viernes, 23 de octubre de 2026

Disfrutar a Dios en medio del disfrute

Escribir en el blog definitivamente se me da muy bien cuando he viajado, y este último viaje que realicé, tal vez, ha sido uno de los mejores de mi vida, o ha sido el mejor de mi vida. No porque los otros no fueran importantes, sino porque este ha marcado una significancia que los otros no habían marcado. Por eso, este nuevo texto en el blog trata acerca de este nuevo viaje que realicé a Argentina.

Llevo pensando por días en lo vivido y, sin duda alguna, estoy completamente agradecida con Dios por lo que hizo en este viaje. Algunas de estas cosas quiero plasmarlas en el blog para no olvidarlas, como efectivamente ha sido este blog, el cual trata de tener esta remembranza de lo que Dios ha hecho con el pasar del tiempo. Siempre he dicho que, cuando tenga hijos, les mostraré un poco de lo que ha sido mi proceso con Dios y de todo lo que Él ha hecho a lo largo del tiempo.

Estaba en Buenos Aires y recordé varias cosas que ya había vivido hacía aproximadamente una década, cuando había viajado a la misma ciudad. Esta vez fue completamente diferente porque he pasado por muchas cosas que Dios ha hecho, y definitivamente esta ciudad me recuerda lo que Dios hizo hace varias temporadas, donde empezó a sanar mi corazón y empezó a traer libertad sobre mi vida. Empezó a traer sanidad, pero esta vez lo experimenté de una manera muy tangible y distinta.

Fue poder compartir, primero, con una de las personas que se ha convertido en mi hermana, en alguien que admiro, quiero muchísimo y que ha sido un regalo de Dios. Definitivamente, marca este final de mis 38 años para arrancar los 39. Creo que las personas son regalos y, definitivamente, el regalo de esta querida hermana se ha vuelto uno de los mejores regalos de mi vida.

Y sucede que precisamente estaba en uno de los lugares donde había tenido una mala experiencia en el pasado. Estaba en el Puente de la Mujer, y allí había vivido un momento doloroso. Pero cuando estuvimos ahí, el Señor cambió este recuerdo. Simplemente nos tomamos una foto en medio del día, que estaba bien frío, pero cuyo frío no impidió que su calor nos acompañara. Nos tomamos una foto en este lugar porque alguien más nos pidió que le tomáramos una foto y, allí, Él cambió un recuerdo que por muchos años me había acompañado con tristeza. Esta vez fue un momento de felicidad.

Así que, por este episodio y muchos más que viví durante el viaje, empecé a ver algo: había disfrutado a Dios en medio de mis momentos dolorosos. Algunos de ellos los narro aquí en este blog: la pérdida de los dientes, la ruptura de ligamento, la soledad en tantos momentos, el rechazo y el abandono de tantas personas. Pero durante este viaje me sentí como en familia, y es algo que agradezco tanto a Dios por permitírmelo vivir.

Así que he descubierto que Dios está en el disfrute.




La verdad, no esperaba que esto me pasara. Creo que había experimentado un Dios que estaba en medio de mi dolor, que estaba en medio de las circunstancias difíciles, que estaba en medio de los momentos dolorosos; en los momentos donde Él seca las lágrimas, en los momentos donde Él acompaña cuando nadie está. Pero había sido difícil para mí identificar a Dios en medio de las cosas buenas que le pueden pasar a uno en la vida.

Estaba precisamente escuchando un podcast que me recomendaron acerca de cómo Dios permite que disfrutemos las cosas de la vida, y me impacta Eclesiastés porque dice que Dios les permite estar felices y que se olvidan aun de rumiar su pasado por disfrutar la vida.

Me pareció extraordinario porque, efectivamente, en este viaje estaba disfrutando tantos buenos momentos. Simplemente me paraba a observar los paisajes, tomaba fotos, pensaba y contemplaba todo lo que Dios estaba haciendo. No podía creer que pudiera compartir con alguien tantos espacios: comer, caminar, reír, orar juntos, leer la Biblia juntos. Y no podía dejar de ver tantas cosas que tuve en este viaje y decir: «¡Guau! Dios es impresionante al dejarme verlo en medio del disfrute».

Para mí fue como poder ver a Dios en esto: estoy disfrutando algo que Él me está regalando, y es la vida de otra persona, si se puede decir así. Poder disfrutar a esa persona y poder ser acompañada es de las cosas que siempre ha anhelado mi corazón.

Así que, cuando caminaba por las calles de Córdoba, las calles de Buenos Aires y las calles de Iguazú, y veía el agua que derramaba estas fuentes, era impresionante ver cómo, por primera vez, estaba en un viaje por tanto tiempo con alguien y podía disfrutar de esa persona, de su compañía, de sus chistes, de todo lo que hacíamos.

Para mí fue tan avasallador ver cómo Dios me estaba diciendo: «Te estoy dando un regalo». Y ha sido impresionante ver a Dios en este viaje.

Tal vez no tengo las palabras adecuadas para decir lo que se siente tener personas que te acompañen, pero que te hagan sentir amada a pesar de cómo eres o no eres, sino simplemente que te amen por quien eres, a pesar de mis ronquidos.

Así que escribo este texto para no olvidar que Dios está en medio del disfrute, que Dios está en medio de las risas, que Dios está en medio de la compañía, que Dios está en el centro. Que Dios visita en las noches con fuego en medio de unas noches frías. Que Dios visita cuando estamos comiendo. Que Él sana cuando nos sentimos enfermos. Que otra persona puede orar por ti y podemos ver milagros sobrenaturales, cómo Dios nos sana.

Y esto también es súper sanador para mí porque, por mucho tiempo, cuando estuve enferma, simplemente miraba cómo podía solucionarlo sola. Pero no había, tal vez, alguien que orara por mí en ese mismo instante. Había vivido muchos momentos diferentes a este, y fue como ver a Dios a través de este regalo de esta nueva hermana que tengo en mi vida.

Tal vez este texto no sea público porque es demasiado íntimo para mí, como todas las cosas que Dios hizo, como tantos recuerdos que Dios sanó.

Y pensaba: ¿cómo Dios sana en medio de volver a hacer nuevos recuerdos? No solo sana mi memoria a través de cerrar mis ojos y tener momentos de oración y encuentro con Él, sino de estar físicamente en un lugar donde estuve antes y en nuevos lugares, y darme nuevos recuerdos.

Me ha parecido demasiado bondadoso Dios. No porque Su cruz y todo lo que significó no fuera suficiente, sino precisamente porque la cruz es suficiente. Pude tener ahora esta capacidad de disfrute y esta nueva forma de ver la vida: ver la vida con nuevos colores, ver la vida con arcoíris que nos perseguían.

Para mí, el arcoíris tiene un gran significado porque, cuando Dios me empezó a sanar, me dio nuevos colores. Literalmente lo hizo con pintura de colores y, desde ese momento, creo que el arcoíris en las nubes se ha convertido en uno de mis códigos con Dios.

Y allí podía ver el arcoíris, no en las nubes, sino en medio del agua. Puede ser que para muchos esto sea algo que pasa siempre en Iguazú, pero para mí era como: «¡Guau! Impresionante cómo Dios nos seguía con estos arcoíris».

Fue impresionante cómo pude recibir abrazos que necesitaba, pude recibir cariño que necesitaba, pude ver que alguien me quiere, que no me rechaza, que no me abandona. Aunque yo me sentía a veces un poco extraña porque solía no saber cómo recibirlo, lo estoy aprendiendo. Y esto ha sido maravilloso.

Así que, pues, un texto que parece un poco desordenado y que tiene un poco de recuerdos que tal vez solo adquieren sentido para mí, pero quiero dejarlos por escrito para recordar que puedo disfrutar a Dios en el disfrute, que en Su presencia hay plenitud de gozo y que, cuando lo he buscado a Él, de verdad que nos da unas añadiduras que me hacen decir: «Gracias, Dios».

Definitivamente, es solo porque Dios ha sido bueno conmigo.

Y mientras escribo estas notas, mis ojos se llenan de lágrimas. Se han llenado de lágrimas al ver las fotografías del viaje, los videos del viaje y pensar: cuán bueno ha sido Dios al darme este enorme regalo de Su presencia en mi vida, pero también de darme una persona que me acompañe. Una persona que está a mi lado, que es amiga, que es consejera, que es chistosa, que es tierna, compasiva, humilde, y me recuerda a Jesús caminando con Sus discípulos y mostrándoles tanto amor, mostrándoles tanta ternura y diciéndoles a los otros que, de esa misma manera que Él amaba, amaran a los otros.

Así que siento que amo más al Señor después de este viaje. Si eso es posible: poder amar más a Dios y poder amar más a las personas. Siento que en este viaje es así.

Y es inevitable poder decir: «¡wow! Estoy aprendiendo a disfrutar a Dios en medio del disfrute». Me ha dado como esta capacidad de disfrutar y de ver los cielos abiertos cada vez que hablamos, por cielos abiertos; cada vez que se abrieron las nubes; cada vez que me preguntaba esta persona si quería que hiciera una cosa u otra.

Y es tan fácil querer a alguien que también te quiere.




Yo sé que la Biblia dice que queramos a los que no nos quieren, pero estaba pensando cuántas veces quise a muchas personas que no me han querido. Y haberme sentido amada, de la forma en la que me sentía amada por Dios en este viaje y también por esta persona, ha sido precioso, maravilloso.

Estoy agradecida con Dios y quiero dejar una nota para Él. Sé que es chistoso, pero quiero decirle:

«Dios, gracias. Gracias por dejarme disfrutar en medio del disfrute. Déjame recordar siempre cada cosa que hiciste en este viaje, cada momento que me regalaste, cada comida. Cuando nos sentamos a comer y tenía alguien con quien compartir el desayuno, tenía alguien con quien compartir el almuerzo, tenía alguien con quien compartir la cena, tenía alguien con quien orar, tenía alguien a quien abrazar, tenía alguien que me tomara del brazo cuando pasábamos los semáforos, porque, jaja, y ella daba un poco de nervios».

Y todas estas cosas las disfruté muchísimo. Disfruté cada café, disfruté cada atardecer, disfruté cada noche. Disfruté cada noche voltear a mirar y ver a esta hermana y decir: «Papá, por favor, bendícela. Cumple tus propósitos en ella».

Y fue eso demasiado maravilloso. Fue maravilloso todo, que aún me dan nervios escribirlo porque ha sido como algo tan nuevo para mí: el poder disfrutar y saber que disfrutar no está mal, sino que es regalo de Dios.

Muchas veces lo había dicho, como: «Hay que disfrutar la vida». Había leído un libro sobre eso, pero este viaje marcó cómo se puede disfrutar la vida. Se puede disfrutar a Dios y al que está a nuestro lado. Y para mí es demasiado sorprendente.

Así que quiero dejar un texto que me recuerde, con el paso de los años, lo maravilloso que ha sido Dios al darme el regalo de una preciosa amiga, mi mejor amiga en este momento y mi hermana, y a quien le pido al Señor que me permita conservar.

Y estoy completamente agradecida.

martes, 16 de diciembre de 2025

El susurro de Dios en la pausa

“Parar de hablar” es algo que viví recientemente. Podía hablar, sí, pero no debía hacerlo. Y fue interesante, porque el libro de Proverbios habla constantemente de la importancia de escuchar más que de hablar: “El que es sabio refrena sus palabras” (Proverbios 17:27), y “Aun el necio, cuando calla, es contado por sabio” (Proverbios 17:28).

Debido a una nueva cirugía en mi boca, por un proceso de recuperación de encías, el tratamiento pedía entrar en un tiempo de silencio.

Quienes me conocen saben que hablo hasta por los codos. Aunque me considero una buena oyente, cuando soy escuchada me siento amada. En medio de este proceso pude observar muchas cosas: cómo algunas personas pueden hablar y hablar sin parar; cómo otras se sienten incómodas con el silencio; y cómo hay quienes no hablan porque yo no hablo. Todo esto me llevó a una reflexión más profunda.

Me preguntaba cómo se sentirá Dios cuando, en nuestros tiempos de oración, hablamos sin parar —como “loros mojados”— pero no nos detenemos a escucharlo. Y aun así, qué hermoso es nuestro Dios, que nos escucha todo el tiempo. Quizás, si tomáramos más pausas, podríamos también oír lo que Él dice en medio del silencio. David expresa algo así cuando dice: “Esperaré en silencio delante de Dios, porque de Él viene mi salvación” (Salmo 62:1).

También pensé en pasajes de la Biblia donde se confronta esta realidad. Jesús citó al profeta Isaías diciendo: “Este pueblo de labios me honra, pero su corazón está lejos de mí” (Isaías 29:13; Mateo 15:8). En estos días, muchas de mis oraciones han sido solo gemidos y palabras del corazón, y eso me llevó a preguntarme cuántas veces lo que dice mi boca realmente está alineado con lo que hay en mi corazón. ¿Honro a Dios aun cuando no puedo hablar? ¿Y qué saldrá de mis labios cuando vuelva a hacerlo? Recordé también que “el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles” (Romanos 8:26).

Una historia que siempre me ha impactado es la de Ana, la mamá de Samuel (1 Samuel 1). Hace un tiempo estuve estudiando su vida y me conmovió profundamente: ella podía hablar, pero oró desde lo más profundo de su corazón; sus labios se movían, pero no se oía su voz. Su clamor fue tan intenso y sincero que el sacerdote Elí pensó que estaba borracha. Su oración fue mucho más allá de las palabras. Y me pregunté: ¿Cómo sería nuestra oración si fuéramos más conscientes del corazón y no solo de los labios?

También pensé en Zacarías, el padre de Juan el Bautista (Lucas 1). Él quedó en silencio por un tiempo, pero cuando finalmente abrió sus labios, profetizó sobre el Salvador que vendría y sobre el propósito de su pequeño hijo. Eso me hizo pensar y orar: que cuando vuelva a hablar, pueda expresar las palabras que nacieron en mi interior, palabras que se encontraron con el Salvador en medio de este tiempo de silencio.

Finalmente, el Selah cobró un significado más profundo para mí. Creo que no hacemos tantas pausas como deberíamos para meditar en lo que Dios dice. En especial me habló el Salmo 67, donde se menciona cómo Dios hace resplandecer su rostro sobre nosotros. Lo sentí como la mirada de un padre hacia su hijo. Pude experimentar, de una manera segura, estar frágil en los brazos de Papá, descansar en Él y confiar en que tiene todo bajo control.

De todo este proceso, lo que más me impacta es la convicción profunda de cuán bueno es Dios. Hubo un momento en el que decidí enfocarme solo en Su presencia, en quién es Él. Saber que Dios es tan bueno es algo verdaderamente asombroso.


Como dice Cantares: “Todo él es codiciable” (Cantares 5:16). No hay nadie como mi Amado. Y a Él quiero adorar por la eternidad: desde mi corazón, y cuando pueda volver a hacerlo, también con mis labios.

domingo, 19 de octubre de 2025

El hilo invisible del amor de Dios

Tengo la fortuna de estudiar en una maravillosa escuela de lo sobrenatural. Estos días viví una semana sumergida en todo lo que se podía experimentar de manera presencial. Aún sigo procesando todo lo vivido. Sin embargo, como quienes me han leído por años saben, este blog no busca tanto contar mis experiencias, sino recordar la bondad de Dios a lo largo del tiempo.

En primer lugar, quiero decir que desde los documentos para el viaje hasta la provisión, todo ha sido una cadena de milagros asombrosos. Eran cosas que antes no me sucedían, pero como me dijo una excelente amiga: “Ahora sí te pasan.”

No contaré quizás cada detalle de lo vivido, pero no puedo dejar de pensar en el hilo conductor que percibí en todo. En una de las charlas, una persona habló acerca de la sanidad que Dios quería traer a quienes no habíamos sentido Su presencia en momentos difíciles de soledad. Al escucharlo, sentí en mi corazón que había llegado el tiempo de mirar esos momentos pasados y reconocer la presencia de Dios en ellos.

Luego, una mujer maravillosa me abrazó de una manera que solo puedo describir como el abrazo de Dios. No sé cuánto tiempo lloré en sus brazos, pero sentía cómo se iban de mi corazón los recuerdos dolorosos que había cargado por tanto tiempo. Ella no dijo ni una palabra, pero experimenté un consuelo tan profundo, como si el cielo entero me envolviera. Era el abrazo que tantas veces le pedí a Dios en aquellas temporadas donde no recibí abrazos, sino que, por el contrario, viví situaciones muy dolorosas.

Ese abrazo no cerró todo, pero sí abrió un proceso. En las conversaciones que tuve con Dios después, dos personas diferentes me hablaron sobre lo mismo: que Él me permitiría experimentar relaciones donde sería amada como Él me ama. No puedo contar las veces que he orado por eso, porque quienes me conocen saben que, después de Dios, las relaciones son lo más importante para mí. Así que allí estaba yo, con lágrimas por doquier, escuchando a Dios hablarme sobre esa área tan sensible de mi corazón.

Durante esos días le pedí a Dios un momento especial con alguien que quiero mucho y que ha sido clave en todo este proceso de transformación que he vivido en el último año. Ella me hizo un par de preguntas, oró por mí y me abrazó. Fue un momento tan hermoso que guardo como un tesoro en mi corazón.

Para mí, todo esto tiene un hilo conductor divino: el mismo propósito que se cumplió en la cruz, restaurar nuestra relación con Dios, pero también con los demás —en lo vertical y en lo horizontal—. Este texto es solo un breve resumen de lo vivido, para no olvidarlo y poder contarlo con más detalle a quien desee escucharlo.

Estoy profundamente abrumada por Su amor. Como decía estos días, cuando uno se encuentra verdaderamente con el amor de Dios, eso inevitablemente se refleja en un amor desbordante hacia otros.

No puedo comprender cómo el Dios del universo se fija en mí, me ve y me ama… pero sí deseo ir cada vez más profundo en Él. Como bien dice una persona a quien admiro y quiero mucho: “Con Dios siempre hay más… mucho más.”




lunes, 13 de octubre de 2025

Entre hojas que caen y promesas que florecen

Dice la Biblia: “Tiempo y ocasión acontecen a todos.”

No había tenido la oportunidad de estar en una temporada de transición, de paso de una estación a otra. Durante este viaje he sentido a Dios hablándome acerca de una nueva temporada para mi vida, que coincide con la temporada en la que está entrando la ciudad en la que me encuentro.


 

Cuando llegué, el sol brillaba maravillosamente, y ahora han comenzado a soplar vientos un tanto fríos para mí. La experiencia ha sido extraordinaria: ver cómo las hojas, poco a poco, van cambiando de verde a tonos amarillos, luego a naranjas y finalmente a cafés.

Me gusta esta nueva temporada en la que estoy entrando, por las promesas que estoy recibiendo, porque son oraciones contestadas de años. Sin embargo, no desprecio lo vivido, porque cada temporada trae su tiempo y su ocasión.



 

Deseo tomarlo todo, caminando con Dios hacia esta nueva invitación que Él me hace: si aprendí a sonreír cuando la higuera no florecía, ahora mi alegría aumentará al ver los higos florecer y las vides dar su olor.

A puertas de cumplir años, solo puedo estar agradecida con mi amado Dios, que ha sido tan fiel y tan bueno. Estoy emocionada por lo que viene. En esta semana he experimentado un rompimiento en el área del amor, porque muchas veces intenté alcanzarlo. Aunque en mi mente me repetía que no tenía que hacerlo, en mi interior seguía luchando. Ahora lo sé: mi mente ha tenido un cambio completo.


 

Abrazo esta nueva temporada, que por fin logro vivir desde el amor y no desde el temor, el miedo o el abandono.

Quizás así fue también para Jacob: luchaba por alcanzar tantas cosas en su vida, hasta que tuvo un encuentro con su Creador. Ese encuentro no solo le cambió el nombre, sino que lo transformó completamente. Me impresiona porque, en estos días, tuve una visión que no quiero olvidar. Tal como Jacob nombró el lugar donde se encontró con Dios, también yo me encontré con Él en Bethel. Pude ver el cielo abrirse y ángeles subiendo y bajando. Supe entonces que este es un nuevo tiempo, no solo porque yo lo anhelara, sino porque Él ya lo tenía escrito en Su libro. A Él le place darnos más de Sí mismo y de Su ternura.

Estoy feliz de saber que ya no viviré desde el trauma, sino que todo será usado para bendecir a otros, para mostrarles las bondades que Él ha hecho conmigo. Si lo ha hecho conmigo, también está disponible para todo aquel que quiera recibirlo.



miércoles, 18 de junio de 2025

Buenos regalos

Hace un año entre en un tiempo con Dios de profunda sanidad, para ser muy honesta no se como eso se iba a ver un año después, y estoy muy agradecida con Dios por la obra que ha hecho y seguirá haciendo en mí.

Por estos días he pensado en un valor fundamental del reino y es que la salvación nos da una identidad gozosa, no dejo de pensar en ello porque así siento que ha pasado con mi vida, entre más le conozco y me sumerjo en Él mi corazón estalla de un gozo inexplicable.

“Ahora vivimos en el poder de la sanidad, la verdad, el gozo y de una vida plena que nos permite hacer lo que Dios quiere que hagamos, anhelar lo que Dios anhela y nos hace vivir una vida movida por el corazón de Dios” dice el autor Dann Farrelly.

Y estoy tan de acuerdo con esto, en la medida en que le conocemos y Él se nos es revelado y nos revela nuestra verdadera identidad, nuestra vida es transformada.

También estoy completamente agradecida con Dios por los regalos que me ha dado, y no me refiero a cosas materiales sino a las personas maravillosas que me dio en este proceso, y mucho antes de esto, y quien creo que Dios me ha dado como tesoros para mantener relaciones de pacto.

Es curioso por que toda mi vida había creído que las relaciones podían ser por muchos años con propósito y vivía algo triste al ver que quizás lo que yo leía de pequeña en la biblia no lo había visto de la forma correcta, relaciones como las de Jonatan y David, por ejemplo, y sin embrago quien conoce la profundidad de nuestro corazón porque Él mismo es demasiado profundo fue quien se las invento, y he encontrado ese tipo de relaciones y estoy tan agradecida con Dios por ello.

Son buenos regalos, no los merezco son por gracia, pero los disfruto demasiado, pienso en el paralitico llevado por sus amigos a Jesús, rompiendo techos para que él pudiera recibir de Dios todo lo que tenia preparado, sanidad, pero salvación, y es que esas relaciones son las que te llevan no a convertirte en una mejor versión de ti mismo sino en llegar a ser más como Jesús.

Soy afortunada, y quiero dejarlo por escrito, porque ha significado sanidad para mi corazón, Dios es tan generoso que nos da su amor, pero tan generoso que nos muestra su amor también a través de otros y eso es un regalo inmerecido por el que quiero decir gracias.

Solo puedo decir que esta última temporada ha sido repuesta de muchas oraciones de años, estoy agradecida y feliz, sabiendo que nuestro amado nos ha amado con amor eterno para estar con Él y otros, eso me hace sentir con el corazón llenito, y dejar un texto para recordarlo es una manera de recordar en el futuro el camino recorrido y celebrar a Dios por que siempre ha sido bueno.



miércoles, 10 de julio de 2024

Alfarero

Vivir con dolor es una cosa muy fuerte. Escribo esto mientras me pasan electricidad en uno de mis pies. Aquí estoy en rehabilitación tratando de vivir sin dolor sino con sanidad completa. Tristemente hay dolores que no se pueden tratar a menos que Dios obre los milagros que Él sabe hacer.

A veces pensamos que el dolor emocional es parecido, que no hay forma de quitarlo, arrancarlo, y por fin abandonarlo. Personalmente he descubierto que sí se puede vivir sin dolor emocional, en el sentido de la sanidad de la herida y no en el sentido de que nunca vayamos a volver a ser lastimados.

Por estos días pensaba mucho en esta historia maravillosa que está en Jeremías.

“Levántate y vete a casa del alfarero, y allí te haré oír mis palabras. Y descendí a casa del alfarero, y he aquí que él trabajaba sobre la rueda. Y la vasija de barro que él hacía se echó a perder en su mano; y volvió y la hizo otra vasija, según le pareció mejor hacerla.
Entonces vino a mí palabra de Jehová, diciendo: ¿No podré yo hacer de vosotros como este alfarero, oh casa de Israel? dice Jehová. He aquí que como el barro en la mano del alfarero, así sois vosotros en mi mano, oh casa de Israel.” Jeremías 18:2-6.

Y pensé mucho en esto porque de repente me encontré en una situación parecida si pudiera decir. Es como si Dios supiera que era tiempo de hablarme acerca de heridas del pasado. Entonces me llevo a su casa una vez más, a la casa del alfarero, y allí comenzó a hablarme de múltiples situaciones que había vivido, yo había intentado simplemente dejar que eso cicatrizara y seguir adelante así sin ningún proceso de limpieza y recuperación, porque hay cicatrices que han sanado con el proceso adecuado y otras que aún duelen por falta de tratamiento.

Y allí me encontraba yo, con un dolor de la boca al estómago que no lograba identificar, me pregunté ¿Qué había hecho antes para evitarlo? ¿Qué hacer para pasar la página? Intente hacer las cosas del pasado, distracción en muchas formas “sanas” sin embargo la voz suave de Dios me indicó que quería varios días para tratar con mi alma, con mi corazón, con estas heridas, en contra de Él y de otros.

Fueron días bastante difíciles, de llorar, llorar y llorar mucho. De pensar cómo cuando me hacen el masaje en el pie, por favor no más, pero recordar lo que dice Joyce Meyer: Es mejor el dolor de pasar por la sanidad que el dolor de vivir en ella.

Así que aunque quise huir mucho, le dije a Dios que está bien que estaba en sus manos así como la vasija rota en las manos del alfarero.

Hablamos horas, caminamos horas, lloramos horas, fui vulnerable con Dios por muchos días, cada recuerdo fue sacado, fue entregado a Él, no había nada de superficialidad en los temas hablados.

Fue una cirugía a corazón abierto, solo que no había anestesia, porque no había un medicamento para tomar para este dolor.

Descubrimos heridas que ni recordaba y también como eso me ha afectado en mi forma de relacionarme, descubrí porque digo ciertas frases o las veces que hago tremendo drama de ciertas situaciones.

Sin embargo el dulce Espíritu Santo estuvo ahí para darme consuelo, para abrazarme y decirme que Él sabía lo que dolía pero que mirara hacia la cruz donde aún esas heridas fueron llevadas. Y entonces el iba a restaurar, y así lo ha hecho.

La vergüenza quería tomar el control, también la culpabilidad por tantos errores cometidos, y sin embargo la cruz y su sangre seguían siendo suficientes para cubrirme.

Fueron y han sido días muy fuertes, de mucha libertad, porque también había que ser consciente que de todo esto el maligno se quería aprovechar. Pero aún en la cruz fue humillado públicamente. Fue derrotado.

Sigo en el camino de aprender del que creó las relaciones, del que me amo tanto y me acepto tanto, que sabe que soy barro, que soy una vasija rota en sus manos, y que su deseo es sanarme para seguir haciendo su obra en mi.

Yo le dije que era más fácil volver a aislarse o no luchar por las relaciones y Él me mostró la imagen de Jesús buscando a Pedro, haciéndole pescado y diciéndole ¿me amas? ¿Me quieres? Y esa imagen me trasformó, nuestro Jesús no nos necesita, y sin embargo nos busca y desea que nos relacionemos así con los otros, que los amemos tal cual nos ama Él, no menos, no más, solo como Él lo hace, fiel, leal, incondicional.

No sé que viene hacia el futuro sólo sé que ha sido un tiempo profundo en el cual estoy creciendo y que espero seguir creciendo en especial con personas que Dios nos deja amar profundamente.

Obvio es más fácil vivir solos pero fuimos creados para conexión profunda con Él y con otros, espero los otros también me permitan estar ahí para seguir yendo al alfarero y un día reírnos de lo duro que fue pero lo sanador que también lo es.

Cómo me dijo alguien a quien considero un tesoro y quien espero me deje seguir construyendo: “Si queremos llegar rápido estar solos, pero si queremos llegar más lejos estar acompañados” o como lo diría la biblia "Mejor son dos que uno" que aplica para todas las relaciones y no solo el matrimonio.

Y por último me queda decir que al gran alfarero no se le va ningún dolor emocional de las manos y Él es suficiente medicina para nuestra alma, y nos ayudará en cada parte del proceso.



jueves, 28 de abril de 2022

Viviendo el milagro

 Se acerca el primer año de haber sufrido un accidente grave en bici, grave porque pude llegar a perder la vida, sin embrago, hoy casi un año después estoy viviendo el milagro. 

Sin lugar a dudas, no ha sido un tiempo fácil, aunque muchos me ven sonreír sin dientes, he pasado varios días al espejo, después de la caída, limpiando las heridas, orando porque no se caigan más dientes, llorando al cepillarme cada vez que tengo un control médico, comiendo con pitillo cuando la boca vuelve y se inflama, tapando eventualmente mi boca cuando me rio, porque siento que la gente me mira el hueco entre los dientes.

Trato de ser normal, de hacer como que nada pasa, pero a veces reviso las fotografías, y me da un poco de tristeza no tener los dientes, todo nace porque por muchos años no sonreí, los vacíos profundos, el abuso, la ruptura del matrimonio de mis padres, las relaciones quebradas familiares, el enojo guardado, las heridas sin sanar, el conocer a Dios y sentir que no hacia nada por mi, los deseos de morir, y llorar pidiendo morir, entre tantas cosas, hacían que no sonriera. 

La adolescencia, siendo juzgada por no ser como otras niñas, no tener novios para guardarme para un matrimonio, el ser juzgada por creer en un Dios que mis compañeros de colegio criticaban y adicional tener dientes grandes, sí grandes, porque para mi pequeño rostro de adolescente esos dientes eran inmensos. 

Entonces Dios me encontró y él empezó a sanarme las heridas del corazón, y empecé a sonreír con esos dientes grandes que ya no se veían así porque había crecido y ya se moldeaban a mi rostro que ya no era de niña sino de adulta. 

Sonreí a medida que Dios sanaba las heridas y esos cuadros oscuros y dolorosos mencionados anteriormente, ya me reía a carcajadas y comencé a mostrar mis dientes en las fotos, sí, antes no lo hacia, no tenia motivos para hacerlo, pero ahora encontrándome con la mirada de Dios podía sonreír. 

La gente me lo hizo notar, me decían que yo era muy alegre, que contaba buenos chistes, que me veía feliz y entonces me di cuenta que Dios me había cumplido lo que había escuchado de niña, que mi boca se llenaría de risa y mi lengua de alabanza, por fin tenia razones para vivir. 

Por eso perder mis dientes, no fue fácil, me he repetido una y otra vez, que tal vez se me quería quitar la sonrisa pero nunca la alegría de vivir, sin embargo, el dolor quiere meter todas esas promesas y esos regalos de sanidad y de vida en un cajón y olvidarlos por completo. 

Es ahí donde recuerdo que estoy viviendo un milagro y que lo que se me fue arrebatado, sea aquí o en el cielo me será recompensado, llegara el día donde no habrá más llanto, ni dolor,  por eso seguiré viviendo el milagro, que aunque nadie entiende lo que para mi significo perder una parte importante de mi cuerpo, recordare que esto me ha llevado a conocer partes de Dios que desconocía, y saber que en su cuerpo perdió partes para darlas por la mía. 

Qué mayor milagro que su cruz y su resurrección, su muerte para darme vida. 

Primera foto en la que sonreí de nuevo después del accidente


Disfrutar a Dios en medio del disfrute

Escribir en el blog definitivamente se me da muy bien cuando he viajado, y este último viaje que realicé, tal vez, ha sido uno de los mejore...