Llevo pensando por días en lo vivido y, sin duda alguna, estoy completamente agradecida con Dios por lo que hizo en este viaje. Algunas de estas cosas quiero plasmarlas en el blog para no olvidarlas, como efectivamente ha sido este blog, el cual trata de tener esta remembranza de lo que Dios ha hecho con el pasar del tiempo. Siempre he dicho que, cuando tenga hijos, les mostraré un poco de lo que ha sido mi proceso con Dios y de todo lo que Él ha hecho a lo largo del tiempo.
Estaba en Buenos Aires y recordé varias cosas que ya había vivido hacía aproximadamente una década, cuando había viajado a la misma ciudad. Esta vez fue completamente diferente porque he pasado por muchas cosas que Dios ha hecho, y definitivamente esta ciudad me recuerda lo que Dios hizo hace varias temporadas, donde empezó a sanar mi corazón y empezó a traer libertad sobre mi vida. Empezó a traer sanidad, pero esta vez lo experimenté de una manera muy tangible y distinta.
Fue poder compartir, primero, con una de las personas que se ha convertido en mi hermana, en alguien que admiro, quiero muchísimo y que ha sido un regalo de Dios. Definitivamente, marca este final de mis 38 años para arrancar los 39. Creo que las personas son regalos y, definitivamente, el regalo de esta querida hermana se ha vuelto uno de los mejores regalos de mi vida.
Y sucede que precisamente estaba en uno de los lugares donde había tenido una mala experiencia en el pasado. Estaba en el Puente de la Mujer, y allí había vivido un momento doloroso. Pero cuando estuvimos ahí, el Señor cambió este recuerdo. Simplemente nos tomamos una foto en medio del día, que estaba bien frío, pero cuyo frío no impidió que su calor nos acompañara. Nos tomamos una foto en este lugar porque alguien más nos pidió que le tomáramos una foto y, allí, Él cambió un recuerdo que por muchos años me había acompañado con tristeza. Esta vez fue un momento de felicidad.
Así que, por este episodio y muchos más que viví durante el viaje, empecé a ver algo: había disfrutado a Dios en medio de mis momentos dolorosos. Algunos de ellos los narro aquí en este blog: la pérdida de los dientes, la ruptura de ligamento, la soledad en tantos momentos, el rechazo y el abandono de tantas personas. Pero durante este viaje me sentí como en familia, y es algo que agradezco tanto a Dios por permitírmelo vivir.
Así que he descubierto que Dios está en el disfrute.
La verdad, no esperaba que esto me pasara. Creo que había experimentado un Dios que estaba en medio de mi dolor, que estaba en medio de las circunstancias difíciles, que estaba en medio de los momentos dolorosos; en los momentos donde Él seca las lágrimas, en los momentos donde Él acompaña cuando nadie está. Pero había sido difícil para mí identificar a Dios en medio de las cosas buenas que le pueden pasar a uno en la vida.
Estaba precisamente escuchando un podcast que me recomendaron acerca de cómo Dios permite que disfrutemos las cosas de la vida, y me impacta Eclesiastés porque dice que Dios les permite estar felices y que se olvidan aun de rumiar su pasado por disfrutar la vida.
Me pareció extraordinario porque, efectivamente, en este viaje estaba disfrutando tantos buenos momentos. Simplemente me paraba a observar los paisajes, tomaba fotos, pensaba y contemplaba todo lo que Dios estaba haciendo. No podía creer que pudiera compartir con alguien tantos espacios: comer, caminar, reír, orar juntos, leer la Biblia juntos. Y no podía dejar de ver tantas cosas que tuve en este viaje y decir: «¡Guau! Dios es impresionante al dejarme verlo en medio del disfrute».
Para mí fue como poder ver a Dios en esto: estoy disfrutando algo que Él me está regalando, y es la vida de otra persona, si se puede decir así. Poder disfrutar a esa persona y poder ser acompañada es de las cosas que siempre ha anhelado mi corazón.
Así que, cuando caminaba por las calles de Córdoba, las calles de Buenos Aires y las calles de Iguazú, y veía el agua que derramaba estas fuentes, era impresionante ver cómo, por primera vez, estaba en un viaje por tanto tiempo con alguien y podía disfrutar de esa persona, de su compañía, de sus chistes, de todo lo que hacíamos.
Para mí fue tan avasallador ver cómo Dios me estaba diciendo: «Te estoy dando un regalo». Y ha sido impresionante ver a Dios en este viaje.
Tal vez no tengo las palabras adecuadas para decir lo que se siente tener personas que te acompañen, pero que te hagan sentir amada a pesar de cómo eres o no eres, sino simplemente que te amen por quien eres, a pesar de mis ronquidos.
Así que escribo este texto para no olvidar que Dios está en medio del disfrute, que Dios está en medio de las risas, que Dios está en medio de la compañía, que Dios está en el centro. Que Dios visita en las noches con fuego en medio de unas noches frías. Que Dios visita cuando estamos comiendo. Que Él sana cuando nos sentimos enfermos. Que otra persona puede orar por ti y podemos ver milagros sobrenaturales, cómo Dios nos sana.
Y esto también es súper sanador para mí porque, por mucho tiempo, cuando estuve enferma, simplemente miraba cómo podía solucionarlo sola. Pero no había, tal vez, alguien que orara por mí en ese mismo instante. Había vivido muchos momentos diferentes a este, y fue como ver a Dios a través de este regalo de esta nueva hermana que tengo en mi vida.
Tal vez este texto no sea público porque es demasiado íntimo para mí, como todas las cosas que Dios hizo, como tantos recuerdos que Dios sanó.
Y pensaba: ¿cómo Dios sana en medio de volver a hacer nuevos recuerdos? No solo sana mi memoria a través de cerrar mis ojos y tener momentos de oración y encuentro con Él, sino de estar físicamente en un lugar donde estuve antes y en nuevos lugares, y darme nuevos recuerdos.
Me ha parecido demasiado bondadoso Dios. No porque Su cruz y todo lo que significó no fuera suficiente, sino precisamente porque la cruz es suficiente. Pude tener ahora esta capacidad de disfrute y esta nueva forma de ver la vida: ver la vida con nuevos colores, ver la vida con arcoíris que nos perseguían.
Para mí, el arcoíris tiene un gran significado porque, cuando Dios me empezó a sanar, me dio nuevos colores. Literalmente lo hizo con pintura de colores y, desde ese momento, creo que el arcoíris en las nubes se ha convertido en uno de mis códigos con Dios.
Y allí podía ver el arcoíris, no en las nubes, sino en medio del agua. Puede ser que para muchos esto sea algo que pasa siempre en Iguazú, pero para mí era como: «¡Guau! Impresionante cómo Dios nos seguía con estos arcoíris».
Fue impresionante cómo pude recibir abrazos que necesitaba, pude recibir cariño que necesitaba, pude ver que alguien me quiere, que no me rechaza, que no me abandona. Aunque yo me sentía a veces un poco extraña porque solía no saber cómo recibirlo, lo estoy aprendiendo. Y esto ha sido maravilloso.
Así que, pues, un texto que parece un poco desordenado y que tiene un poco de recuerdos que tal vez solo adquieren sentido para mí, pero quiero dejarlos por escrito para recordar que puedo disfrutar a Dios en el disfrute, que en Su presencia hay plenitud de gozo y que, cuando lo he buscado a Él, de verdad que nos da unas añadiduras que me hacen decir: «Gracias, Dios».
Definitivamente, es solo porque Dios ha sido bueno conmigo.
Y mientras escribo estas notas, mis ojos se llenan de lágrimas. Se han llenado de lágrimas al ver las fotografías del viaje, los videos del viaje y pensar: cuán bueno ha sido Dios al darme este enorme regalo de Su presencia en mi vida, pero también de darme una persona que me acompañe. Una persona que está a mi lado, que es amiga, que es consejera, que es chistosa, que es tierna, compasiva, humilde, y me recuerda a Jesús caminando con Sus discípulos y mostrándoles tanto amor, mostrándoles tanta ternura y diciéndoles a los otros que, de esa misma manera que Él amaba, amaran a los otros.
Así que siento que amo más al Señor después de este viaje. Si eso es posible: poder amar más a Dios y poder amar más a las personas. Siento que en este viaje es así.
Y es inevitable poder decir: «¡wow! Estoy aprendiendo a disfrutar a Dios en medio del disfrute». Me ha dado como esta capacidad de disfrutar y de ver los cielos abiertos cada vez que hablamos, por cielos abiertos; cada vez que se abrieron las nubes; cada vez que me preguntaba esta persona si quería que hiciera una cosa u otra.
Y es tan fácil querer a alguien que también te quiere.
Yo sé que la Biblia dice que queramos a los que no nos quieren, pero estaba pensando cuántas veces quise a muchas personas que no me han querido. Y haberme sentido amada, de la forma en la que me sentía amada por Dios en este viaje y también por esta persona, ha sido precioso, maravilloso.
Estoy agradecida con Dios y quiero dejar una nota para Él. Sé que es chistoso, pero quiero decirle:
«Dios, gracias. Gracias por dejarme disfrutar en medio del disfrute. Déjame recordar siempre cada cosa que hiciste en este viaje, cada momento que me regalaste, cada comida. Cuando nos sentamos a comer y tenía alguien con quien compartir el desayuno, tenía alguien con quien compartir el almuerzo, tenía alguien con quien compartir la cena, tenía alguien con quien orar, tenía alguien a quien abrazar, tenía alguien que me tomara del brazo cuando pasábamos los semáforos, porque, jaja, y ella daba un poco de nervios».
Y todas estas cosas las disfruté muchísimo. Disfruté cada café, disfruté cada atardecer, disfruté cada noche. Disfruté cada noche voltear a mirar y ver a esta hermana y decir: «Papá, por favor, bendícela. Cumple tus propósitos en ella».
Y fue eso demasiado maravilloso. Fue maravilloso todo, que aún me dan nervios escribirlo porque ha sido como algo tan nuevo para mí: el poder disfrutar y saber que disfrutar no está mal, sino que es regalo de Dios.
Muchas veces lo había dicho, como: «Hay que disfrutar la vida». Había leído un libro sobre eso, pero este viaje marcó cómo se puede disfrutar la vida. Se puede disfrutar a Dios y al que está a nuestro lado. Y para mí es demasiado sorprendente.
Así que quiero dejar un texto que me recuerde, con el paso de los años, lo maravilloso que ha sido Dios al darme el regalo de una preciosa amiga, mi mejor amiga en este momento y mi hermana, y a quien le pido al Señor que me permita conservar.
Y estoy completamente agradecida.








