martes, 16 de diciembre de 2025
El susurro de Dios en la pausa
Debido a una nueva cirugía en mi boca, por un proceso de recuperación de encías, el tratamiento pedía entrar en un tiempo de silencio.
Quienes me conocen saben que hablo hasta por los codos. Aunque me considero una buena oyente, cuando soy escuchada me siento amada. En medio de este proceso pude observar muchas cosas: cómo algunas personas pueden hablar y hablar sin parar; cómo otras se sienten incómodas con el silencio; y cómo hay quienes no hablan porque yo no hablo. Todo esto me llevó a una reflexión más profunda.
Me preguntaba cómo se sentirá Dios cuando, en nuestros tiempos de oración, hablamos sin parar —como “loros mojados”— pero no nos detenemos a escucharlo. Y aun así, qué hermoso es nuestro Dios, que nos escucha todo el tiempo. Quizás, si tomáramos más pausas, podríamos también oír lo que Él dice en medio del silencio. David expresa algo así cuando dice: “Esperaré en silencio delante de Dios, porque de Él viene mi salvación” (Salmo 62:1).
También pensé en pasajes de la Biblia donde se confronta esta realidad. Jesús citó al profeta Isaías diciendo: “Este pueblo de labios me honra, pero su corazón está lejos de mí” (Isaías 29:13; Mateo 15:8). En estos días, muchas de mis oraciones han sido solo gemidos y palabras del corazón, y eso me llevó a preguntarme cuántas veces lo que dice mi boca realmente está alineado con lo que hay en mi corazón. ¿Honro a Dios aun cuando no puedo hablar? ¿Y qué saldrá de mis labios cuando vuelva a hacerlo? Recordé también que “el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles” (Romanos 8:26).
Una historia que siempre me ha impactado es la de Ana, la mamá de Samuel (1 Samuel 1). Hace un tiempo estuve estudiando su vida y me conmovió profundamente: ella podía hablar, pero oró desde lo más profundo de su corazón; sus labios se movían, pero no se oía su voz. Su clamor fue tan intenso y sincero que el sacerdote Elí pensó que estaba borracha. Su oración fue mucho más allá de las palabras. Y me pregunté: ¿Cómo sería nuestra oración si fuéramos más conscientes del corazón y no solo de los labios?
También pensé en Zacarías, el padre de Juan el Bautista (Lucas 1). Él quedó en silencio por un tiempo, pero cuando finalmente abrió sus labios, profetizó sobre el Salvador que vendría y sobre el propósito de su pequeño hijo. Eso me hizo pensar y orar: que cuando vuelva a hablar, pueda expresar las palabras que nacieron en mi interior, palabras que se encontraron con el Salvador en medio de este tiempo de silencio.
Finalmente, el Selah cobró un significado más profundo para mí. Creo que no hacemos tantas pausas como deberíamos para meditar en lo que Dios dice. En especial me habló el Salmo 67, donde se menciona cómo Dios hace resplandecer su rostro sobre nosotros. Lo sentí como la mirada de un padre hacia su hijo. Pude experimentar, de una manera segura, estar frágil en los brazos de Papá, descansar en Él y confiar en que tiene todo bajo control.
De todo este proceso, lo que más me impacta es la convicción profunda de cuán bueno es Dios. Hubo un momento en el que decidí enfocarme solo en Su presencia, en quién es Él. Saber que Dios es tan bueno es algo verdaderamente asombroso.
Como dice Cantares: “Todo él es codiciable” (Cantares 5:16). No hay nadie como mi Amado. Y a Él quiero adorar por la eternidad: desde mi corazón, y cuando pueda volver a hacerlo, también con mis labios.
domingo, 19 de octubre de 2025
El hilo invisible del amor de Dios
Tengo la fortuna de estudiar en una maravillosa escuela de lo sobrenatural. Estos días viví una semana sumergida en todo lo que se podía experimentar de manera presencial. Aún sigo procesando todo lo vivido. Sin embargo, como quienes me han leído por años saben, este blog no busca tanto contar mis experiencias, sino recordar la bondad de Dios a lo largo del tiempo.
En primer lugar, quiero decir que desde los documentos para el viaje hasta la provisión, todo ha sido una cadena de milagros asombrosos. Eran cosas que antes no me sucedían, pero como me dijo una excelente amiga: “Ahora sí te pasan.”
No contaré quizás cada detalle de lo vivido, pero no puedo dejar de pensar en el hilo conductor que percibí en todo. En una de las charlas, una persona habló acerca de la sanidad que Dios quería traer a quienes no habíamos sentido Su presencia en momentos difíciles de soledad. Al escucharlo, sentí en mi corazón que había llegado el tiempo de mirar esos momentos pasados y reconocer la presencia de Dios en ellos.
Luego, una mujer maravillosa me abrazó de una manera que solo puedo describir como el abrazo de Dios. No sé cuánto tiempo lloré en sus brazos, pero sentía cómo se iban de mi corazón los recuerdos dolorosos que había cargado por tanto tiempo. Ella no dijo ni una palabra, pero experimenté un consuelo tan profundo, como si el cielo entero me envolviera. Era el abrazo que tantas veces le pedí a Dios en aquellas temporadas donde no recibí abrazos, sino que, por el contrario, viví situaciones muy dolorosas.
Ese abrazo no cerró todo, pero sí abrió un proceso. En las conversaciones que tuve con Dios después, dos personas diferentes me hablaron sobre lo mismo: que Él me permitiría experimentar relaciones donde sería amada como Él me ama. No puedo contar las veces que he orado por eso, porque quienes me conocen saben que, después de Dios, las relaciones son lo más importante para mí. Así que allí estaba yo, con lágrimas por doquier, escuchando a Dios hablarme sobre esa área tan sensible de mi corazón.
Durante esos días le pedí a Dios un momento especial con alguien que quiero mucho y que ha sido clave en todo este proceso de transformación que he vivido en el último año. Ella me hizo un par de preguntas, oró por mí y me abrazó. Fue un momento tan hermoso que guardo como un tesoro en mi corazón.
Para mí, todo esto tiene un hilo conductor divino: el mismo propósito que se cumplió en la cruz, restaurar nuestra relación con Dios, pero también con los demás —en lo vertical y en lo horizontal—. Este texto es solo un breve resumen de lo vivido, para no olvidarlo y poder contarlo con más detalle a quien desee escucharlo.
Estoy profundamente abrumada por Su amor. Como decía estos días, cuando uno se encuentra verdaderamente con el amor de Dios, eso inevitablemente se refleja en un amor desbordante hacia otros.
No puedo comprender cómo el Dios del universo se fija en mí, me ve y me ama… pero sí deseo ir cada vez más profundo en Él. Como bien dice una persona a quien admiro y quiero mucho: “Con Dios siempre hay más… mucho más.”
lunes, 13 de octubre de 2025
Entre hojas que caen y promesas que florecen
No había tenido la oportunidad de estar en una temporada de transición, de paso de una estación a otra. Durante este viaje he sentido a Dios hablándome acerca de una nueva temporada para mi vida, que coincide con la temporada en la que está entrando la ciudad en la que me encuentro.
Cuando llegué, el sol brillaba maravillosamente, y ahora han comenzado a soplar vientos un tanto fríos para mí. La experiencia ha sido extraordinaria: ver cómo las hojas, poco a poco, van cambiando de verde a tonos amarillos, luego a naranjas y finalmente a cafés.
Me gusta esta nueva temporada en la que estoy entrando, por las promesas que estoy recibiendo, porque son oraciones contestadas de años. Sin embargo, no desprecio lo vivido, porque cada temporada trae su tiempo y su ocasión.
Deseo tomarlo todo, caminando con Dios hacia esta nueva invitación que Él me hace: si aprendí a sonreír cuando la higuera no florecía, ahora mi alegría aumentará al ver los higos florecer y las vides dar su olor.
A puertas de cumplir años, solo puedo estar agradecida con mi amado Dios, que ha sido tan fiel y tan bueno. Estoy emocionada por lo que viene. En esta semana he experimentado un rompimiento en el área del amor, porque muchas veces intenté alcanzarlo. Aunque en mi mente me repetía que no tenía que hacerlo, en mi interior seguía luchando. Ahora lo sé: mi mente ha tenido un cambio completo.
Abrazo esta nueva temporada, que por fin logro vivir desde el amor y no desde el temor, el miedo o el abandono.
Quizás así fue también para Jacob: luchaba por alcanzar tantas cosas en su vida, hasta que tuvo un encuentro con su Creador. Ese encuentro no solo le cambió el nombre, sino que lo transformó completamente. Me impresiona porque, en estos días, tuve una visión que no quiero olvidar. Tal como Jacob nombró el lugar donde se encontró con Dios, también yo me encontré con Él en Bethel. Pude ver el cielo abrirse y ángeles subiendo y bajando. Supe entonces que este es un nuevo tiempo, no solo porque yo lo anhelara, sino porque Él ya lo tenía escrito en Su libro. A Él le place darnos más de Sí mismo y de Su ternura.
Estoy feliz de saber que ya no viviré desde el trauma, sino que todo será usado para bendecir a otros, para mostrarles las bondades que Él ha hecho conmigo. Si lo ha hecho conmigo, también está disponible para todo aquel que quiera recibirlo.
miércoles, 18 de junio de 2025
Buenos regalos
Por estos días he pensado en un valor fundamental del reino y es que la salvación nos da una identidad gozosa, no dejo de pensar en ello porque así siento que ha pasado con mi vida, entre más le conozco y me sumerjo en Él mi corazón estalla de un gozo inexplicable.
“Ahora vivimos en el poder de la sanidad, la verdad, el gozo y de una vida plena que nos permite hacer lo que Dios quiere que hagamos, anhelar lo que Dios anhela y nos hace vivir una vida movida por el corazón de Dios” dice el autor Dann Farrelly.
Y estoy tan de acuerdo con esto, en la medida en que le conocemos y Él se nos es revelado y nos revela nuestra verdadera identidad, nuestra vida es transformada.
También estoy completamente agradecida con Dios por los regalos que me ha dado, y no me refiero a cosas materiales sino a las personas maravillosas que me dio en este proceso, y mucho antes de esto, y quien creo que Dios me ha dado como tesoros para mantener relaciones de pacto.
Es curioso por que toda mi vida había creído que las relaciones podían ser por muchos años con propósito y vivía algo triste al ver que quizás lo que yo leía de pequeña en la biblia no lo había visto de la forma correcta, relaciones como las de Jonatan y David, por ejemplo, y sin embrago quien conoce la profundidad de nuestro corazón porque Él mismo es demasiado profundo fue quien se las invento, y he encontrado ese tipo de relaciones y estoy tan agradecida con Dios por ello.
Son buenos regalos, no los merezco son por gracia, pero los disfruto demasiado, pienso en el paralitico llevado por sus amigos a Jesús, rompiendo techos para que él pudiera recibir de Dios todo lo que tenia preparado, sanidad, pero salvación, y es que esas relaciones son las que te llevan no a convertirte en una mejor versión de ti mismo sino en llegar a ser más como Jesús.
Soy afortunada, y quiero dejarlo por escrito, porque ha significado sanidad para mi corazón, Dios es tan generoso que nos da su amor, pero tan generoso que nos muestra su amor también a través de otros y eso es un regalo inmerecido por el que quiero decir gracias.
Solo puedo decir que esta última temporada ha sido repuesta de muchas oraciones de años, estoy agradecida y feliz, sabiendo que nuestro amado nos ha amado con amor eterno para estar con Él y otros, eso me hace sentir con el corazón llenito, y dejar un texto para recordarlo es una manera de recordar en el futuro el camino recorrido y celebrar a Dios por que siempre ha sido bueno.
miércoles, 10 de julio de 2024
Alfarero
A veces pensamos que el dolor emocional es parecido, que no hay forma de quitarlo, arrancarlo, y por fin abandonarlo. Personalmente he descubierto que sí se puede vivir sin dolor emocional, en el sentido de la sanidad de la herida y no en el sentido de que nunca vayamos a volver a ser lastimados.
Por estos días pensaba mucho en esta historia maravillosa que está en Jeremías.
“Levántate y vete a casa del alfarero, y allí te haré oír mis palabras. Y descendí a casa del alfarero, y he aquí que él trabajaba sobre la rueda. Y la vasija de barro que él hacía se echó a perder en su mano; y volvió y la hizo otra vasija, según le pareció mejor hacerla.
Entonces vino a mí palabra de Jehová, diciendo: ¿No podré yo hacer de vosotros como este alfarero, oh casa de Israel? dice Jehová. He aquí que como el barro en la mano del alfarero, así sois vosotros en mi mano, oh casa de Israel.” Jeremías 18:2-6.
Y pensé mucho en esto porque de repente me encontré en una situación parecida si pudiera decir. Es como si Dios supiera que era tiempo de hablarme acerca de heridas del pasado. Entonces me llevo a su casa una vez más, a la casa del alfarero, y allí comenzó a hablarme de múltiples situaciones que había vivido, yo había intentado simplemente dejar que eso cicatrizara y seguir adelante así sin ningún proceso de limpieza y recuperación, porque hay cicatrices que han sanado con el proceso adecuado y otras que aún duelen por falta de tratamiento.
Y allí me encontraba yo, con un dolor de la boca al estómago que no lograba identificar, me pregunté ¿Qué había hecho antes para evitarlo? ¿Qué hacer para pasar la página? Intente hacer las cosas del pasado, distracción en muchas formas “sanas” sin embargo la voz suave de Dios me indicó que quería varios días para tratar con mi alma, con mi corazón, con estas heridas, en contra de Él y de otros.
Fueron días bastante difíciles, de llorar, llorar y llorar mucho. De pensar cómo cuando me hacen el masaje en el pie, por favor no más, pero recordar lo que dice Joyce Meyer: Es mejor el dolor de pasar por la sanidad que el dolor de vivir en ella.
Así que aunque quise huir mucho, le dije a Dios que está bien que estaba en sus manos así como la vasija rota en las manos del alfarero.
Hablamos horas, caminamos horas, lloramos horas, fui vulnerable con Dios por muchos días, cada recuerdo fue sacado, fue entregado a Él, no había nada de superficialidad en los temas hablados.
Fue una cirugía a corazón abierto, solo que no había anestesia, porque no había un medicamento para tomar para este dolor.
Descubrimos heridas que ni recordaba y también como eso me ha afectado en mi forma de relacionarme, descubrí porque digo ciertas frases o las veces que hago tremendo drama de ciertas situaciones.
Sin embargo el dulce Espíritu Santo estuvo ahí para darme consuelo, para abrazarme y decirme que Él sabía lo que dolía pero que mirara hacia la cruz donde aún esas heridas fueron llevadas. Y entonces el iba a restaurar, y así lo ha hecho.
La vergüenza quería tomar el control, también la culpabilidad por tantos errores cometidos, y sin embargo la cruz y su sangre seguían siendo suficientes para cubrirme.
Fueron y han sido días muy fuertes, de mucha libertad, porque también había que ser consciente que de todo esto el maligno se quería aprovechar. Pero aún en la cruz fue humillado públicamente. Fue derrotado.
Sigo en el camino de aprender del que creó las relaciones, del que me amo tanto y me acepto tanto, que sabe que soy barro, que soy una vasija rota en sus manos, y que su deseo es sanarme para seguir haciendo su obra en mi.
Yo le dije que era más fácil volver a aislarse o no luchar por las relaciones y Él me mostró la imagen de Jesús buscando a Pedro, haciéndole pescado y diciéndole ¿me amas? ¿Me quieres? Y esa imagen me trasformó, nuestro Jesús no nos necesita, y sin embargo nos busca y desea que nos relacionemos así con los otros, que los amemos tal cual nos ama Él, no menos, no más, solo como Él lo hace, fiel, leal, incondicional.
No sé que viene hacia el futuro sólo sé que ha sido un tiempo profundo en el cual estoy creciendo y que espero seguir creciendo en especial con personas que Dios nos deja amar profundamente.
Obvio es más fácil vivir solos pero fuimos creados para conexión profunda con Él y con otros, espero los otros también me permitan estar ahí para seguir yendo al alfarero y un día reírnos de lo duro que fue pero lo sanador que también lo es.
Cómo me dijo alguien a quien considero un tesoro y quien espero me deje seguir construyendo: “Si queremos llegar rápido estar solos, pero si queremos llegar más lejos estar acompañados” o como lo diría la biblia "Mejor son dos que uno" que aplica para todas las relaciones y no solo el matrimonio.
Y por último me queda decir que al gran alfarero no se le va ningún dolor emocional de las manos y Él es suficiente medicina para nuestra alma, y nos ayudará en cada parte del proceso.
jueves, 28 de abril de 2022
Viviendo el milagro
Se acerca el primer año de haber sufrido un accidente grave en bici, grave porque pude llegar a perder la vida, sin embrago, hoy casi un año después estoy viviendo el milagro.
Sin lugar a dudas, no ha sido un tiempo fácil, aunque muchos me ven sonreír sin dientes, he pasado varios días al espejo, después de la caída, limpiando las heridas, orando porque no se caigan más dientes, llorando al cepillarme cada vez que tengo un control médico, comiendo con pitillo cuando la boca vuelve y se inflama, tapando eventualmente mi boca cuando me rio, porque siento que la gente me mira el hueco entre los dientes.
Trato de ser normal, de hacer como que nada pasa, pero a veces reviso las fotografías, y me da un poco de tristeza no tener los dientes, todo nace porque por muchos años no sonreí, los vacíos profundos, el abuso, la ruptura del matrimonio de mis padres, las relaciones quebradas familiares, el enojo guardado, las heridas sin sanar, el conocer a Dios y sentir que no hacia nada por mi, los deseos de morir, y llorar pidiendo morir, entre tantas cosas, hacían que no sonriera.
La adolescencia, siendo juzgada por no ser como otras niñas, no tener novios para guardarme para un matrimonio, el ser juzgada por creer en un Dios que mis compañeros de colegio criticaban y adicional tener dientes grandes, sí grandes, porque para mi pequeño rostro de adolescente esos dientes eran inmensos.
Entonces Dios me encontró y él empezó a sanarme las heridas del corazón, y empecé a sonreír con esos dientes grandes que ya no se veían así porque había crecido y ya se moldeaban a mi rostro que ya no era de niña sino de adulta.
Sonreí a medida que Dios sanaba las heridas y esos cuadros oscuros y dolorosos mencionados anteriormente, ya me reía a carcajadas y comencé a mostrar mis dientes en las fotos, sí, antes no lo hacia, no tenia motivos para hacerlo, pero ahora encontrándome con la mirada de Dios podía sonreír.
La gente me lo hizo notar, me decían que yo era muy alegre, que contaba buenos chistes, que me veía feliz y entonces me di cuenta que Dios me había cumplido lo que había escuchado de niña, que mi boca se llenaría de risa y mi lengua de alabanza, por fin tenia razones para vivir.
Por eso perder mis dientes, no fue fácil, me he repetido una y otra vez, que tal vez se me quería quitar la sonrisa pero nunca la alegría de vivir, sin embargo, el dolor quiere meter todas esas promesas y esos regalos de sanidad y de vida en un cajón y olvidarlos por completo.
Es ahí donde recuerdo que estoy viviendo un milagro y que lo que se me fue arrebatado, sea aquí o en el cielo me será recompensado, llegara el día donde no habrá más llanto, ni dolor, por eso seguiré viviendo el milagro, que aunque nadie entiende lo que para mi significo perder una parte importante de mi cuerpo, recordare que esto me ha llevado a conocer partes de Dios que desconocía, y saber que en su cuerpo perdió partes para darlas por la mía.
Qué mayor milagro que su cruz y su resurrección, su muerte para darme vida.
Primera foto en la que sonreí de nuevo después del accidente
lunes, 17 de mayo de 2021
El club de la pelea
Alguna vez vi una película titulada con el nombre que decidí darle a esta entrada, creo que no la volvería a ver, y la verdad no recuerdo mucho la trama, solo recuerdo el trauma, habían tantos golpes que los hombres terminaban con el rostro y el cuerpo hecho trizas. Así como resulto mi rostro y mi cuerpo luego de una salida a montar bici como un día normal que solía hacer ejercicio en domingo.
Antes de que quien lea este texto lo continúe leyendo tiene que saber que todo esto por más loco, absurdo, o fuera de los cabales por efecto de la anestesia, que les pueda parecer, fue real, así lo viví, y fue aterrador y a la vez maravilloso.
Salí un domingo a montar bici, revise la bici sin ningún inconveniente más que algo baja de aire, le puse aire y empecé mi camino a hacer tal vez según yo unos 30 o 40 km, al estar en el recorrido la llanta de adelante salió a volar, eso lo supe después, lo que recuerdo es estar escuchando una canción, y que todo paso en segundos, estaba en el suelo, con dolor en mi rostro, con sangre por donde mirara.
Se me acerco un señor, yo creo que fue Dios enviándome un Ángel, recuerdo que me dijo: "tranquila tu estas bien, a la bici se le salió la llanta de adelante", él le puso la llanta a la bici y no supe más de él. Varias personas comenzaron a acercarse, todo era borroso como lo que se vive dentro de un sueño, solo escuchaba sus voces, la gente me preguntaba que si me había estrellado con alguien o algo por el estilo, claro, la bici ya había sido acomodada, así que estaba muy confuso todo.
Logre comunicarme con mamá sin poder hablar, alguien tomo mi celular y le conto lo que estaba sucediendo, este texto se llama el club de la pelea por la forma en que me vi ese día pero también porque creo que en ese mismo instante se inicio una pelea por mi vida.
No me rompí la cabeza, ni me desnuque, lo cual ya era un milagro, es como si esas partes hubieran sido guardadas, estando en el suelo, llena de sangre y de dolor tan solo pude empezar a orar en mi mente, pidiéndole a Dios que me ayudara, pues este dolor físico es quizás el más difícil que he experimentado.
Solo tenia oración en mi cabeza, dolor en todo mi cuerpo, en especial mi rostro, y una canción que resonaba en mi mente, "todo lo que viene del enemigo lo trasformas para bien", desde allí comprendí que ese momento había sido algo muy difícil, pude enviar un mensaje para pedir oración y creo que fue tan importante contar con quien levanto al cielo un clamor por mi, porque mi dolor era absurdo, pero lo que experimentaba, y el saber que habían personas peleando por mi en oración me hicieron soportar aquel momento.
Camino a urgencias, solo podía pensar en un texto que encuentro en la biblia: "A los que aman a Dios Todas las cosas ayudan a bien", ¿Cómo podría tener eso en mi mente en un momento tan difícil?, sentía los dientes del frente tanto de arriba como abajo, totalmente desplazados, y solo podía pensar en la cruz, ¿Cómo Jesús pudo experimentar tanto dolor? por eso lo llaman, varón de dolores, a eso me aferre, a pensar en él, en que él me entendía y podría ayudarme a vivir tan trágico momento para mi.
Pensé mucho en él en mi camino a urgencias, en la sala de espera, en donde todo él que se me acercaba me miraba con pánico en los ojos, ¿Cómo se estaría viendo mi rostro para que tantas expresiones fueran de desagrado y asombro? ¿Cómo se vería el rostro de Jesús camino al Gólgota y clavado en la cruz?
Fue un tiempo de mucho dolor, lo cual no lo voy a describir al detalle, lo que sí quiero compartir, es que el solo hecho de no haber muerto ese día, ya es un milagro, por un momento pensé que ese iba a ser mi ultimo día aquí, pero Dios una vez más como en el pasado, volvió a salvarme de la muerte, y hoy vivo para contar ese milagro.
Como segundo milagro fue su compañía en cada momento, podrán llamarme loca pero así fue, lo sentí ahí, estando junto a mi cumpliendo su promesa que "aunque en el mundo tuviera aflicción confiara que el había vencido y había prometido estar todos los días hasta el fin".
Luego en la toma de radiografías algo maravilloso sucedió, se veía mi muñeca de la mano izquierda fracturada, y tenia dolor, los doctores estaban muy confundidos, porque una y otra vez me venia a preguntar, si alguna vez antes de esto yo había sido enyesada en esa muñeca o que si había sufrido una caída de hace años atrás, lo cual nunca ha pasado.
Así que lo dejaron pasar un día y no podían creer que yo hubiese tenido un fractura que ya se veía sana, un medico hasta algo enojado me dijo: "es una caída que usted no recuerda", pero yo sabia que mi maestro de milagros, ya estaba obrando, él me sanó, hizo un milagro creativo en ese mismo instante, lamento que ese medico no me creyera, porque perdió la oportunidad de hablar de milagros que Dios hace aun hoy.
Las noches que siguieron fueron completamente difíciles, me dolía todo y no lo calmaban los medicamentos, y sé que solo pude vivirlas, porque Jesús, estaba ahí, él me había dicho que bajo sus alas podía llorar y ser cobijada, así que lloraba y clamaba en mi mente y corazón, me consoló saber que Dios mismo se entrego por mi para que sí yo llegaba a pasar por algún dolor, él me podía entender y ayudar.
Tengo una lista de música de alabanza y adoración en mi celular, eso fue lo que puse toda la noche del primer día de hospital y cada instante vivido allí, recuerdo entrar a cirugía con algo de inquietud, ¿Y sí este es mi ultimo día en la tierra? ¿Y si no puedo volver hablar? ¿Sí vivo podre seguir sirviéndole a Dios? ¿Podre seguir teniendo el privilegio de salvar vidas? pensé en lo que dejaría atrás, mi familia, mi familia dos, los amigos más cercanos, la iglesia, los discípulos, y solo le dije a Dios que hiciera su voluntad, que sí ese era mi ultimo día yo había vivido al máximo, y que estaría ya con él donde no hay muerte ni dolor.
Y al mismo tiempo sentí en mi corazón el amor que muchos me tienen y yo les tengo, y lo mucho que Dios aun tiene para mi, los planes que aun no he hecho aquí en la tierra, los sobrinos que no he conocido, la propia familia que tendré, las vidas que aun faltan por salvar.
Solo pensaba en que cuando saliera de eso si Dios me dejaba seguiría amándolo a él y a los demás, nunca me había sentido tan vulnerable y me hubiese encantado poder decir muchos mas te quiero a los que quiero. Nunca me había sentido, tan cerca de la muerte como ese día y a la vez tan cerca de la eternidad.
Muchos estaban orando por mi, es más tuve el privilegio de orar con mi segunda familia antes de entrar a cirugía, eso me dio paz, ellos oraban y yo solo escuchaba y asentía en mi corazón.
Salí muy rápido de cirugía, y al pasar el efecto de la anestesia, lo supe no tenia sonrisa, porque no habían dientes de arriba, pero tenia el gozo de saber que aun podía seguir amando a Dios aquí y a los demás, podía seguir sirviéndole a Dios, ahí pude hablar de nuevo y llore mucho no tanto de dolor sino de agradecimiento por tener más vida y poder hablar.
Esa noche volví a orar con mi mamá y luego con mi segunda familia, ha sido de las oraciones más lindas, poder decir gracias Dios por salvarme fue precioso, pase una noche muy difícil, las horas fueron largas pero en mi mente seguía clavado el mensaje de que él seguía ahí, y que "todo lo puedo en Cristo que me fortalece"
Hoy ya estoy en casa, recuperándome, pensando en lo bueno y fiel que ha sido Dios, en que me esta diciendo que en esto seguiré viendo milagros, como los que le sucedieron a Moisés cuando Dios lo uso para abrir el mar rojo, me despierto a veces con tristeza, pero se va tan pronto me acerco a él, le escribo mis oraciones si me duele mucho la boca, o si puedo abrirla, soy sincera y le abro mi corazón.
Muchos esperarían que en los momentos de dolor uno se derrumbara, o que preguntara ¿por qué a mi?, yo he decidido encontrar milagros, intimidad con Dios, escuchar su voz tierna y amorosa, sentir la cobertura de sus alas, conocerlo más profundo y salir de esto más tierna, más cariñosa, más agradecida, más noble, más compasiva, recordar que no sé que traerá el mañana pero sé que nunca se apaga su llama, que salga el sol por donde salga el me ama, como diría una de mis canciones favoritas.
Hoy escribo esto por que estoy agradecida con Dios por estar viva, porque quiero recordarme que voy a estar bien, porque quiero animar a los que pasan por situaciones muy complejas, aun más que la mía, que Dios está y si él está estaremos bien porque él tiene cuidado de nosotros.
También quiero agradecer a la familia de Dios, cada oración, cada palabra de animo, cada versículo que me da vida, cada detalle que me han dado, me han hecho saber que definitivamente si lleváramos a muchos a Jesús nuestro mundo seria otro y estableceríamos ese reino que él quiere, gracias a quien se tomo un instante para orar por mi, gracias a los que siguen pendientes de mi.
Gracias a Dios que me ha dado un día nuevo y un nuevo respirar, seguimos peleando porque esta leve tribulación no es comparable con la recompensa de tenerlo a Él.
Para finalizar, quiero decir, aférrate a Dios, a su amor que perdura para siempre, aférrate a su palabra, pues de lo que te alimentas en tu rutina, definirá en donde estarás el día oscuro, así que aférrate a él, pues el esta ahí a la puerta de tu vida, para ayudarte a pasar por valle de sombra de muerte, pero también a los buenos planes de bienestar que tiene para ti.
miércoles, 21 de abril de 2021
¡Ay como me duele!
Recientemente vi el capítulo de una serie médica, donde mostraban a una persona sorda, que había tomado la decisión de hacerse una cirugía para poder oír por primera vez, después de la cirugía ella no se sentía ella misma.
Había mucho ruido, y había dejado de valorar a su mejor amiga ya que percibía tanto ruido alrededor que sentía que en realidad ya no la escuchaba.
Me llamo mucho la atención esa historia en su momento pero recientemente la pienso aún más, debido a que mis oídos no han estado pasando por un buen momento, piel muerta ha generado taponamiento en los mismos, y han generado inflamación de tal forma que en este momento en el que estoy escribiendo este texto, no escucho de la mejor manera. ¡Ay como me duele!, como dice una canción bastante popular de la cantante Selena, y quien ha experimentado un dolor de oído sabe lo que eso significa.
Esa historia de la serie frente a esta historia que sigo viviendo, me han hecho reflexionar sobre la manera en las que escuchamos. Y ambas historias se conectan con el ruido, a veces tenemos tanto ruido en nuestra vida que no escuchamos lo que nos está pasando.
Dios quien siempre está interesado en hablarnos, lo suele hacer de formas sencillas, tan sencillas que las podemos perder de oído, por tener ruido en nuestra mente y corazón. A veces nos susurra con el viento, que refresca en un día caluroso, a veces nos habla a través de canciones, o nos habla a través de situaciones, pero tal vez la forma más clara y sencilla es a través de sus propias notas, escritas a través de muchas personas compiladas en un solo libro, así es: la Biblia.
Debido al dolor de oído que he tenido, tengo que hablar pidiendo que por favor me repitan lo que están diciendo, algunos se molestan y no me repiten lo que dijeron, he tenido que concentrarme mucho para escuchar lo que algunos me están diciendo, normalmente presto mucha atención a las palabras, a las expresiones y los tonos con los que alguien se expresa, pero debido a esta situación he tenido que ser más intencional al escuchar.
He pensado en que no sabemos oír y que odiamos repetir porque esperamos ser oídos correctamente, también me ha llevado a pensar lo paciente que es Dios conmigo, cada vez que le digo: “sé que me amas pero podrías decírmelo más seguido”, tal vez me lo dice constantemente más de lo que he pensado pero mis oídos espirituales pueda ser que también estén tan resecos y tan llenos de piel muerta que no lo escucho, o pueda ser que me lleno de tanto ruido de las preocupaciones diarias que no logro escuchar sus mensajes de amor para mi.
No sé cómo vamos escuchando por la vida, sin ser tan consientes de ello, un profesor de cultura ciudadana solía decir “oído” cada vez que iba a decir algo, recuerdo que junto a una amiga nos reíamos porque nos parecía muy cómico que en vez de decir atención o escuchen decía eso, aunque entendía que era la forma de romper la monotonía que no deja que prestemos atención a las instrucciones que se nos estaban dando.
Y pienso mucho en eso porque debido a este dolor de oído que aún tengo, he orado mucho por sanidad, he ido al médico pero sobre todo me he quedado meditando en todas aquellas ocasiones donde los evangelios hablan de sordos que Dios sanaba, siempre me imaginaba esas historias distantes a mi, porque no había tenido la situación de esforzarme para oír, sin embargo hoy adquieren sentido esas lecturas que tal vez sentía ajenas a mi, para pedir por lo físico pero tal vez por lo espiritual porque siento que muchas veces esos oídos espirituales se han llenado de muerte y no han podido escuchar el amor tan claro que Dios me habla a diario.
Creo que estas cosas a veces se nos permiten vivirlas para seguir haciendo altos en el camino y valorar lo que damos por sentado como un oído físico que nunca falla y también correr al maestro de milagros para ser sanados física y espiritualmente. Encontrar sanidad y poder escuchar lo que nos dice a diario sana nuestra vida, y al igual que la historia de la serie no quiero ruidos que no me dejen oír verdaderamente a mi mejor amigo a aquel que me ha amado con amor eterno.
lunes, 5 de abril de 2021
Hace un año
Quizás es por eso por lo que no he regresado al blog, pensé que no tenía algo bueno que decir, en medio de tantas lagrimas que derrame el año pasado, ¿Qué de bueno podría compartir? Y la respuesta es que sí había algo maravillosamente mágico que compartir, solo que en su momento no lo había logrado percibir.
Fue la mano de Dios, dice una canción de Thalles Roberto, fue la mano de Dios que estuvo conmigo, su rostro, su corazón, ahora que pienso en los días vividos de un año hasta aquí, fue su presencia la que me acompaño en cada paso.
Perdí una empresa por la cual luche muchos años, perdí la sensación de estabilidad económica, volví a la casa de los papás, deje de ir a mi lugar favorito en el mundo todo porque sus puertas aun no están abiertas, deje de pararme en la esquina de aquel lugar y de contemplar las multitudes alzar manos a los cielos, o caminar con por sus calles haciendo el bullicio clásico familiar o amistoso que se podía ver y escuchar.
Deje de colarme en reuniones porque si algo note es que estaba en muchos planes porque me vinculaban al verme sin plan, pero en lo virtual no fui invitada. Me encontré con bastantes días de ausencia de personas en mi vida, porque la cuarentena así lo propicio y como soy una ñoña desde 1987, he guardado las normas así me hagan burlas todo este tiempo.
Todo esto me llevo a ver milagros, como el que conté hace un año, milagros como el recibir un helado cuando ore "Papá sé que me amas, pero me gustaría poder hoy sentir ese amor a través de un regalo" y esa misma noche recibir en mi puerta un helado con un mensaje que había sido enviado por Papá.
He visto milagros al ser contratada mes a mes y tener provisión cada día, he visto milagros al poder abrazar a algunas personas, he visto milagros al ver que aun a través de las pantallas nada detiene el amor de Dios por sus hijos, he visto gente ser saciada en este tiempo, he podido ser voz de aliento para algunos que han tenido pérdidas dolorosas, y aun ahí he visto al consolador surrurar al oído que quien está con Dios nuca está solo, he podido ser parte de un proyecto en el cual nunca pensé estar.
He podido ver desde hace un año esta verdad: “Porque desea que comprendan que él es el Señor el Dios de ustedes, y que los ha estado cuidando y alimentando” Deuteronomio 29:6b
Hace un año que no escribo porque si vaciaba mi hace un año en letras habría un panorama corto de lo que veo hoy, y es que su fiel amor dura para siempre, y que pase lo que pase, aun el que cree en él aunque este muerto vivirá, así como aunque al finalizar el año pasado e inicio de este me sentía muerta en muchas áreas de mi vida, él volvió y dio vida a mis huesos, aliento de vida, porque en él siempre todo nuevo es.
domingo, 5 de abril de 2020
Milagro en la casa 89
Como esta tan de moda una película en Netflix, sobre un milagro en una celda, aquí mi propia historia, no estoy en una celda, pero sí en cuarentena como muchos de nosotros en el mundo, además aquí no encontraran contenido turco, simplemente palabras desde una casa, en un lugar de Bogotá. Palabras que pretenden llenar de esperanza a algunos, contarles a otros de un Dios real, y recordarme a mí misma los detalles que ese Dios milagroso hace.
Llevo viviendo varios años sola, y desde que tome esa decisión nunca me ha faltado nada, primer milagro para contar, vivir así y ser independiente, no es tan fácil como algunos piensan, no manejo mis horarios, ni mis tiempos, más bien me organizo lo mejor posible para poder hacer tantas cosas que quiero hacer y la disciplina no es sencilla, así que por este tiempo de cuarentena, las finanzas, las rutinas cambian para la mayoría de nosotros, para mí fue un cambio fuerte. Uno que solo podría vivir porque conozco a Dios, lo amo, es mi todo y la esperanza de mi vida.
Entonces al iniciar este tiempo, hice planes, cómo administrar lo poco recibido en el mes que toco parar, cómo administrar los ahorros y demás, sobre todo cómo lograr no entrar en crisis en medio de un mundo en crisis, y ahí estaba yo, con Dios en una tienda de barrio, buscando algunas frutas y verduras para tener por un tiempo en casa, cuánto tiempo, ninguno lo sabemos al momento, pero al ver los costos y los cálculos previos anteriormente, salí con un tomate y una cebolla para la casa, hablándole con un susurro a Dios que si nos tocaba vivir este tiempo sin eso, estaría bien.
Al estar esos días en casa y ver que quería cambiar los menús y no tener como hacerlo al momento, solo pensaba en que sí Dios no me ha dejado estos años no lo haría en este tiempo, pues él es el Dios del ayer y del hoy, como lo es del mañana, por eso más que nunca he buscado en la biblia palabras de ánimo y sobre todo tratar de oír su susurro, a veces lo siento en el canto de los pájaros. "Sí Dios cuida de ellos, y cantan cada mañana en mi ventana, cómo Dios no habría de cuidar de mí que soy su hija y su posesión más preciada" me decía a mí misma, mientras me recordaba alguna de sus promesas para mi vida.
Pero también sé de muchos que nunca han experimentado a Dios, no tienen promesas a las que aferrarse, algunos de ellos asisten a iglesias, otros han escuchado hablar de Jesús, lo han intentado encontrar, otros lo han negado, o han dicho que él no existe, también le escribo a ellos, ya que anoche vi la noticia de que murió un cantante español llamado Luis Eduardo Aute, y me recordó a alguien que aun quiero mucho, porque junto con ella solía escuchar un par de sus canciones, pensé y oré que aun ella y su familia en medio de este tiempo lograra encontrarse con Dios, él no ha dejado de buscarlos.
Y por eso narro esta historia porque tengo el enorme privilegio de conocer a Dios, de hacer de él mi refugio, y aunque no lo merezco lo he experimentado, lo vivo día a día, lo siento cerca de mí, he sentido su abrazo, su amor incondicional, y esta vez me mostró ese amor nuevamente, dándome verduras y frutas, sí las que no podía pagar, mi mejor amiga me escribió que ella y su familia, que son mi segunda familia, me querían dar un regalo, al abrir el link que me envió para que yo eligiera lo que quería, empecé a llorar como una niña, era todo eso y más lo que no había podido comprar aquel día en esa tienda de barrio.
Al siguiente día llego la comida a la casa 89, y de esa manera vi un milagro, que contiene muchos, más que la comida, el amor de un padre entregándome aun los ingredientes de un en vivo en Instagram que íbamos a hacer con amigos del servicio de la iglesia de la cual hago parte.
Cada vez que pienso en esto no puedo contener las lágrimas, de ver a un Dios tan real, de ver gente que me ama cuando en un tiempo fui tan despreciada y me sentía tan sola, no dejo de llorar porque espero, sueño y oro con que cada persona en el mundo pueda ver que Dios el padre que tanto nos ama, nos esta persiguiendo para amarnos, darnos de él, y suplir cada necesidad, por tonta o pequeña que parezca.
No dejo de pensar en que he llorado en esta crisis, por la crisis, por los cambios, por los pasos que he tenido y tendré que dar día a día, pero sobre todo por la misericordia y el amor que Dios tiene para cada uno de nosotros.
Espero ver mucho más sus milagros, en otros, en el mundo. Este intento por contar algo de todo lo que significa para mi este milagro se queda corto, pero espero pueda acercar a Dios a unos y dar ánimo a otros.
Para finalizar dejo este texto que ha sido por lo menos para mí tan clave en este tiempo:
"El Señor es como un padre con sus hijos,
tierno y compasivo con los que le temen.
Pues él sabe lo débiles que somos;
se acuerda de que somos tan solo polvo.
Nuestros días sobre la tierra son como la hierba;
igual que las flores silvestres, florecemos y morimos."
Salmos 103:13-15
lunes, 16 de marzo de 2020
Cuarentena
Llevaba mucho tiempo sin pasar por el blog y dejar algunas palabras. Hoy vuelvo a retomarlo debido a que se ha bajado la marea en la vida, sin pensarlo nos están pidiendo parar, parar y dejar de correr en la vida.
Personalmente me cuesta, y mi trabajo tampoco me lo permite, pero algunas otras cosas han de parar en mi vida porque así debemos hacerlo. Pero esto me llevo a pensar en todos aquellos que debemos parar porque nos toca y no porque queramos, porque estar en nuestras rutinas nos da una especie de tranquilidad y un sentido de control.
Porque si nos piden parar, y parar por completo entonces será muy difícil de asimilar, les escribo más que todo a aquellos que viven solos, que sus familias están lejos, que sus actividades, trabajo o estudios los han llevado a estar lejos de los que quieren y los quieren. A aquellos que sí nos para todo estaremos solo rodeados por nuestros pensamientos y las paredes de nuestro hogar. Porque no hay nada más difícil, desde mi punto de vista, que tener que parar, llegar a casa y no tener con quien conversar, con quien hablar de lo que está pasando pero sobre todo orar y buscar a Dios cerca de otro ser humano.
A esas personas me dirijo, a quienes dicen, ¿Qué hacer cuando te dicen quédate en casa con tu familia? pero tu familia no está en tu mismo espacio. A ellos les escribo para recordarles que tenemos esperanza.
Si bien vivimos solos no estamos solos.
Les cuento esto porque en mi vida ya he vivido cuarentenas, una por una enfermedad que sufrí cuando niña, no sé cuantos años tendría pero todo esto me llevo a recordar la sensación, no podía estar cerca de alguien, mis padres me observaban desde la distancia por temor a ser infectados, a mi hermano le prohibían si quiera acercarse a la habitación a la cuál había sido destina por algunos días.
Recuerdo desayunar, almorzar y cenar sola, pero sobre todo recuerdo el no poder abrazar a nadie, porque yo tenía un virus en mi y podía transmitirlo, sobre todo a mi familia. Difícil, aún tengo algunas cicatrices de aquella temporada y recuerdo sensaciones de soledad y tristeza, aunque ya no están sino como recuerdos que no duelen.
Esa misma sensación que a veces en situaciones como esta quieren tocar a la puerta de los que viven solos, de aquellos que no cuentan con nadie, o que hasta ahora comenzaron a tener relaciones reales y no virtuales pero les ha costado parar y alejarse.
Y si bien es real que debemos cuidarnos, también es real que soñamos y luchamos con no desconectarnos, con no dejar de intimar.
Pero por ello vengo a este blog para decir que hay esperanza que la temporada va a pasar, pero que esté tiempo lo hemos de aprovechar, no para buscarle el quiebre a la norma sino conocer a aquel que está en medio de las cuarentenas, aquel que no descansa en cuidarnos, aquel al cual podemos abrazar y ser abrazados por él sin ningún temor de causarle daño o causarnos daño, el consolador está ahí para cada uno de nosotros, para aquel que siente un aire de tristeza y nostalgia, para aquel que vive solo o está solo, para aquel que tiene miedo y temor.
Dios esta a la puerta, y en él nuestra alma puede descansar. Aún tengo la sensación de aquella cuarentena pero también de aquella misma vez donde sabía que no estaba sola que aunque papá y mamá, ni hermano, no pudieran estar cerca, Dios estaría ahí, a mi lado y así puede estar a tu lado en medio de toda la locura que podamos vivir. Porque él es el Dios del universo y está en control aún de las emociones que quieren venir a turbar un corazón, como Jesús mismo lo dijo: No se turbe tu corazón sino cree en mi.
Así que deja que Dios mismo te abrace y te acompañe en estos tiempos donde parece que no hay esperanza, pero donde veremos que él está ahí a nuestro lado y que sí nuestra confianza está en él estaremos seguros al pasar nuestra propia cuarentena.
jueves, 19 de septiembre de 2019
Suciedad
El tema es que así sentía el lugar a causa de la cucaracha, y por haber estudiado bacteriología, me fijo en cosas que otros pasan por alto, como las fisuras en los baños, la suciedad que no es limpiada en las tinas y así.
Trate de evitar pensar al máximo en esas cosas porque además tiendo a obsesionarme pero quería mantener la calma, ya que mi acompañante de viaje es un poco más asquienta que yo, y si dos estábamos en el mismo plan de ver las cosas cochinas no íbamos a disfrutar el tiempo de descanso, aunque todo olía a humedad, las cobijas olían mal y así.
Sin embargo, estos días estaba limpiando la casa y recordé esos episodios del viaje y llegue a la conclusión que la vida se trata de ordenar, de limpiar, más que de planes y risas. La gente desmerita quien ordena una casa, pero no hay nada más delicioso que llegar a un lugar limpio y que huela bien. Yo que vivo sola no armo tanto desorden y aún así la casa se llena de polvo, de contaminación.
Por eso pensé en mi casa, y me refiero a mi vida, y a las demás casas las vidas de aquellos que puedan llegar a leer este blog, y pensé en que nuestra propia vida también se trata de estar sacando la suciedad, en mi caso el perdonar a otros, yo pensaba que perdonaba fácil, pero por estos días cometí un error en mi trabajo y no sé cuánto me va a costar y me costo perdonarme, me costo perdonar a otros pero mientras lleve esa carga de rabia y mal genio en contra propia y de otros sentí como mi vida, mi casa se llenó de suciedad y yo no quiero ver el mismo cuadro que viví en el viaje, quiero tener una vida que huela bien y no a podredumbre.
De la misma manera mi trabajo me ha mostrado como la gente valora más las cosas que las personas, a veces hay telas que por uso se dañan y las personas me han tratado como si fuera lo peor por ello, y aunque trato de conciliar algunos hasta me han intentado pegar, esas cosas me han hecho pensar en cuál es el valor que tienen las cosas para uno y cuánto desmeritamos a las personas.
Y así con mínimas cosas, he vuelto a pensar que solo cada uno es responsable de mantener su casa limpia, sin polvo, sin bichos, sin microorganismos, que puedan afectar nuestra calidad de vida y salud, pero así mismo es en la vida, somos responsables de cómo queremos que huela la misma, por mi parte he decidido estar más atenta para que así no entren cosas que al final sin darme cuenta y poco a poco hicieran de mi vida oscuridad y no luz.
martes, 10 de septiembre de 2019
Odiaba la vida
Odiaba mi voz, porque como es tan fuerte todo mundo me escuchaba. Y por esto me regañaban, habla menos o no hables eran las palabras que solía escuchar.
Me odiaba por ser tan frágil, por no poder hablar de lo que me pasaba, por guardar secretos, ademas cuando alguna vez llegue a abrir mi corazón traicionaron mi confianza. Me lastimaron y decidí encerrarme en mi misma.
Yo no quería vivir, seguí creciendo, con tanto dolor en el corazón. Al llegar la universidad, Dios ya solo era un recuerdo de niña, alguien que no me dejó morir en medio de lo que había vivido, a nivel personal y familiar. Pero ya no había mucho de él en mi. Solo una oración pedía que si él existía me dejara morir.
Pasaba días a solas buscando una cerveza como yo no tomaba era fácil quedar en medio de una sensación relajante, y ahí salía a caminar por calles oscuras a ver si lograba quitar el sufrimiento, a ver si la muerte me encontraba. Buscaba un cigarrillo, lo cómico es que nunca aprendí a fumar.
Sin embargo una tarde ya astiada de levantarme sin propósito, estudiando una carrera que no me apasionaba, sabiendo que iba a salir de la universidad solo para seguir viviendo una falsa ilusión la que él título me daría de sentirme importante, y saber en lo profundo que ni eso me iba a dar identidad. Así que una tarde un miércoles, entre a una iglesia Cristiana, ya había entrado a muchas, y después de colgar una llamada, en la que sabía que mi corazón estaba muy destrozado porque al otro lado solo había palabras que me decían que yo era inmadura y que tenía que cambiar, yo dependía emocionalmente de cualquier persona que me mostrara algo de cariño y ahí estaba escuchando esa persona como me lastimaba.
Entonces entre a esa iglesia, sabiendo que tantas veces yo había intentado acercarme a Dios, al que creía conocer, cuando no lo conocía, solo era un buen recuerdo que ya estaba muy distante, en ese lugar solo le pedí una cosa, que como no me había dejado morir, y no me había quitado la vida, que por favor sí existía cambiara mi vida. Recuerdo las palabras fueron esas, tan cortas, y lloré mucho, no recuerdo las canciones, solo estar sentada llorando sin consuelo.
Lo que yo no sabía es que siempre había sido cuidada de la muerte porque pude haber muerto, o pude quedarme en algún vicio, o terminar muy mal, lo que menos me imaginaba es que rendirme a Dios con esas sencillas palabras cambiaría mi vida para siempre.
Empecé a asistir con regularidad a la iglesia, mirando todo, criticando todo, pensando en que un proceso, un grupo de personas o unos líderes no me podían ayudar, quién podría ayudar a una niña que cargaba con tanta suciedad encima, quién la iba a amar.
Y así poco a poco, sin mucho afán, Dios con su trato tierno me empezó a sanar, me pinto la vida de colores, y empezó a mostrarme cada cuadro de mi niñez desde los más suaves a lo más dolorosos para mi, empecé por perdonarme a mi misma, sabiendo que sí Dios me amaba un día yo llegaría a amarme como él me diseño.
Dios se tomó el tiempo para sanarme y llenarme el corazón, conocí mi verdadera identidad y también pude ver quien me quería destruir, era Satanas y yo había estado ciega pero ahora podía ver.
Hoy recuerdo, cada momento que Dios se ha tomado para sanarme, para amarme y no puedo dejar de llorar porque yo no merecía nada y había despreciado el regalo de la vida, hoy no me aferro a ella, solo la vivo como un gran regalo que no quiero despreciar, amo a Dios, y por eso puedo amar la vida que un día odie, ahora me amo y por eso puedo amar a otros, no soy más que resultado del amor de Dios, yo estaba tan vacía, tan sola y solo me quería morir pero Dios me dio vida y lo ha hecho abundantemente.
Por eso hoy puedo sonreír y aunque él sigue sanando y limpiando mi vida, hoy puedo estar tan agradecida de que él me salvara y entregara todo por mi, ahora yo busco servirle a él, aunque nunca podré pagar todo lo que ha hecho y sigue haciendo por mi, si quiero corresponder cada día a su amor.
Sé que muchos se sienten igual, aquí no cuento sino solo sentimientos y no las razones de los mismos, ni las historias detrás de ellos, pero si alguno se ha sentido así, con ganas de morir, obligado a vivir, con dolor que nadie entiende solo escribo esto para decir que Dios puede sanar, salvar y puede hacer como a mí que llegues a amar el regalo de la vida que él nos dio.
viernes, 19 de julio de 2019
Hackeo temporal
Me sorprende que yo nunca había pedido tal vez con palabras específicas este tipo de cosas pero Dios quien conoce los corazones y cada sueño que hay dentro de nosotros me ha permitido compartir lo que para mí ha sido el tiempo que con papá quise vivir siempre.
Hemos caminado, comido juntos, hemos descubierto quién es cada uno, cómo sentimos y cuánto nos hemos querido, un par de veces mi papá ha asumido sus errores en nuestras charlas al igual que yo he asumido los míos, nos hemos pedido perdón y abrazado, yo he llorado a solas dándole gracias a Dios por que nunca imaginé que Dios nos esté dando cierres al estilo disney.
lunes, 6 de mayo de 2019
Ratones y cucarachas
Sin embargo por estos días me lleve una lección mucho más grande que esa, yo pensaba, que era suficiente con estar atentos con la limpieza de nuestro interior, con perdonar continuamente con no dejar acumular, amarguras, mentiras, entre tantas en la mente y el corazón. Pero aprendí que no solo eso es suficiente.
Por estos días hice aseo en mi casa como es costumbre, y al llegar después de un día de trabajo, en la casa había una cucaracha gigante, para mí son muy desagradables, así que una gigante fue aún más estresante, no podía estar en casa tranquila, grite como una loca, y así lo parecía, debía matarla y no dejarla por ahí, pero aún más debía saber porque si la casa estaba limpia, llegaba ella ahí tan campante. Luego de luchar con mis miedos la mate y por unos días no pude descansar bien pensando en que quizás en mi vida habían cucarachas y no me había dado cuenta.
Pasados los días ya me había olvidado del tema, pero volvió a mi vida porque esta vez al ir a sacar la basura de la casa, cuando estaba organizando todo había un ratón, un pequeño ratón, otro visitante desagradable, que me tuvo gritando una vez más como una loca, yo no quería estar en mi casa, se me fue la tranquilidad, amo estar en mi casa pero con este visitante no quería estar.
De mi rostro se desgarraron algunas lágrimas, por la impotencia de no saber porque unos días antes había una cucaracha y ahora un pequeño ratón. ¿Acaso estaba yo dejando algo sucio en mi casa, o en mi vida?
Mi mamá vino a casa y fue la que estuvo ahí salvándome del ratón, ya sé que posiblemente no me habría hecho nada y hasta tierno se veía, porque lo vi caminar por la sala, pasearse por todo el primer piso como si la casa fuera suya, y yo desesperada. Mi mamá lo fue a cazar y este se salió por una pequeña hendidura de la puerta principal. Allí encontré la respuesta a mis preguntas, no se trataba de desaseo, o de falta de limpieza en casa, sino que la cucaracha y el ratón en distintos momentos aprovecharon una noche para entrar de la calle a la casa, y hacer de las suyas, volverme una loca.
Y así me sentí en mi vida por esos días, aunque parezca tonto ver esos dos visitantes indeseados me hizo revaluar mi manera de limpiar y de los pequeños huecos que permiten que entren cosas a mi casa y a mi corazón. Me senté con Dios a pensar, que si esto lo veo en mi diario vivir, cuanto más será sutil la oscuridad para meterse en mi vida, me di cuenta que aunque he cerrado la puerta a tantas cosas que me llevaban al “lado oscuro de la fuerza”, y aunque trato de mantenerme limpia, hay aun hendiduras con las que tengo que trabajar, cosas que llamamos tonterías como la queja, la falta de perdón, el creerse mejor que otros, cuando todos bajo la cruz somos iguales, el envidiar a otros, el sentir celos, y tuve que trabajar con todo eso y más, y aún lo sigo haciendo.
Por qué así como tuve que tapar el hueco que la misma puerta trae para ya no tener ninguna visita sorpresa así a diario tengo que trabajar con mi corazón, con mi mente y emociones para que al final no me vuelva como una loca, sino que pueda ser reflejo de un buen Dios que me amo y que así como mi mamá saca a los ratones de mi vida.
Por eso mi invitación al contar esta historia es a pensar en que puertas hemos cerrado pero que pequeños huecos aún existen que permiten que en la noche algo venga a visitarnos o quizás sin darnos cuenta a vivir en nuestra vida. Desde mi punto de vista no hay nada mejor que estar limpios y sin visitantes desagradables en el corazón.
lunes, 11 de marzo de 2019
Cruzar la meta
Recuerdo que en el colegio amaba correr o jugar fútbol, esta última la responsable de mi lesión, de haber llorado muchas noches porque mis sueños se habían ido por la borda. Suena tonto pero cuando corría sentía que todo a mi alrededor cambiaba, gane un par de competencias en el colegio y para mi eso me llenaba de plenitud, soñaba con estar en una pista olímpica, con correr tan rápido que el viento tuviera envidia, pero allí en una cancha de colegio quedó ese sueño enterado.
El año pasado después de muchos años, empecé a entrenar, correr unos 20 minutos un par de días a la semana, para lograr correr mínimo unos 10 k, no para ganar sino para retomar el sueño de correr solo que ahora era para no olvidar la sensación de seguir viva, ya que a mis 31 años sigo sorprendida y agradecida que estoy viva, pensé que viviría menos, pero eso es otra historia.
Retomando, estuve entrenando, ahogándome aún con mi propia saliva por no saber respirar, aguantando el dolor de estirar y tratando de olvidar que mis cicatrices en la rodilla me recordaban que hubo un sueño un día que no logré cumplir.
Me inscribí a mediados de octubre a una carrera de montaña, nocturna, sin saber a lo que me estaba enfrentando, decían que eran 10 k pero resultaron siendo más. Tenía los nervios a mil, mi linterna prendida, y una amiga con la que correría y no estaría sola.
Íbamos a un buen ritmo, subíamos y bajábamos lugares, pasamos por riachuelos, mi amiga se cayó y se raspó la rodilla, seguíamos adelante en medio de la oscuridad, pero el cansancio propio de la carrera, de las piernas fatigadas empezó a hacer su efecto, estaba lavada en sudor, a punto de rendirme, mi reloj marcó los 10 k y estaba feliz solo para darme cuenta que faltaba mucho por recorrer, salió lo peor de mi, quería echarme a llorar, renunciar, no por la carrera, sino porque así me sentía en la vida, soñando cosas, creyendo que tenía el talento solo para darme cuenta que me faltaba más, mucho más y que yo no lo podía dar, así como cuando niña al perder el sueño por culpa de perder un ligamento de la rodilla.
Escuche a mi amiga susurrar, “vamos nos falta poco” y sentí como todo mi cuerpo se derrumbaba en esos últimos tramos, sin fuerza física, no había entrenado para tanto, me temblaban las piernas y el corazón latía a mil, rodaron algunas lágrimas por mis mejillas, porque me sentía incapaz, menos mal, la noche era mi cómplice y nadie me vería llorar.
Pero ahí estaba esa voz, la de mi amiga diciéndome que lo podía lograr. Pero ¿lograr qué? si nunca había sido suficiente buena en nada, y ahora sentía que no podía superar mi propia marca, mis miedos, porque en ese momento me sentía estancada, en la carrera y en la vida.
Así que recordé que así es Dios uno que me susurra que puedo hacerlo, ¿Qué puedo hacer? Todo, si estoy con él, si no escucho a mi cuerpo cansado, o los sueños frustrados sino esa suave voz, como la de mi amiga, que me dice que aunque los sueños parezcan muertos, en él no mueren completamente.
Así que seguí corriendo, y mi amiga al ver la señal de la meta, corrió más para llegar antes, y yo solo vi que ella corría y que Dios me decía que el corrió antes para verme llegar a la meta y aplaudirme. Ahí él estaba, corriendo a mi lado, y aplaudiendo mis sueños cumplidos uno que aunque parecía había muerto a los 15 años hoy había vuelto a estar presente solo que de manera diferente.
Solo Dios conoce nuestros sueños más profundos, solo el sabe lo que significa cada silencio o cada aplauso en nuestra vida y decide estar ahí para darnos todo lo que un día soñamos aunque a veces nos lo de de forma diferente a la que nos la imaginamos.
Así que al final cruzar la meta no solo significa que lo logramos sino que él no ha olvidado cada sueño que desde nuestro punto de vista creímos que nunca alcanzaríamos.
lunes, 28 de enero de 2019
Desconexión
Sin embargo muchas veces no me siento identificada, estoy entre lo viejo y lo antiguo, posiblemente porque mientras mis compañeros de colegio tenían un tamagotchi yo solo miraba como ellos lo dejaban morir, mientras ellos adquirían computadores nosotros apenas iniciábamos en casa a conocer la máquina de escribir, y así con todo.
La diferencia con mí ahora no es mucha, aunque tengo internet en casa, uso varias redes sociales que de hecho me gustan, no logro encajar en chatear en WhatsApp en vez de llamar cuando alguien cumple años, no entiendo el significado de los emojis y voy a buscar su significado pero la gente tiene en realidad un lenguaje distinto.
Tal es el asunto que he probado varías veces estar en una reunión metida en el celular a ver si a alguien le molesta y me he dado cuenta que es la mejor manera que no interactuar pero además que esta bien visto. Todos están felices en sus mundos pantallas, mientras yo me alejo con nostalgia de ver eso.
Todo esto para vivir en carne propia lo que ya he leído tantas veces en tantos lados y es que aunque estamos en un tiempo donde se supone la tecnología es para acércanos nos ha alejado y nos ha desconectado. Y esto ha hecho que ahora haya nuevas formas de soledad, emociones dañinas que tienen que ver con la tecnología y el cómo la usamos. Las personas se sienten solas o tristes si sus fotos no son likeadas. O es la forma en la que se le demuestra el despreció a alguien cuando se está molesto y así sigue.
Toda esta cosa solo para contar que de vez en cuando dejo mi celular por ahí tirado en algún espacio de la casa únicamente para compartir con la gente que decide hacerlo de la misma forma, o simplemente para ver el atardecer sin necesidad de publicarlo.
Y es que he decidido desde hace mucho, que aunque use redes, páginas, y todo lo que puede ofrecer esta era digital, seguir abrazando en vez de enviar un emoji, seguir llamando a la gente en su cumpleaños para escuchar su voz y que mi voz sea escuchada, llamar más y chatear menos, usar el celular únicamente cuando no tenga personas alrededor porque estoy cansada de las construcciones falsas que nos dejan todos esos medios.
martes, 4 de diciembre de 2018
La cima
Pensaba en todo esto, y ahora que escribo este texto lo pienso mucho más, en que independientemente de la cima a la cual queramos llegar, todos también tenemos un camino que atravesar, eso fue lo que viví, caminando para llegar a la cima de la montaña de colores en Cuzco, Perú.
Se dice que uno debe tener una buena condición física para llegar, la altura no es un tema sencillo de manejar, y mientras caminaba pensaba que no lo iba a lograr, así como a veces nos pasa en la vida, planear tanto, esforzarse, ver a otros en el camino y darse cuenta que uno se está quedando atrás, que las fuerzas se van acabando, fue ahí en ese instante, cuando iba escuchando música, empezó a sonar una canción como bajada del cielo para aquel instante, la letra decía, no desmayes, solo cree. Y fue impresionante recordar que a veces en nuestro caminar solo necesitamos eso, CREER.
Vi a tantas personas caminando y recordé un viejo cuadro donde algunos van por un camino ancho y otros por un camino estrecho, el ancho se refiere a todos a aquellos que no han decidido creer específicamente en Dios y el estrecho lo contrario.
Y sentí tanto dolor en mi corazón por aquellos que intentan llegar a su cima solos, porque aunque el camino sea estrecho porque no es tan sencillo mantenerse firme en el camino, nunca estamos solos en ese caminar, cuando decidimos estar acompañados por Dios.
Caminé y caminé porque iba escuchando esa canción que me ha recordado que independientemente del pasado, de mis historias o días tristes siempre he podido contar con Dios, quien me salvo de la muerte y me llevo a la cima, no solo de la montaña de colores, sino a la cima de la vida que es desde donde ahora veo todo, me llevo a sus pies y entendí que no hay un lugar más alto o más grande que ese, y que si sigo desde ahí desde esa perspectiva no solo lograre algunas cosas que sueño, sino que mi vida siempre habrá valido la pena, como lo fue al final de ese camino para ver tan extraordinariamente paisaje que jamás había visto en mi vida.
domingo, 28 de octubre de 2018
Condiciones desfavorables
Esta vez quise cumplir un sueño, de esos sueños donde he dicho “quiero hacerlo”, pero pensaba que no era posible, hasta escuchar a papá Dios decirme: “sueña conmigo” Entonces lo tome de la mano y así fue después de mucho planear, trabajar, ahorrar, hacer muchos cálculos, y sobre todo orar y pedirle a Dios que por favor lo hiciéramos juntos logre viajar a Perú.
El día de mi cumpleaños 31 iba a estar conociendo Machu Picchu, sin embargo, no fue tan chévere, llovía, estaba con neblina, y realmente no se veía nada, pensé que había perdido el viaje y sobre todo mi expectativa de pasarla rico y feliz que desde mi punto de vista es estar caliente y que todo el plan salga como lo había cuadrado por primera vez.
Y no fue así, no había nada que ver literalmente, ni la gente que iba al frente mío se veía, solo había una espesa nube blanca al rededor, y ahí fue donde me senté en el pasto esperando que un milagro pasara, hice algunos chistes en medio de todo y hacía reír a la gente que no conocía y a la guía turística que nos acompañaba, pero en el fondo ya empezaba a impacientarme, a llenarme de frustración.
Después de un tiempo de espera y de pensar que todo iba a mejorar con el paso de las horas y el clima iba a ser satisfactorio nada pasó, o más bien todo empeoró, llovía más y más fuerte, recordé las múltiples oraciones que había hecho el día anterior diciéndole a Dios: “por fa que no llueva, que las condiciones sean favorables” y en el fondo solo escuchaba silencio como sí mi oración no fuera a ser respondida.
Allá en medio de ese clima que no me gusta, lluvia, visión blanca, gente desconocida, nadie que animará, en silencio, zapatos y medias mojadas, con hambre y sueño por estar madrugando y trasnochando, que es lo usual en este tipo de viajes, cansada de esperar, decidí caminar por un sendero de una hora que fue fuerte y no podía ver nada, caminé y caminé y también oraba, le decía a Dios, cuánto odiaba que en un cumpleaños lloviera (qué es lo que casi siempre pasa) que habíamos planeado este viaje juntos, que había soñado con otro panorama, que quería una foto para gomelear en las redes sociales (sí ríanse), que me iba a ir muy frustrada y de fondo solo oía silencio.
Comprendí que Dios estaba ahí callado escuchando el clamor no solo de mi boca sino de mi corazón, pero también entendí que sí me fuera sin hacer lo que había planeado hacer, Dios no me había dejado de amar, Dios no había dejado de escuchar mis oraciones, él seguía ahí, tan firme a mi lado como siempre lo ha hecho, y recordé su amor, su última gota de sangre derramada en la cruz por mi, y di gracias por estar viva 31 años, por haber sido salvada de tantas cosas malas y de tener el privilegio de llevar a otros a ese precioso amor, recordé que he sido llamada a darle esperanza a aquellos que están realmente solos y nunca se han sentido amados.
Así que al llegar de nuevo a la zona típica de ver Machu Picchu, por última vez mire al cielo con un poco, muy poco de fe, porque seguía lloviendo con fuerza y todo era simplemente imposible, y dije: “aún me queda algo de fe”, fui al punto de las fotos y ahí estaba yo, cubierta de lluvia, y empezó a ocurrir el milagro, un fuerte viento paso por mí y todos los turistas que estaban allí, y empezó a despejarse la vista, rápidamente dejo de llover y la neblina que había sido mi enemiga durante todo este viaje empezó a desparecer, y ahí se dio pude ver el paisaje y una maravilla del mundo ahí justo frente a mí.
Tome muchas fotos en mi afán de recordar aquel momento, no por la vista o por el paisaje o por la historia que significa el lugar sino porque ahí estaba una vez más yo cumpliendo un año más de vida, y sabiendo que mi lección más importante para este nuevo año que inició es que aunque las cosas no pases como las planeó Dios mismo meter su mano en mi vida y lo hará otra vez, cumplirá él estar ahí una vez más solo para mí.
El susurro de Dios en la pausa
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