martes, 16 de diciembre de 2025
El susurro de Dios en la pausa
Debido a una nueva cirugía en mi boca, por un proceso de recuperación de encías, el tratamiento pedía entrar en un tiempo de silencio.
Quienes me conocen saben que hablo hasta por los codos. Aunque me considero una buena oyente, cuando soy escuchada me siento amada. En medio de este proceso pude observar muchas cosas: cómo algunas personas pueden hablar y hablar sin parar; cómo otras se sienten incómodas con el silencio; y cómo hay quienes no hablan porque yo no hablo. Todo esto me llevó a una reflexión más profunda.
Me preguntaba cómo se sentirá Dios cuando, en nuestros tiempos de oración, hablamos sin parar —como “loros mojados”— pero no nos detenemos a escucharlo. Y aun así, qué hermoso es nuestro Dios, que nos escucha todo el tiempo. Quizás, si tomáramos más pausas, podríamos también oír lo que Él dice en medio del silencio. David expresa algo así cuando dice: “Esperaré en silencio delante de Dios, porque de Él viene mi salvación” (Salmo 62:1).
También pensé en pasajes de la Biblia donde se confronta esta realidad. Jesús citó al profeta Isaías diciendo: “Este pueblo de labios me honra, pero su corazón está lejos de mí” (Isaías 29:13; Mateo 15:8). En estos días, muchas de mis oraciones han sido solo gemidos y palabras del corazón, y eso me llevó a preguntarme cuántas veces lo que dice mi boca realmente está alineado con lo que hay en mi corazón. ¿Honro a Dios aun cuando no puedo hablar? ¿Y qué saldrá de mis labios cuando vuelva a hacerlo? Recordé también que “el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles” (Romanos 8:26).
Una historia que siempre me ha impactado es la de Ana, la mamá de Samuel (1 Samuel 1). Hace un tiempo estuve estudiando su vida y me conmovió profundamente: ella podía hablar, pero oró desde lo más profundo de su corazón; sus labios se movían, pero no se oía su voz. Su clamor fue tan intenso y sincero que el sacerdote Elí pensó que estaba borracha. Su oración fue mucho más allá de las palabras. Y me pregunté: ¿Cómo sería nuestra oración si fuéramos más conscientes del corazón y no solo de los labios?
También pensé en Zacarías, el padre de Juan el Bautista (Lucas 1). Él quedó en silencio por un tiempo, pero cuando finalmente abrió sus labios, profetizó sobre el Salvador que vendría y sobre el propósito de su pequeño hijo. Eso me hizo pensar y orar: que cuando vuelva a hablar, pueda expresar las palabras que nacieron en mi interior, palabras que se encontraron con el Salvador en medio de este tiempo de silencio.
Finalmente, el Selah cobró un significado más profundo para mí. Creo que no hacemos tantas pausas como deberíamos para meditar en lo que Dios dice. En especial me habló el Salmo 67, donde se menciona cómo Dios hace resplandecer su rostro sobre nosotros. Lo sentí como la mirada de un padre hacia su hijo. Pude experimentar, de una manera segura, estar frágil en los brazos de Papá, descansar en Él y confiar en que tiene todo bajo control.
De todo este proceso, lo que más me impacta es la convicción profunda de cuán bueno es Dios. Hubo un momento en el que decidí enfocarme solo en Su presencia, en quién es Él. Saber que Dios es tan bueno es algo verdaderamente asombroso.
Como dice Cantares: “Todo él es codiciable” (Cantares 5:16). No hay nadie como mi Amado. Y a Él quiero adorar por la eternidad: desde mi corazón, y cuando pueda volver a hacerlo, también con mis labios.
domingo, 19 de octubre de 2025
El hilo invisible del amor de Dios
Tengo la fortuna de estudiar en una maravillosa escuela de lo sobrenatural. Estos días viví una semana sumergida en todo lo que se podía experimentar de manera presencial. Aún sigo procesando todo lo vivido. Sin embargo, como quienes me han leído por años saben, este blog no busca tanto contar mis experiencias, sino recordar la bondad de Dios a lo largo del tiempo.
En primer lugar, quiero decir que desde los documentos para el viaje hasta la provisión, todo ha sido una cadena de milagros asombrosos. Eran cosas que antes no me sucedían, pero como me dijo una excelente amiga: “Ahora sí te pasan.”
No contaré quizás cada detalle de lo vivido, pero no puedo dejar de pensar en el hilo conductor que percibí en todo. En una de las charlas, una persona habló acerca de la sanidad que Dios quería traer a quienes no habíamos sentido Su presencia en momentos difíciles de soledad. Al escucharlo, sentí en mi corazón que había llegado el tiempo de mirar esos momentos pasados y reconocer la presencia de Dios en ellos.
Luego, una mujer maravillosa me abrazó de una manera que solo puedo describir como el abrazo de Dios. No sé cuánto tiempo lloré en sus brazos, pero sentía cómo se iban de mi corazón los recuerdos dolorosos que había cargado por tanto tiempo. Ella no dijo ni una palabra, pero experimenté un consuelo tan profundo, como si el cielo entero me envolviera. Era el abrazo que tantas veces le pedí a Dios en aquellas temporadas donde no recibí abrazos, sino que, por el contrario, viví situaciones muy dolorosas.
Ese abrazo no cerró todo, pero sí abrió un proceso. En las conversaciones que tuve con Dios después, dos personas diferentes me hablaron sobre lo mismo: que Él me permitiría experimentar relaciones donde sería amada como Él me ama. No puedo contar las veces que he orado por eso, porque quienes me conocen saben que, después de Dios, las relaciones son lo más importante para mí. Así que allí estaba yo, con lágrimas por doquier, escuchando a Dios hablarme sobre esa área tan sensible de mi corazón.
Durante esos días le pedí a Dios un momento especial con alguien que quiero mucho y que ha sido clave en todo este proceso de transformación que he vivido en el último año. Ella me hizo un par de preguntas, oró por mí y me abrazó. Fue un momento tan hermoso que guardo como un tesoro en mi corazón.
Para mí, todo esto tiene un hilo conductor divino: el mismo propósito que se cumplió en la cruz, restaurar nuestra relación con Dios, pero también con los demás —en lo vertical y en lo horizontal—. Este texto es solo un breve resumen de lo vivido, para no olvidarlo y poder contarlo con más detalle a quien desee escucharlo.
Estoy profundamente abrumada por Su amor. Como decía estos días, cuando uno se encuentra verdaderamente con el amor de Dios, eso inevitablemente se refleja en un amor desbordante hacia otros.
No puedo comprender cómo el Dios del universo se fija en mí, me ve y me ama… pero sí deseo ir cada vez más profundo en Él. Como bien dice una persona a quien admiro y quiero mucho: “Con Dios siempre hay más… mucho más.”
lunes, 13 de octubre de 2025
Entre hojas que caen y promesas que florecen
No había tenido la oportunidad de estar en una temporada de transición, de paso de una estación a otra. Durante este viaje he sentido a Dios hablándome acerca de una nueva temporada para mi vida, que coincide con la temporada en la que está entrando la ciudad en la que me encuentro.
Cuando llegué, el sol brillaba maravillosamente, y ahora han comenzado a soplar vientos un tanto fríos para mí. La experiencia ha sido extraordinaria: ver cómo las hojas, poco a poco, van cambiando de verde a tonos amarillos, luego a naranjas y finalmente a cafés.
Me gusta esta nueva temporada en la que estoy entrando, por las promesas que estoy recibiendo, porque son oraciones contestadas de años. Sin embargo, no desprecio lo vivido, porque cada temporada trae su tiempo y su ocasión.
Deseo tomarlo todo, caminando con Dios hacia esta nueva invitación que Él me hace: si aprendí a sonreír cuando la higuera no florecía, ahora mi alegría aumentará al ver los higos florecer y las vides dar su olor.
A puertas de cumplir años, solo puedo estar agradecida con mi amado Dios, que ha sido tan fiel y tan bueno. Estoy emocionada por lo que viene. En esta semana he experimentado un rompimiento en el área del amor, porque muchas veces intenté alcanzarlo. Aunque en mi mente me repetía que no tenía que hacerlo, en mi interior seguía luchando. Ahora lo sé: mi mente ha tenido un cambio completo.
Abrazo esta nueva temporada, que por fin logro vivir desde el amor y no desde el temor, el miedo o el abandono.
Quizás así fue también para Jacob: luchaba por alcanzar tantas cosas en su vida, hasta que tuvo un encuentro con su Creador. Ese encuentro no solo le cambió el nombre, sino que lo transformó completamente. Me impresiona porque, en estos días, tuve una visión que no quiero olvidar. Tal como Jacob nombró el lugar donde se encontró con Dios, también yo me encontré con Él en Bethel. Pude ver el cielo abrirse y ángeles subiendo y bajando. Supe entonces que este es un nuevo tiempo, no solo porque yo lo anhelara, sino porque Él ya lo tenía escrito en Su libro. A Él le place darnos más de Sí mismo y de Su ternura.
Estoy feliz de saber que ya no viviré desde el trauma, sino que todo será usado para bendecir a otros, para mostrarles las bondades que Él ha hecho conmigo. Si lo ha hecho conmigo, también está disponible para todo aquel que quiera recibirlo.
miércoles, 18 de junio de 2025
Buenos regalos
Por estos días he pensado en un valor fundamental del reino y es que la salvación nos da una identidad gozosa, no dejo de pensar en ello porque así siento que ha pasado con mi vida, entre más le conozco y me sumerjo en Él mi corazón estalla de un gozo inexplicable.
“Ahora vivimos en el poder de la sanidad, la verdad, el gozo y de una vida plena que nos permite hacer lo que Dios quiere que hagamos, anhelar lo que Dios anhela y nos hace vivir una vida movida por el corazón de Dios” dice el autor Dann Farrelly.
Y estoy tan de acuerdo con esto, en la medida en que le conocemos y Él se nos es revelado y nos revela nuestra verdadera identidad, nuestra vida es transformada.
También estoy completamente agradecida con Dios por los regalos que me ha dado, y no me refiero a cosas materiales sino a las personas maravillosas que me dio en este proceso, y mucho antes de esto, y quien creo que Dios me ha dado como tesoros para mantener relaciones de pacto.
Es curioso por que toda mi vida había creído que las relaciones podían ser por muchos años con propósito y vivía algo triste al ver que quizás lo que yo leía de pequeña en la biblia no lo había visto de la forma correcta, relaciones como las de Jonatan y David, por ejemplo, y sin embrago quien conoce la profundidad de nuestro corazón porque Él mismo es demasiado profundo fue quien se las invento, y he encontrado ese tipo de relaciones y estoy tan agradecida con Dios por ello.
Son buenos regalos, no los merezco son por gracia, pero los disfruto demasiado, pienso en el paralitico llevado por sus amigos a Jesús, rompiendo techos para que él pudiera recibir de Dios todo lo que tenia preparado, sanidad, pero salvación, y es que esas relaciones son las que te llevan no a convertirte en una mejor versión de ti mismo sino en llegar a ser más como Jesús.
Soy afortunada, y quiero dejarlo por escrito, porque ha significado sanidad para mi corazón, Dios es tan generoso que nos da su amor, pero tan generoso que nos muestra su amor también a través de otros y eso es un regalo inmerecido por el que quiero decir gracias.
Solo puedo decir que esta última temporada ha sido repuesta de muchas oraciones de años, estoy agradecida y feliz, sabiendo que nuestro amado nos ha amado con amor eterno para estar con Él y otros, eso me hace sentir con el corazón llenito, y dejar un texto para recordarlo es una manera de recordar en el futuro el camino recorrido y celebrar a Dios por que siempre ha sido bueno.






