, o aquel a quien lo acabaron de robar y no dejaron sin nada, y tiene el brazo lleno, de sangre, con costra de muchos días, dependiendo de esas historias, es más la compra del producto. Es decir que comparamos y vendemos autoconmiseracion. 

Lo triste de esto no es verlo en los buses o no, sino que a veces somos de esos que vendemos y compramos autoconmiseración, nos quejamos buscando compasión o atención de los otros, tenemos una visión del dolor del tamaño de nuestro ego, de nuestro yo, lo cuento porque he sido de esas, hasta que fui confrontada por un mensaje que escuche ya hace varios años.

Lo que me impresiona no es la autoconmiseración, sino ese termino que es tan distinto la resiliencia que según wikipedia es "la capacidad de los sujetos para sobreponerse a períodos de dolor emocional y traumas." La primera vez que leí ese termino fue en una novela, donde hablaban de muchas cosas, pero de como un niño en Brasil había logrado salir del estar huérfano y sin nada con el amor de otros y disfrutando de la playa y el fútbol, esto me llevo a pensar que todos tenemos maneras distintas de sobre llevar lo que nos pasa en los momentos difíciles de la vida, pero lo que me cautivo es que muchas veces estaba tan enfocada en mi ombligo que olvidaba que esas cosas lo único que hacían era generar distorsión del real diseño con el que fui creada.


Tengo tanto por hacer y cada lector de este blog tendrá tanto por hacer un plan bien diseñado que si decide aceptarlo al estilo "Mision Imposible" tendremos que asumir que la autoconmiseracion solo nos sirve para cargar unas maletas pesadas que en la vida con el pasar de los años, nos dejaran ver que esa vida se fue y no hicimos nada con ella, y al final estaremos tan ciegos que eso nos comerá vivos.

Creo que tenemos las herramientas precisas, no hablo de que lo podemos todo y ve y camina una cuadra tomate un café contigo porque para mi todas esas cosas de autosuperacion son de las que mas generan sentimientos inadecuados, es una visión personal, solo puedo decir que el único que nos puede quitar ese lastre de vergüenza y de soledad que se unen a la autoconmiseracion es esa cruz, es Jesús.


miércoles, 2 de mayo de 2012

Pánico

Dos eventos me llevaron a pensar en el pánico, el primero de ellos, fue que íbamos hacia las pirámides de Chichén Itzá, y el bus se quedo varado en el camino, en un lugar, que hasta parecía un pueblo fantasma, pues el calor y la lentitud de sus habitantes mostraba que hace mucho ellos dejaron de hacer las cosas de afán como suele pasar en las grandes ciudades, por eso es que obviamente los que iban en el bus comenzaron a hablar en sus propias lenguas, español, ingles, francés y otras que no lograba comprender o por lo menos no me eran familiares. Luego impresionantemente, los rostros de la gente, el pánico, las preguntas de ¿y ahora que va a pasar?, supongo las quejas en esos idiomas por las expresiones de sus rostros, y también las que escuchaba en español, mientras todo eso sucedía, yo quería tener al lado el computador para escribir lo emocionada que me sentía al ver que un plan se salia del plan, puesto que ello me daría una historia que contar y mil más que imaginar. Así que, allí estábamos, diferentes personas, diferentes culturas, diferentes idiomas, diferentes maneras de ver la vida, pero todos en pánico, como quien no sabe que va pasar, sin aire acondicionado, sin comida, en medio de un pueblo que como ya mencione hasta fantasma parecía, además los olores desgragradables comenzaban a aparecer, una señora que no tengo idea que nacionalidad tenia, comenzó a sudar y de su cuerpo salia ese lindo olor a chucha, o sobaco como dirían los Mexicanos, así que los que estaban frente a ella comenzaron a desesperarse, algunos nos bajamos del bus, yo quería caminar el pueblo, pero no era posible, ya que no se sabia si el tiempo de espera iba a ser largo o corto, otros bajaron a ver que pasaba ya que no decían nada y muchos hombres se acercaron a ver si ellos podrían saber el problema que causo que el bus nos dejara allí.

Al parecer fue una cosa insignificante pero además chistosa, el bus estaba sin combustible, lo intentaron arrancar y por unos segundos todos gritaron y aplaudieron se veían las caras de alegría y de por fin nos vamos, luego se volvió a apagar el bus y todos nuevamente en conjunto y sin ser planeardo lanzaron una onomatopeya de desespero, algo como un aaaa. Finalmente, luego de unos minutos, el bus volvió a arrancar y todo volvió a la normalidad del viaje.


El segundo fue como había contado algo anteriormente, en el avión cuando mamá se enfermo. Para hacer un recorderis, ella, mi madre, y yo terminamos en la parte de atrás donde van los azafatos y azafatas y desde allí llamaron para ver si habia un medico entre nosotros, que pudiera colaborar, todos los pasajeros del avión voltearon a mirar hacia atrás, y se escuchaban susurros como ¿qué paso?, ¿ quien se enfermo?, todos al tiempo mirando, susurrando, y luego algunos caminaban hacia atrás como intentado mirar que era lo que pasaba y que iba a pasar.

Es increíble como respondemos todos a esos estímulos, de que algo nos pase y no tenemos el control, me gusta lo que dice wikipedia (es la primera fuente que aparece en google) frente al ataque de pánico y es: “La persona que sufre episodios de pánico se siente súbitamente aterrorizada sin una razón evidente para sí misma o para los demás.” Y cuantas veces no nos hemos paniqueado y el miedo nos ha bloqueado, cuantas veces el miedo a perder, a ser juzgados, a fallar, a soñar, no ha hecho que como decía un filósofo que conocí eso nos pase:  “Muchas veces somos nosotros la ruina de nuestros sueños.” Y creo que cuando decimos que no sabemos como vamos a reaccionar en ciertas situaciones es porque nos ha faltado conocernos y mirarnos, hacer ciertos procesos,  si bien muchas cosas se saldrán de nuestras manos, yo he conocido y estoy sumamente agradecida por ello, a quien si tiene el control de todo, que cuando me paniqueo corro a Él, que como dice en reto de valientes “No me promete una explicación pero si estar conmigo”. Así que querido lector o lectora, no es el simple hecho de contarles una historia más de Cancune sino es contarles que si también le ha pasado, y se paniquean y sienten miedo, nervios, y no saben que será del futuro,  hay alguien que sabe todo y con Él se vive mejor, solo es querer que él este allí.

El susurro de Dios en la pausa

“Parar de hablar” es algo que viví recientemente. Podía hablar, sí, pero no debía hacerlo. Y fue interesante, porque el libro de Proverbios ...